lunes, 28 de noviembre de 2016

La Inquisición continúa viva (máximas heréticas)

- La clave de la supervivencia de la Inquisición hasta nuestros días -y la de la iglesia en general- se debe a su capacidad para canalizar adecuadamente, a lo largo de los siglos, el rencor y el resentimiento femeninos*, adaptando los viejos métodos a los nuevos tiempos.
*Un rencor y un resentimiento que crecen proporcionalmente según aumenta la edad y disminuye el atractivo físico; aunque, en la actualidad, todo esto se manifiesta mucho antes y con mucha mayor virulencia que en el pasado, al haber criado a las mujeres modernas como princesitas. 


- El único medio que tiene la gran mayoría de los hombres para poder follar -por no ser lo suficientemente guapos durante su juventud o por no tener el suficiente dinero en su madurez- es siendo condescendientes con todos los deseos de las mujeres. Esto les incapacita para analizar el carácter femenino con una cierta objetividad y, por lo tanto, les impide comprender las verdaderas causas de los grandes dramas de la humanidad y de su propia tragedia existencial.

- Para un hombre es muy sencillo identificar a un potencial enemigo, basta con observar a nuestros semejantes y ver quién le hace la pelota a las mujeres (victimizándolas o criminalizando a los hombres). En las actuales ginocracias, la actitud de estos individuos es comparable a la de los peores esquiroles.

- Cuando un hombre analiza fríamente y sin tapujos la naturaleza femenina, y otro le acusa por ello de misoginia, el problema no es del primero, sino del segundo, pues, debido a su idealista visión del mundo, el hostión de realidad será mucho más dañino para éste. A no ser que sea gay o cura, principales interesados -junto a las mujeres- en mantener viva toda esta farsa.

- Una de las pruebas más evidentes de que las mujeres tienen una jeta que se la pisan, se aprecia fácilmente al ver cómo, en las feministas sociedades occidentales, donde tienen las mismas o incluso más posibilidades que los hombres de acceder a cualquier puesto de trabajo, aquéllas siguen rehuyendo, masivamente, los más penosos: minería, pesca, construcción, recogida de basuras, etc. Pero, sin duda alguna, donde más claramente se pone de manifiesto el carácter egocéntrico e interesado de las mujeres, es en las relaciones sentimentales, pues ninguna elegirá como compañero de vida a alguien con menos recursos económicos, independientemente de que esta mujer tenga el suficiente dinero como para no tenerse que preocupar durante el resto de su vida por cómo conseguirlo.
Empeñarse en negar las particularidades de la naturaleza femenina puede ser muy útil a los actuales gestores del sistema para seguir explotando las potencialidades masculinas en beneficio propio, pero para la mayoría de los hombres heterosexuales, suele ser la forma más segura de acabar sus días con una soga al cuello (metafórica o literalmente).

- No hay hombre más estúpido que aquel que considera a las mujeres más estúpidas que él. Una manifestación de este tipo de estupidez masculina en nuestros tiempos, es la credibilidad que muchos conceden a las teorías que dicen que las mujeres han estado históricamente oprimidas por los hombres. La superioridad de la mujer para el engaño se debe a su capacidad para creerse sus propias mentiras.

- Es totalmente comprensible que un hombre homosexual se alíe con las mujeres, en contra de los hombres heterosexuales, para conseguir sus objetivos. Pero, por ese mismo motivo, ese hombre homosexual debería de comprender que los hombres heterosexuales le odien con todas sus fuerzas. La actual campaña contra la llamada homofobia demuestra una total falta de espíritu deportivo, ¡una actitud muy común en los inquisidores de todos los tiempos!

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Canción recomendada de la semana: I'M ALRIGHT

lunes, 14 de noviembre de 2016

La victoria de Donald Trump o el triunfo de los farsantes

"Eres como un sacacorchos: tan pronto estás dentro como fuera... Arriba es abajo, lo blanco es negro..." (Muerte entre las flores, hermanos Coen, 1990)

La victoria de Donald Trump en las últimas elecciones estadounidenses es una buena muestra del enorme parecido que existe entre la política y el arte de la estafa.

Nadie esperaba la victoria de Donald Trump en las últimas elecciones estadounidenses, igual que nadie esperaba la victoria del Brexit, el NO al proceso de paz en Colombia o un nuevo gobierno del Partido Popular en España. Este tipo de sucesos, inesperados y no deseados por la mayoría de la población, son muy útiles para crear estados de ansiedad y desasosiego entre las multitudes [1]. Con ellos, se busca generar malestar entre las masas, enfurecerlas, con el fin de conducirlas (pastorearlas) con la menor resistencia posible hacia el lugar deseado; se pretende que sean los propios ciudadanos los que, creyendo que luchan por su libertad, se coloquen ellos mismos la soga al cuello.

Evidentemente, siempre será mucho más efectivo que sea uno mismo el que se ponga voluntariamente las cadenas a que se las ponga por la fuerza un completo desconocido. Esto es precisamente lo que se pretende al colocar como presidente de Estados Unidos a Trump (o a Rajoy en España), que sean los propios ciudadanos los que, creyendo luchar contra el tirano, acaben convirtiéndose en siervos de la tiranía (control de la disidencia).

Después de varios meses de intensa propaganda, gracias a la cual, la figura de Trump se ha convertido en prácticamente indistinguible de la del demonio para el ciudadano medio, el magnate norteamericano contará con una brutal oposición popular desde el minuto cero de su gobierno, lo cual hará que tenga que ceder a prácticamente todo lo que se le pida desde la oposición demócrata (o desde cualquiera de las muchas otras disidencias controladas), quien se arrogará el papel de salvador (algo parecido a lo que sucederá en España, donde los podemitas de Soros gobernarán desde la sombra de la oposición). De esta forma, los ciudadanos, alineados con la oposición, creyendo ir a la contra del sistema, no harán sino apoyarlo. Sobra decir que Trump sólo es un compinche en todo esto, un histrión más en esta farsa teatral, y que ceder a las presiones demócratas, en nada perjudicará sus intereses particulares, más bien, todo lo contrario.


Esta técnica es muy parecida a la que los grandes timadores han venido usando desde tiempos inmemoriales; se asemeja bastante al viejo truco del poli bueno y el poli malo. Básicamente, el éxito de esta estratagema consiste en saber jugar adecuadamente con las pasiones de la víctima (ambición, orgullo, egoísmo, vanidad, resentimiento, etc...), para que termine cayendo en las redes del timador sin ser consciente de ello [2].

En cualquier caso, el timo sólo busca engañar a la víctima de un modo puntual, mientras que aquí se busca algo mucho más profundo, algo más a largo plazo. Por eso, mucho más que al clásico timo, el modo de proceder de las actuales élites me recuerda al Discordianismo, un movimiento que surgió como una forma de rebelión contra el Poder, pero que, como todo, es muy probable que haya acabado siendo asimilado por éste con el fin de ser usado en beneficio propio.

El Discordianismo se caracteriza por el uso de las más variadas artimañas simbólicas y juegos lingüísticos, con los que se pretende terminar por llevar al oponente al terreno del discordiano, de integrarle en su sistema de ideas y valores. Es decir, no sólo se aspira a neutralizar al oponente, sino a conseguir que acabe convirtiéndose en un fiel aliado. Para ello, se busca movilizar irracionalmente al público, intercalando inteligentemente en el discurso elementos dirigidos a activar sus emociones, deseos o temores -sentimientos de culpa incluidos-, de tal modo que, convenientemente aturdido por una confusa verborrea dialéctica, acabe apoyando el discurso por las apariencias del mismo, no por su contenido real, del cual apenas habrá entendido nada [3].

Desde un punto de vista discordiano, se podría decir que el juego Trump vs Hillary (republicanos vs demócratas) pretende conseguir que veas en ellos dos opciones totalmente distintas y, activando tus prejuicios más inconfesables, hacerte creer que uno es muy malo (machista, racista o incluso que come niños), para que acabes considerando al otro como bueno, de tal forma que esto te lleve a implicarte irracionalmente con aquella parte que dice tener la suficiente fuerza como para aplastar al otro (los demócratas o el eje Rusia-China), y, por consiguiente, a integrarte en su sistema al convertirte en colaborador de algo que no deja de ser la otra cara de una misma moneda. Dicha irracionalidad se ve incrementada, en este caso concreto, al haber ganado las elecciones el candidato más demonizado, lo que hace que la implicación del público mundial (no olvidemos que se trata de un truco realizado a escala global) sea mayor en este juego de falsas polaridades. No es descartable que, en un futuro próximo, se promocione una tercera y hasta una cuarta opción alternativas a Trump y Hillary, pero igualmente integradoras (como lo han sido Podemos y Ciudadanos en España). Es posible incluso que todo esto genere una crisis política que sirva para tumbar definitivamente los sistemas parlamentarios tradicionales en beneficio del proyecto Open Governmet (aunque quizás este proyecto no sea más que otro truco discordiano para fortalecer el parlamentarismo; en el fondo, uno y otro están diseñados con la misma finalidad: gestionar la estupidez de las masas; por lo que, prevalezca el que prevalezca, las élites siempre saldrán beneficiadas).

La función principal de Trump durante los próximos años será la de ejercer de catalizador de la furia y el resentimiento feminista a lo largo y ancho del planeta; es decir, Trump se convertirá en una especie de bandera falsa machista con el fin de movilizar a las mujeres y, por ende, a todos aquellos hombres que aspiran a tener algún tipo de relación con ellas, e integrarlos en un nuevo modelo de feminismo aún más agresivo, capaz de dar una nueva vuelta de tuerca a la explotación de las potencialidades masculinas. A muchos se nos pasó por alto el que si Hillary hubiera ganado las elecciones, todo lo anterior no sería posible, es decir, se habría perdido una gran oportunidad para seguir explotando el resentimiento femenino (el "¡qué- malos-son-los-hombres!") en favor de los intereses del sistema. De igual modo, Trump, al interpretar el papel de supervillano, conseguirá unificar a todos los pueblos del mundo en su contra, fortaleciendo un poco más el actual proceso de globalización. Gracias a Trump, a su muro y a su retórica antiinmigración, las organizaciones proinmigración tendrán la excusa perfecta para animar al mayor número posible de latinoamericanos a integrarse en la cultura anglosajona.


Aunque, igualmente, si las circunstancias lo requieren, Trump puede ser trasformado rápidamente en el bueno de la película, incluso en un mártir si fuera necesario [4]. La gran ventaja que ofrece el discordianismo es que es capaz de adaptarse perfectamente al caos inherente a la existencia, permitiendo al discordiano aprovecharse de los apegos del oponente para llevarle y traerle de un lado a otro.

En todo este perverso juego de la confusión, los principales actores, los auténticos discordianos, no son los políticos en sí, sino todos aquellos que se han dedicado a relatar la historia: los periodistas y los medios de comunicación de masas -tanto los oficiales como los alternativos-, que han creado los más diferentes estados de ánimo y de opinión entre el público, llegando a provocar verdaderas montañas rusas emocionales, todo con el fin de neurotizarnos, de infantilizarnos, y convertirnos así en paralíticos mentales, incapaces de interpretar correctamente la realidad, y, de este modo, en sujetos fácilmente manipulables. El machismo, el terrorismo, el racismo (negro o blanco), el pánico nuclear, los Simpson, la amenaza extraterrestre y hasta esa historia de la conspiración illuminati-satánica que parece haber sido sacada directamente del Apocalipsis de San Juan, todo le vale a los discordianos, por absurdo y paranoico que pueda parecer a primera vista, si es capaz de alterar adecuadamente la percepción que tienen las masas de la realidad; y es que, como ellos dicen, se trata de una "guerrilla ontológica". En este mismo sentido, el anonimato, la inmediatez o la interactividad que proporciona internet (especialmente en las redes sociales y foros de debate), ofrecen a los discordianos la oportunidad de adoptar ilimitadas identidades con las que poder atolondrar a sus rivales a conciencia y "follar sus mentes", a veces, incluso, de forma totalmente personalizada, lo cual antes era imposible con los medios de comunicación convencionales. ¡La más sofisticada manipulación psicotrónica está hoy al servicio del control social!

En otro orden de cosas, los análisis que tratan de explicar la victoria de Trump concediendo credibilidad a los resultados, me parecen desternillantes. En primer lugar, es imposible que la inmensa mayoría de la gente (el hombre-masa promedio) haya sido capaz de sustraerse a la brutal campaña antiTrump realizada por los medios, tanto en TV, radio y prensa como en internet, como para darle con sus votos la victoria al magnate. Y, en segundo, constituye una enorme ejercicio de ingenuidad (por no decir de estupidez), pensar que el Poder, contando como cuenta hoy con los medios necesarios y, sobre todo, con la falta de escrúpulos suficiente como para amañar unas elecciones según sus intereses sin que se note demasiado, no lo haga. El objetivo de este tipo de análisis no es otro que el de continuar con la labor discordiana de "encabronar" al público (que se tragará estos análisis igual que se tragó la campaña proHillary), de mantenerle tensionado, de tal forma que se le pueda movilizar con facilidad según las circunstancias lo requieran. Todo esto es muy parecido a los análisis que se hacen concediendo credibilidad al fenómeno del terrorismo. Si éstos han conseguido justificar guerras en el extranjero, quizás aquéllos consigan justificar una guerra civil en Estados Unidos, o, por lo menos, crear un clima guerracivilista (tal y como se está haciendo en Europa, fomentando los movimientos independentistas o la inmigración) que permita a las élites justificar el desarrollo de su agenda.

No hay nada más sencillo de manipular que el contemporáneo hombre-masa, sólo basta con saber pulsar las teclas adecuadas. La salida está, como siempre, al alcance de muy pocos.

Notas:
[1] El objetivo de la brutal campaña antiTrump no era, como muchos creíamos, el de movilizar al electorado en favor de Hillary (hoy, las elecciones están totalmente amañadas por los globalistas según sus intereses, por lo que parece que ya no es tan necesario el agitprop), sino el de conseguir que las multitudes sufrieran un shock anímico lo suficientemente traumático con la posterior victoria de Trump, por lo inesperado del resultado.
[2] Para entender un poco mejor cómo actúan los timadores, recomiendo el visionado de dos magníficas películas: "El golpe" (George Roy Hill, 1973) y "El color del dinero" (Martin Scorsese, 1986).
[3] Personalmente, veo un gran parecido entre el Discordianismo empleado por las actuales élites y las estrategias teorizadas por el jesuita Baltasar Gracián en Oráculo manual y arte de prudencia, una especie de manual de guerra de guerrillas psicológica en el que se aconseja a un príncipe sobre cómo doblegar de forma eficaz la voluntad de sus adversarios y del pueblo mediante el lenguaje y la conducta. Dice el jesuita: "Obra siempre con una intención inesperada. La vida del hombre es una milicia contra la malicia del hombre. En las competencias, aprende a ser sagaz en materia de fingir tu intención. Nunca actúes de modo que el otro pueda saberla. Apunta hacia un objetivo, para deslumbrar, amaga al aire con destreza, pero en la realidad ejecuta lo que nadie espera, dejando siempre lugar para disimular tus verdaderos fines. Muestra una intención, y esto hará que tu contrario muestre la suya, y vuélvete luego contra la tuya, y vencerás por haber hecho lo inesperado. Pero cuídate de las inteligencias incisivas, que ponen mucha atención y son capaces de descubrir tus planes, usan su capacidad de reflexión, y pueden deducir lo contrario de lo que tú quieres que se entienda, y de este modo conocer cualquier intención falsa. No te dejes llevar de la primera intención, está en espera de la segunda e incluso una tercera. Cuídate de quien tiene mucha experiencia en peleas, pues habiendo alcanzado gran maestría, aumenta su simulación, a tal grado que puede pretender engañarte con la misma verdad. Cambia de juego, y lo obligarás a cambiar su treta, con el artificio de no hacer artificio. Basa esta astucia en aparentar candidez. En ese caso, actúa siempre con observación cuidadosa, y entenderás su perspicacia, descubrirás las tinieblas que tu contrario revistió de deslumbramiento. Descifrarás su objetivo, que es cuanto más solapado, más sencillo. Semejante a cuando combaten la calidez de Pitón contra la candidez de los penetrantes rayos de Apolo." (XIII)
Desde mi punto de vista, el Discordianismo es una especie de evolución del arte de la prudencia jesuita (como éste a su vez lo fue del sofismo); el discordiano sólo habría adaptado la astucia jesuítica a una sociedad esencialmente laica, puramente materialista y profundamente degradada con el propósito de alcanzar el mismo fin. Estas nuevas condiciones sociales permiten (y exigen) al discordiano usar recursos que en tiempos de Gracián era imposible usar, como por ejemplo, el de socavar la dignidad del oponente mediante la más desconsiderada chabacanería.
[4] El escritor Jim Marrs, empleando el discordianismo como herramienta, ha sido uno de los principales responsables de que John F. Kennedy haya pasado a la historia como una especie de santo laico, a pesar de los probados vínculos de éste y su familia con la mafia y otros turbios asuntos. Actualmente, Marrs, a través de su web, está repitiendo la misma estrategia mitificadora con Trump, de tal modo que sus "investigaciones" se puedan utilizar, cuando sea preciso, para elevar a Trump a los altares.

jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Quién gobierna el mundo?



¡Suerte maldita! ¡Cómo se nos engaña a los hombres! ¡Badulaques seducidos desde Adán! Uno se vuelve viejo, pero ¿quién se vuelve juicioso? (Goethe, Fausto, Parte II, Acto II)

http://www.ivoox.com/quien-gobierna-mundo-audios-mp3_rf_13572855_1.html

Más allá de las relaciones de dominación o de vasallaje existentes entre los diferentes Estados o naciones, el poder, en las distintas sociedades humanas, siempre acaba en las mismas manos; se podría decir que lo de menos es quién gane o quién pierda las diferentes disputas geopolíticas, pues, finalmente, el poder continuará ejerciéndose de un modo similar a cómo se venía ejerciendo con anterioridad a éstas. Sólo descubriendo el motivo real, la fuerza motriz que impulsa a las naciones y a sus gobiernos a comportarse como se comportan, conseguiremos descubrir el verdadero rostro del poder, el cual siempre suele ir acompañado de una dulce voz que susurra en la oscuridad.

Aquellos que desconocen la verdadera naturaleza del poder, están condenados a obedecer (ya sean ricos o pobres, príncipes o mendigos); pero quienes saben identificarla correctamente, aún tienen alguna posibilidad de alcanzar un cierto grado de libertad, de empezar a dejar de vivir como simples zombies.

P.S. Recomiendo la lectura de un artículo publicado hace unos meses en este mismo blog, que puede servir para completar lo expuesto en el audio.