martes, 12 de julio de 2016

El regreso del Show de las Panteras Negras. Un nuevo episodio de la globalista estrategia de la tensión

"Si no estamos alerta, la gente nos obliga de un modo u otro a hacer lo que ellos creen que deberíamos hacer, o bien a ponernos tercos y hacer exactamente lo contrario, por puro despecho." (Ken Kesey, Alguien voló sobre el nido del cuco, Tercera parte)

El primer error que cometería un analista que aspirara a ser medianamente riguroso, sería el de dar credibilidad a un suceso que no haya visto con sus propios ojos; el segundo, dar credibilidad a un suceso que sólo conoce a través de los grandes medios de comunicación corporativos; y el tercero, perder demasiado tiempo en analizar un supuesto suceso que ha tenido lugar a miles de kilómetros de distancia y que, en teoría, no debería de afectar en lo más mínimo a su vida cotidiana. En definitiva, el error consistiría en prestar mucha más atención al mensaje que al medio por el que nos llega, cayendo así en una trampa parecida a la que los ilusionistas tienden a su público.

Los supuestos incidentes raciales acaecidos recientemente en Estados Unidos, aireados a bombo y platillo por todas las grandes corporaciones mediáticas, han vuelto a poner de manifiesto, de forma ejemplar, los errores cometidos habitualmente por la legión de analistas independientes (o que dicen ser independientes) que hoy pueblan el ciberespacio. Unos errores que son de gran utilidad al sistema para amplificar los efectos psicológicos de las noticias sobre el público al que van dirigidas, pues, al presentarnos los supuestos hechos desde una posición independiente, e incluso a veces disidente, se consigue que la noticia adquiera una apariencia de verosimilitud aún mayor.

Lo que menos le importa al sistema en todo este asunto de los conflictos raciales, o en otros de similares características, es quién gane o quién pierda; lo que realmente le importa al sistema es que el asunto consiga movilizar al gran público y llevar a las masas a una situación de tensión tal, que cualquier solución que se ofrezca para resolver el problema, resulte deseable para todos, independientemente de que se sienta más afinidad por un bando que por otro y de que dicha solución pueda ir en contra de los intereses personales de los individuos. Para ello, nada mejor que agitar viejos prejuicios arraigados en nuestro subconsciente, en este caso, los de tipo racial.

Es muy probable que tanto el primer incidente que desencadenó el conflicto (el tiroteo de un inocente padre de familia negro por parte de un policía blanco) como las posteriores reacciones por parte de grupos de supremacía negra (el supuesto asesinato de policías por parte de un simpatizante de los Panteras Negras) no sean más que meros montajes televisivos destinados a crear la tensión dramática necesaria para que las masas, independientemente de su color, terminen por aceptar la mediación del Estado en el conflicto.

Enfrentar a negros contra blancos, a moros contra cristianos, a hombres contra mujeres, o a viejos contra jóvenes, es decir, poner en marcha el viejo juego de tesis-antítesis, continúa siendo la fórmula favorita para alcanzar el objetivo deseado: la sumisión del ciudadano medio al sistema, ya sea blanco o negro, moro o cristiano, hombre o mujer, multimillonario o mendigo.

Concretamente, en el caso de los llamados conflictos raciales, lo que se busca es generar un conflicto de tal magnitud, que a la comunidad negra, una comunidad que suele moverse bastante en los márgenes del sistema, no le quede más remedio que integrarse definitivamente en el mismo para solucionar el problema [1].

Todo esto es muy parecido al conflicto que durante años vivió España con el tema vasco, y cuya síntesis final ha sido la integración definitiva de la disidencia vasca en las instituciones del Estado. De igual modo, todo el conflicto prefabricado en torno a la llegada masiva de inmigrantes a Europa, unido a la vieja farsa del terrorismo islamista, busca una síntesis muy parecida: generar un conflicto interétnico que termine por integrar a árabes y africanos en los valores occidentales [2], y, finalmente, al conjunto de los europeos en los valores anglosajones; algo muy parecido a lo que se buscó con la Segunda Guerra Mundial y el posterior Plan Marshall [3].

Es posible que todo el tema de los conflictos raciales en Estados Unidos forme parte de una estrategia que busca un objetivo muy parecido al que se busca en la Europa continental: una nueva reconfiguración política de los Estados Unidos de Norteamérica con el fin de supeditarlo a otra potencia extranjera. Quizá, lo que hasta ahora nos han venido contando los libros de historia sobre lo que pasó en el año 1776, no tenga mucho que ver con la realidad. Confiar demasiado en la historiografía oficial, posiblemente sea el mayor de los errores que pueda cometer todo analista que aspire a ser riguroso.

La estrategia es siempre la misma: polarizar al máximo a la población y, al mismo tiempo, crear y promocionar dos bandos aparentemente opuestos e irreconciliables (comunistas y capitalistas, moros y cristianos) pero que coincidan en lo esencial (la defensa del Estado, de las instituciones o de la actual aldea global tecnotrónica), llevando a la gente a alistarse en uno de los dos bandos. Así, gane quien gane, el resultado final será siempre el deseado: la integración de unos y otros en un mismo sistema.

Básicamente, todo esto no es más que la aplicación práctica de la vieja estrategia anglosajona del Choque de Civilizaciones [4], y, en el caso de los conflictos raciales en Estados Unidos, se trataría de una aplicación de la misma a la política interior. Y es que la globalización es un proceso bidireccional, es decir, una especie de revolución de carácter integral dirigida tanto hacia el interior como hacia el exterior del imperio; una revolución guiada por la idea, teorizada hace tiempo por Cecil Rhodes y la Pilgrim Society, de que debe ser la raza anglosajona quien ostente la posición dominante en todo el proceso. El día en que empecemos a ver por las calles de occidente a moros empujando del puto carrito de los niños, será un síntoma inequívoco de que su Nuevo Orden Mundial está muy cerca de consumarse, o de que se ha consumado ya.

La verdad es que todos estos engaños son tan burdos y descarados, que quien aún se los siga tragando es porque quiere. La política no es más que un sucio y perverso juego en el que sólo se puede ganar a costa de convertirse en un miserable (y ni aún así la victoria está garantizada).

Notas:
[1] El ascenso de Obama a la presidencia de los Estados Unidos tuvo un objetivo muy similar: aumentar los vínculos mentales de la población negra con el sistema. La mejor forma de vencer a un enemigo es convirtiéndose en su mejor amigo; de este modo, el individuo es fagocitado, queda integrado en el sistema y pasa de ser una amenaza a convertirse en un aliado.
[2] Más o menos, el tema de los "refugees" seguiría el siguiente esquema: por un lado tenemos a los sectores más posmodernos de nuestra sociedad, es decir, progresistas y newagers declarándoles amor incondicional; y por el otro, a los sectores más tradicionales y conservadores agitando constantemente el espantajo del terrorismo islamista y mostrándoles odio irracional. De esta manera, los inmigrantes árabes y africanos, una comunidad esencialmente tradicional, inconscientemente se ve impulsada a rechazar a los segundos y a entregarse en brazos de los primeros, no quedándole otra alternativa que asumir los valores de la posmodernidad occidental en detrimento de los suyos.
[3] Además, la Segunda Guerra Mundial y el Plan Marshall terminaron de dar forma al "Primo de Zumosol" con el que los británicos llevaban tanto tiempo soñando: un matón gigante dispuesto, en todo momento, a partirse la cara por servir a los ideales globalistas anglosajones, algo parecido a lo que hace Israel en Oriente Medio.
[4] Recomiendo la lectura del sensacional artículo de Thierry Meyssan "La «guerra de civilizaciones»" http://www.voltairenet.org/article123077.html

domingo, 3 de julio de 2016

El Brexit: o cómo conseguir que los súbditos imploren a Su Majestad seguir siendo súbditos

"(Los utopianos) lamentan y se avergüenzan de una victoria ganada con sangre, ya que juzgan absurda comprar una mercancía, por valiosa que sea, a precio tan excesivo. Para ellos, el mayor timbre de gloria es vencer al enemigo con habilidad y engaño." (Tomás Moro, Utopía, Libro II, El arte de la guerra)

Las reacciones de estupor y pesadumbre de la inmensa mayoría de los ciudadanos de Europa Occidental ante el reciente referéndum celebrado en el Reino Unido sobre su permanencia o no en la UE, referéndum en el que venció la opción rupturista (el Brexit), sólo pueden ser comprensibles si somos capaces de percibir el alarmante nivel de degradación alcanzado por el ciudadano medio europeo; el cual parece haber perdido hasta el último ápice de la poca dignidad que le quedaba, así como todo rastro de las facultades racionales e intelectivas que, en un pasado no muy lejano, le diferenciaban del resto de las especies animales.

Después de la imposición del bilingüismo en las escuelas, el Brexit sólo ha sido una nueva maniobra de Ingeniería Social destinada a supeditar aún más las mentes y los corazones de los europeos al imperio anglosajón [1], a la vez que un método muy eficaz para camuflar a los verdaderos promotores de este proyecto globalista llamado UE: el propio Reino Unido.

El Brexit, la disciplina marcial de los medios de comunicación de masas en torno a un mismo discurso y la miserable actitud del telespectador promedio de Europa occidental, al que sólo le ha faltado arrodillarse ante la Pérfida Albión pidiendo que no le abandonara, serán de gran ayuda para que este proyecto globalista se consolide de forma definitiva y sin la necesidad de hacer uso de la fuerza, al conseguir que sean los propios siervos quienes reclamen sus cadenas. Se trata de la vieja estrategia de vencer a través del engaño empleada históricamente por los descendientes ideológicos de la isla de Utopía para ampliar sus fronteras. Parece que, después de casi 500 años de que el sheriff de Londres, Tomás Moro, redactara su magna obra, no han sido capaces de idear nada mejor; pero es que si los viejos métodos siguen dando los mismos resultados, ¿para qué cambiar algo que funciona?

Implorar al Reino Unido que continúe en la UE es como si un cerdo le pidiera al matarife que no se marchara del matadero. Un pueblo que suplica ser encadenado sólo puede tener un destino: obedecer. Habrá que esperar tiempos mejores.

Respecto al atentado que supuestamente le costó la vida a la parlamentaria que se oponía al Brexit [2], es posible que éste se orquestara como una maniobra con la intención de beneficiar a los partidarios del Brexit. Por paradójico que esto pueda parecer, debemos de tener en cuenta que nos encontramos en un momento histórico en el que la población es más consciente que nunca de cómo puede ser manipulada a través de la estrategia de los ataques de bandera falsa, por lo que es muy probable que el Poder haya decidido empezar a cometer atentados de bandera falsa en sentido inverso (o falsos atentados de bandera falsa) para conseguir sus propósitos. De hecho, tras el atentado contra la parlamentaria anti-Brexit, importantes líderes de opinión y políticos pro Brexit no tuvieron el menor reparo en insinuar la posibilidad de que este atentado fuera una bandera falsa cometida con la intención de frenar la victoria del Brexit. Esta estrategia habría servido, en este caso, para dotar de mayor fuerza a la opción separatista. Como decía Edward Bernays, el padre de la manipulación psicológica de las masas: "cuanto más cínicos se vuelvan los gobernados, más cínicos se deben volver los gobernantes".

Por todo esto, no es nada descabellado pensar que se haya decidido dar una nueva vuelta de tuerca a la estrategia de los ataques de bandera falsa, con el fin de que puedan ser utilizados con una doble función (unas veces victimizar y otras desacreditar a quienes sufren los atentados), al mismo tiempo que se consigue aumentar el secretismo de toda esta estrategia gracias a un aumento de la confusión. Por ejemplo, el reciente intento de asesinato de Donald Trump podría beneficiar mucho más a su rival, Hillary Clinton, que a él mismo, pues dicho suceso ha empezado a ser presentado masivamente como una maniobra organizada por el propio Trump con el fin de victimizarse y conseguir un mayor apoyo popular. Todo esto es algo muy parecido a lo del famoso croché a Rajoy en las elecciones españolas de diciembre de 2015, que sirvió para restarle popularidad más que para dársela. Como en el caso de Rajoy, el supuesto atacante de Trump no ha sido más que un pobre diablo, que ha inspirado al ciudadano medio más compasión que otra cosa.

Lo cierto es que no es nada difícil interpretar los movimientos de esta gente: basta con pensar como si fuéramos una máquina que pretende manipular a otras máquinas. Su objetivo es mantener esclavizado a su propio pueblo y saquear a otros, para ello no existe nada mejor que adular a las masas (hacer creer al pueblo que es muy listo y que sus dirigentes son muy tontos), de tal modo que, lo que hagan, lo hagan porque crean que eso les va a beneficiar a ellas, cuando quienes realmente se beneficiarán serán los miembros de las élites. Se trata de una vieja estrategia empleada por la iglesia durante siglos: "si no puedes con ellos, úneteles". Hasta la fecha, esto les ha venido dando un gran resultado como método para parasitarnos. Lo cierto es que, de momento, es prácticamente imposible librarse de esta plaga, pues los parasitados no parecen ser muy diferentes a los parasitadores.

En todo este proceso, ha sido siempre muy importante hacer creer a los propios ciudadanos británicos que la UE era perjudicial para sus intereses, de tal forma que mostraran una actitud de desdén real hacia el resto de los europeos; lo cual, como hemos visto, ha conseguido activar de un modo automático el alma femenina que (según afirma Gustave Le Bon) subyace siempre en toda multitud, haciendo que las masas desdeñadas corrieran desesperadas detrás del macho alfa inglés suplicando su atención. Una elemental técnica de seducción aplicada a la geopolítica.

Finalmente, si todo esto no resultara, siempre les queda su plan B: una guerra que siembre el caos en Europa para, después, reconstruirla a su medida desde las cenizas. Básicamente, la operación Gladio B, que se inició con los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, y que en los últimos tiempos parece haber aumentado su nivel de intensidad (atentados de París, Bruselas, Turquía...), tendría esa finalidad. Seguramente, la agitación del odio interracial o interétnico que algunos blogs supuestamente alternativos y disidentes llevan tiempo promoviendo desde internet, tenga como objetivo dar mayor realismo y credibilidad a todo este asunto, aumentando con ello el efecto psicológico sobre los individuos (estrategia de la tensión). Y es que, qué mejor forma de que las masas se entreguen a los intereses de la oligarquía que dirigiéndolas desde una supuesta disidencia. No lo olvides: ellos controlan a la izquierda y controlan a la derecha; controlan a los moros y controlan a los cristianos; controlan a los de PODEMOS, pero también a muchos de quienes más y mejor les han venido criticando; lo que no consigan de un modo, tratarán de conseguirlo del otro, pues nada mejor que controlar todos los bandos para asegurarse la victoria en una batalla, aunque ésta sea imaginaria (guerra de cuarta generación). Todo esto no es más que el viejo juego de "tesis-antítesis-síntesis" [3]. A estas alturas de la película, y después de todo lo que ya sabemos, quien aún siga dando credibilidad y promocionando todo el cuento del yihadismo islámico (u otras amenazas ficticias, como el cambio climático o el SIDA), sólo puede ser un miserable y un farsante integral al servicio de la actual REVOLUCIÓN global (ecuménica), dirigida a instaurar definitivamente el Nuevo Orden Mundial en nuestras mentes, para lo cual, el viejo discurso del miedo, tan del gusto de los sacerdotes y demás artistas de la prudencia [4], parece estar siendo el método más recurrente.

Notas:
[1] La miserable actitud de servilismo del europeo occidental medio hacia la corona británica se puso de manifiesto en los recientes altercados entre aficionados ingleses y rusos que se produjeron antes del partido de la Eurocopa que enfrentaba a sus respectivas selecciones, al posicionarse incondicionalmente con los ocupantes del peñón de Gibraltar y otros muchos territorios geoestratégicos a lo largo y ancho de planeta. Si Don Benito Pérez Galdós, gran conocedor del juego sucio de los británicos, levantara la cabeza y viera el servilismo de sus compatriotas hacia aquéllos, probablemente se moriría del asco. Y eso que a él ya le tocó vivir una época jodida.
[2] Y digo supuestamente porque dicho atentado reúne todas las características de haber sido un nuevo simulacro (hoax)
[3] En este sentido, os recomiendo la lectura de un artículo que publiqué hace unos meses, El victimismo: un recurso habitual del mesianismo. Un ejemplo actual: la teoría de la conspiración yihadista contra occidente
[4] Cada vez estoy más convencido de que lo que impulsa a estos artistas de la prudencia a comportarse como se comportan no es más que un Complejo de Edipo no resuelto. Sin duda alguna, el resentimiento y el rencor que sienten por no ser amados por los demás tan tiernamente como les amaron sus mamás o abuelas (a ellos), o sus papás o abuelos (a ellas), es el principal motor que impulsa sus actos y su odio hacia la humanidad.