jueves, 24 de diciembre de 2015

La teoría de la conspiración satánica: una clásica herramienta para el control social totalitario

"El hecho es que si el "mago" es digno de tal nombre, será lo suficientemente desinhibido para liberar la fuerza necesaria desde su propio cuerpo, ¡en lugar de una víctima que no desea serlo, y que no lo merece!
(...) ¡Bajo NINGUNA circunstancia un Satanista sacrificaría un animal o niño pequeño!" (Anton S LaVey, La Biblia Satánica, El Libro de Lucifer, IX)

Resulta curioso que muchas de las personas que denuncian que la teoría de la conspiración yihadista contra occidente (encarnada en el omnipresente terrorismo islámico) es sólo un montaje del complejo militar-armamentístico capitaneado por EEUU para justificar sus políticas imperialistas (como en su día lo fue la teoría de la conspiración comunista, para justificar la Guerra Fría), no duden lo más mínimo en dar total credibilidad a otra teoría de la conspiración muy utilizada por el Poder en el pasado, concretamente en los tiempos de la Inquisición; estoy hablando de la teoría de la conspiración satánica.

Esta teoría fue de gran utilidad al Poder para justificar un control totalitario sobre los hábitos y conductas de los individuos. Recordemos que, hasta hace muy poco, el hábito de escribir con la mano izquierda no era visto con muy buenos ojos, pues solía ser considerado como un hábito propio del demonio. El objetivo de demonizar conductas de este tipo, tan inofensivas y básicas, formaba parte de un plan minuciosamente estudiado que pretendía conseguir resultados de mucha mayor complejidad: uniformizar al máximo las conductas (especialmente las sexuales) de todos los individuos de una sociedad, con el fin de hacerlos más fácilmente manejables. Las famosas cazas de brujas, por las que fueron perseguidos muchos hombres y mujeres, no tuvieron otro objetivo que ése.

Toda práctica sexual que no se ajustara a lo aconsejado por la iglesia (la mera autosatisfacción sexual o las relaciones sexuales extramatrimoniales) era vista como una peligrosa práctica satánica, y sus practicantes eran estigmatizados socialmente, no quedándoles otra alternativa que el exilio, debido al fuerte rechazo del conjunto de la comunidad (1). El objetivo no era sólo proteger un orden social basado en el concepto de familia romana, sino toda una estructura social que proporcionara obedientes guerreros y dóciles productores (sexualmente frustrados y, por lo tanto, más fácilmente manipulables). Evidentemente, acusar a alguien de masturbarse o acostarse con la mujer del vecino no era suficiente para provocar el rechazo popular. Sin embargo, gracias a la labor propagandística realizada principalmente por la iglesia, mediante la cual se empezó a vincular estas prácticas con toda clase de rituales satánicos, especialmente con sacrificios de niños (que, al tratarse de asesinatos de seres indefensos, tenían una mayor carga emocional), se terminó asociando una cosa con la otra en el subconsciente colectivo.

Las acusaciones de satanismo no sólo fueron de utilidad para conseguir un control totalitario sobre la propia población, sino también, para combatir a enemigos políticos; algo parecido a las acusaciones de vínculos con el terrorismo que se hacen hoy con el objetivo de desprestigiar a rivales políticos. El proceso y ejecución del protegido de la reina Isabel de Inglaterra, Giordano Bruno, es un buen ejemplo de ello (2).

Las teorías de Bruno fueron patrocinadas y promovidas por la corona inglesa en un momento en el que Inglaterra luchaba por romper la hegemonía ideológica del Vaticano (3). Con ello, se pretendía romper el vínculo mental de la población inglesa con el papado y conseguir una cierta independencia frente a la influencia que éste (y que España, que lo controlaba) ejercía sobre su política interior y exterior. Con el fin de contrarrestar la influencia de las ideas de Bruno, y con ello, los deseos expansionistas de Inglaterra, fue, en realidad, por lo que la Inquisición acusó de brujería al dominico italiano.

En nuestros días, la vieja teoría de la conspiración satánica (reescrita, muy a menudo, bajo el nombre de conspiración reptiliana) parece estar cobrando nuevos bríos, y uno de los personajes que más ha contribuido a ello ha sido el famoso (y millonario) David Icke, cuyas enseñanzas son difundidas (ingenua o conscientemente) por miles de sus seguidores en internet. Como habrás podido leer en innumerables blogs, no se duda ni por un momento en asociar pederastia con satanismo, apelando así a viejos fantasmas grabados a fuego en el imaginario colectivo, consiguiendo un mayor impacto emocional sobre el público, lo cual permite que las masas acepten con mayor facilidad proyectos de control social totalitario, y, ¿por qué no?, las purgas de incómodos elementos que constituyan un obstáculo para tales proyectos, como en su día sucedió con Bruno.

La teoría de la conspiración satánica es un recurso que refuerza el alarmismo social creado en torno al tema de los abusos sexuales a menores y la campaña estatal contra la pederastia, cuyo objetivo es sembrar el recelo y la desconfianza en las relaciones entre los adultos y los niños (ver lecturas recomendadas) de modo parecido a como lo hace el feminismo en las relaciones hombre-mujer o la más reciente campaña contra el "bullying" escolar en las relaciones niño-niño. Este tipo de campañas alarmistas hacen que los individuos terminen percibiéndose unos a otros exclusivamente como una amenaza, lo cual concede al Estado una oportunidad inmejorable para desarrollar sus planes de control social totalitario, al permitirle presentarse como el único capaz de garantizar un cierto nivel de seguridad y de protección siempre que se le conceda la gestión y administración absoluta de todas las relaciones interpersonales.

Resulta una auténtica paradoja el que, actualmente, la teoría de la conspiración satánica se haya vuelto contra su propio creador, es decir, contra la iglesia, la cual ha sido, en los últimos tiempos, uno de sus principales blancos. Los puntuales casos de pederastia de los que han sido acusados algunos sacerdotes han sido aprovechados por los teóricos de la conspiración satánica para vincular a la iglesia con el satanismo, consiguiendo, gracias a su habitual macabra narrativa, un impacto emocional mayor. El motivo de esta edípica rebelión no es otro que el de contrarrestar la defensa, que hace la iglesia, de antiguas instituciones romanas como la familia o el matrimonio, otrora muy útiles para llegar a la situación actual, pero que hoy se han convertido en un lastre para la lógica del progreso continuo en la que se basa el ente estatal; un progreso continuo exclusivamente orientado al control y la dominación de los individuos. El Estado, para avanzar un escalón más en su proceso de dominación, necesita dejar atrás definitivamente el escalón que en su día tanto le costó ascender con este mismo propósito: el del matrimonio y la familia romana, instituciones que, en el pasado, supusieron un avance como método de control social, pero que hoy constituyen un obstáculo para acceder a nuevas formas de control.

La mitología tejida en torno al tema del satanismo o lo diabólico se encuentra profundamente arraigada en el imaginario colectivo de occidente (y de la mayor parte del mundo) debido a los muchos siglos que lleva siendo utilizada por el Poder. Por ello, y por su inigualable capacidad para la sugestión, sigue siendo muy útil para todo aquel que desee impresionar al público. Esta es la razón de que, en nuestros días, se siga haciendo todo lo posible por mantener vivo el mito de la conspiración satánica (como ya he dicho antes, hoy reinterpretada también bajo el concepto de conspiración reptiliana), llegando incluso a relacionar a algunos miembros de las elites del Poder con prácticas satánicas y sacrificios humanos (4), lo cual sirve para dotar de mayor credibilidad al mito ante los ojos del pueblo, consiguiendo con ello que su función disciplinante sea más efectiva; además, resulta de gran utilidad para quitarse de en medio aliados que empiecen a convertirse en un incómodo estorbo (como en el caso ya citado de la iglesia).

PS: Otra característica habitual de todos los blogs que sostienen la teoría de la conspiración satánica es la promoción de las creencias New Age, desde la venta de los más diversos amuletos, a cursos de espiritualidad de lo más delirante (ufología, tarot, reiki, "sensitismo"...). Al ser impulsada desde la supuesta disidencia, se pretende dotar de una cierta apariencia de credibilidad a un proyecto de religión global, lo cual, según teorizaron ya personajes como H. G. Wells (en su obra La Conspiración Abierta), sería un paso imprescindible para alcanzar ese sueño totalitario y globalista conocido como Nuevo Orden Mundial. Un individuo dominado por la superstición es mucho más fácilmente manipulable que otro que no lo esté, y si esa superstición es la misma para todo el mundo, se habrá conseguido que todos "remen" en una misma dirección (algo que casi se ha conseguido hoy en día como se puede ver claramente con el tema del "karma").

Tanto la teoría de la conspiración satánica como las supersticiones New Age son dos estrategias muy útiles para hacerse con el control de las mentes de los individuos y, por lo tanto, con el control de sus conductas; y más si se utiliza para la promoción de las mismas a una disidencia controlada que, en la mayoría de los casos, ni siquiera es consciente de tal control.

Lecturas recomendadas:
- "La amenaza satánica", magistral artículo de Miguel AlgOl, autor del blog "El Baile del Espíritu", en el que expone cómo y por qué el "pánico satánico" ha sido históricamente explotado por el Poder (especialmente, por la iglesia).
- "Sexualidad infantil y control social: El discurso de los abusos como método disciplinario" escrito por Layla Martínez (podrás encontrarlo en la sección artículos interesantes) y "Falsas acusaciones y la mentira del abuso infantil" escrito por Peter Zohrab. Magníficos análisis, desde dos perspectivas muy diferentes, sobre los beneficios que tiene para el Estado la difusión de alarmismo social en torno al tema de los abusos sexuales a menores.

Notas:
(1) Realmente, estas fueron las consecuencias más terribles de las cazas de brujas. Toda la narrativa relativa a la quema masiva en hogueras es algo más mitológico que real, y entra dentro de ese juego del Poder de criminalizar el pasado con el fin de justificar el presente.
(2) Sobre esto mismo escribí ya un artículo en el blog El Poder de Eros y Psique: "La quema de Giordano Bruno, ¿religión o política?"
(3) Las conocidas como guerras de religión también formaron parte de esta estrategia de guerra ideológica. El objetivo era arrebatar al oponente el control de las mentes del mayor número posible de personas.
(4) Se trata de un recurso tradicionalmente utilizado por las religiones (recordemos el pasaje evangélico de "la matanza de los inocentes" atribuida al rey Herodes), y que delata el carácter religioso de todo este tema de la teoría de la conspiración satánico-reptiliana.

jueves, 17 de diciembre de 2015

El puñetazo a Rajoy: una operación psicológica de manual para movilizar al electorado en la dirección deseada


"(...) encontrándose Clearco (tirano de Heraclea) entre la insolencia de los nobles, a los que no podía, por ningún medio, ni contentar ni corregir, y la rabia del pueblo, que no podía soportar haber perdido la libertad, decidió librarse de la molestia de los nobles y ganarse al pueblo con un solo acto, y cuando encontró la ocasión adecuada, cortó en pedazos a todos los nobles con extrema satisfacción del pueblo. Y por este camino satisfizo los deseos de venganza del pueblo." (Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Libro I-16)

Para entender correctamente el puñetazo sufrido por Mariano Rajoy (presidente de España y líder del Partido Popular) en Pontevedra cuatro días antes de las elecciones presidenciales en España, conviene recordar la agresión sufrida por Silvio Berlusconi hace exactamente seis años, cuando un hombre (del que posteriormente se nos diría que sufría un desequilibrio mental) "armado" con una réplica del Duomo de Milán le atacó en plena calle de la capital lombarda. También aquí, como en el ataque a Rajoy, Berlusconi fue agredido el mismo día que tenía previsto realizar un importante mitin electoral. Curiosamente, este ataque no sirvió para reforzar la popularidad de Berlusconi, sino todo lo contrario. El telespectador promedio, tanto el italiano como el del resto del mundo, se identificó más con el atacante que con el agredido (1).

Recordemos, también, el episodio del alunizaje (2) en la sede del Partido Popular (PP) de Madrid de un coche cargado con dos bombonas de butano y sacos de abono industrial, conducido por un supuesto desequilibrado mental en situación de desempleo. Este hecho, lejos de beneficiar al PP (ya en el gobierno en aquel momento), fue de gran utilidad para escenificar un paisaje social crítico, al presentarnos, como protagonista de la historia, a un pobrecillo y desesperado desempleado al que no se le pudo ocurrir nada mejor que planear un chapucero (y frustrado) atentado suicida contra aquellos que consideraba responsables de su tragedia existencial. Como en el ataque a Berlusconi, el gran público se volvió a identificar con el agresor en lugar de con el agredido.

Este tipo de acciones, al ser perpetradas por individuos presentados como pobres diablos, incapaces de controlar racionalmente sus actos (debido a un supuesto desequilibrio mental o, como en el caso del ataque a Rajoy, por tratarse de un menor de edad), víctimas sobre las que se ceba el infortunio (desempleo, depresiones, desahucios...), tienen un efecto psicológico muy diferente al de aquellas atribuidas a grupos fanatizados y perfectamente organizados (ETA, al-qaeda, ISIS...). Mientras que estos últimos son percibidos por el conjunto de la sociedad como una peligrosa amenaza, debido al alto grado de conciencia que tienen sobre sus actos, los primeros, debido a su ciega irracionalidad, son vistos como inofensivos y, por lo tanto, como merecedores de lástima y compasión.

Con esta operación (que bien podríamos denominar "crochet a Rajoy") se ha pretendido dirigir el inconsciente colectivo de la sociedad española hacia el siguiente razonamiento: "¡Qué mal tienen que estar las cosas, y que mal lo tiene que estar haciendo el PP, para que un menor de edad ataque al presidente del gobierno a la desesperada!". De este modo, no sólo se consigue movilizar al electorado, sino que, además, se consigue hacerlo en la dirección deseada: fragmentar el voto de la derecha (un voto muy gregario, que suele tender a concentrarse en un único partido) y animar al votante de izquierdas a participar en las elecciones (un voto que, por ser menos dogmático que el de derechas, no sólo tiende a fragmentarse, sino también a una posible abstención) (3).

El puñetazo a Rajoy ha sido, de momento, el último de los actos que se vienen representando en España (a modo de autos-sacramentales) desde poco antes del 15-M, como parte de un psico-drama cuyos objetivos han sido: la demolición controlada del bipartidismo y la implantación de un nuevo modelo a cuatro (PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos) mucho más dinámico que el anterior, pues permitirá un mayor margen de maniobras a los verdaderos detentadores del poder. Las mayorías parlamentarias que habitualmente solían obtener uno de los dos grandes partidos retrasaba la aprobación de determinadas leyes hasta la llegada al poder de la oposición. A partir de ahora, será mucho más fácil aprobar todo tipo de leyes debido a que no será necesario estar en el gobierno para conseguir que éstas salgan adelante, gracias a posibles acuerdos mayoritarios con otros partidos, estén o no en el gobierno. Además, servirá como lavado de cara del sistema, al presentarnos este tetrapartidismo como un síntoma de "pluralidad" y "salud democrática", a pesar de la estrecha y probada vinculación de los cuatro grandes partidos (y del resto de formaciones parlamentarias) con las cloacas del Poder real en España (la OTAN) y del cada vez más descarado adoctrinamiento de los electores para que voten a uno de esos cuatro partidos. En cualquier caso, el voto es lo de menos, pues los resultados son fácilmente manipulables; lo importante es crear conciencia en la gente para que, posteriormente, los resultados que hagan pasar por verdaderos resulten más o menos creíbles para el ciudadano medio.

PS: Las últimas noticas por las que se trata de vincular al agresor con la familia de Rajoy, y sobre su origen acomodado, tendrían como objetivo alejar toda sospecha (o, al menos, dejarlo todo en una nebulosa) sobre una posible participación o incitación por parte de la izquierda política en los sucesos, así como ahondar aún más en el desprestigio de Rajoy y del PP. En este tipo de operaciones, no se trata de crear una secuencia lógica de acontecimientos, sino una puramente emocional (estrategia de la tensión) gracias a los continuos "flashes" mediáticos dirigidos al corazón del gran público, con el fin de movilizarle adecuadamente en la dirección deseada: que el 20-D vaya a votar para legitimar su falsa democracia. No se trata de que el espectador piense, sino de que sienta. Da igual que una notica desmienta a otra (el espectador no se parará a racionalizarlo), el objetivo es conseguir impactarle emocionalmente. Algo similar ocurrió el 11 de marzo de 2004 (tres días antes de las elecciones generales), cuando, en un primer momento, se hizo responsable a ETA del 11-M y, posteriormente, se adjudicó la autoría a al-Qaeda, lo cual fue de gran utilidad para movilizar masivamente las emociones de los votantes, tanto de derechas como especialmente de izquierdas, al dejar todo lo sucedido bajo el manto de una oscura nebulosa, interpretable sólo según los más inconscientes e inconfesables deseos del consumidor, previamente adoctrinado a conciencia por los grandes medios de comunicación de masas. Como ya he dicho antes, el objetivo principal de este tipo de operación psicológicas suele ser el de romper la tradicional pasividad de muchos votantes, especialmente de los de izquierdas, que, de no ser por acontecimientos como el aquí analizado, optarían por la abstención; todo, con el fin de legitimar el actual sistema de dictadura teledirigida.

Notas:
(1) En este caso, la campaña de desprestigio contra Berlusconi (de la que este ataque fue una pieza más) tuvo como objetivo torpedear el acercamiento de éste hacia Rusia y Putin http://internacional.elpais.com/internacional/2010/12/02/actualidad/1291244410_850215.html  . La diferencia con respecto al ataque sufrido por Berlusconi, es que, muy probablemente, la operación española se llevó a cabo con el consentimiento del propio Rajoy, fiel siervo de los intereses de la OTAN.
(2) Os invito a releer el artículo que escribí en este mismo blog sobre dicho suceso Enfrentamiento entre hinchadas de fútbol y el hombre que estrella su coche contra la sede del PP. Dos nuevos actos de hipnotismo de masas para una mejor gestión de los intereses oligárquicos
(3) Este tipo de operaciones psicológicas son también muy útiles para que determinados grupos de poder (locales o foráneos) retiren (o por lo menos, se replanten retirar) una buena parte de su apoyo (económico, mediático o militar) al personaje u organización que las sufre, al no ver muy rentable invertir en alguien al que su propio pueblo agrede por la calle. Esto facilita el cambio de gobierno.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

La gran mentira del terrorismo (audio-declaración)


http://www.ivoox.com/gran-mentira-del-terrorismo-audios-mp3_rf_9591089_1.html

En la sociedad contemporánea, la mentira y el engaño han llegado a alcanzar dimensiones colosales. Los Estados, que desde hace ya varios siglos vienen utilizando el fraude masivo como herramienta para manipular a la población, han perfeccionado mucho sus métodos en las últimas décadas; esto ha traído como consecuencia que el individuo medio de nuestros tiempos se encuentre ya casi completamente incapacitado para interpretar la realidad de una forma medianamente correcta y, por lo tanto, para desenvolverse con un mínimo grado de autonomía en la vida. Esta "invalidez" intelectual ha llevado a los individuos a una situación de total dependencia para con el Leviatán estatal, convirtiéndose éste, ya, en imprescindible para aquél.

Esta es la principal razón de que, en la actualidad, decir la verdad en torno a engaños estatales tan evidentes como el del terrorismo, encuentre tanto rechazo entre el gran público, quien interpretará toda crítica al Estado casi como un ataque personal. En cualquier caso, considero que hacerlo (decir la verdad) supone un ejercicio muy útil para, por lo menos, no rendirnos frente a la estupidez y la sinrazón reinantes, lo que nos permitirá conservar un mínimo de dignidad, evitando así que nuestro paso por la vida sea como el de los millones de zombies que en estos momentos pueblan la tierra.