jueves, 26 de marzo de 2015

El mito del terrorismo: un desafío al sentido común

"Casi con toda seguridad, las bombas cohete que caían diariamente sobre Londres eran lanzadas por el mismo gobierno sólo para que la gente estuviera siempre asustada" (G. Orwell, 1984, parte II, Cap. V)

Cada vez que tiene lugar un atentado terrorista, como los ataques contra la redacción de Charlie Hebdo o los más recientes de Túnez, investigadores y activistas independientes se lanzan (nos lanzamos) inmediatamente a recopilar información para tratar de analizar a fondo los sucesos y para encontrar las mil y una incongruencias de la "versión oficial" de los hechos, todo con el fin de demostrar al mayor número de personas posible que el acto terrorista de turno no es más que otro montaje del propio sistema.

Esta labor requiere un enorme esfuerzo y un tremendo desgaste para estos investigadores y activistas, pues, además de exigirles muchas horas de lectura y reflexión, resulta terriblemente frustrante comprobar que la inmensa mayoría de las personas a las que nos dirigimos se niegan a aceptar lo evidente: por ejemplo, en el caso del 11-S, la imposibilidad de que tres colosos de acero y hormigón pudieran desplomarse por el mero hecho de que dos aviones de aluminio chocarán contra dos de ellos (las Torres Gemelas); de que el Pentágono, el edificio más protegido del planeta, pudiera ser atacado por un simple avión comercial; o, en el caso del 11-M, que una panda de delincuentes comunes y confidentes de la policía, sin experiencia previa en acciones terroristas, pudiera perpetrar el mayor atentado terrorista de la historia sobre suelo europeo.

Creo que, más allá de estos y otros muchos detalles, existen dos evidencias lógicas que están al alcance de todos, y que para descubrirlas no se precisa de ningún tipo de investigación especial, tan sólo de un mínimo de sentido común. Si después de presentar a una persona estas evidencias, no es capaz de, como mínimo, sospechar sobre la implicación del propio sistema en el acto terrorista de turno, por más detalles y pruebas concretas que se le presenten, jamás lo hará, más que nada porque ya no estaríamos hablando de una cuestión de desconocimiento, sino de la decidida voluntad de no querer aceptar la realidad tal y como es, probablemente porque sabe que si lo hiciera, ello le llevaría a cuestionarse el sistema sobre el cual ha venido construyendo, desde hace tiempo, su particular castillo de arena (el coche más potente del mercado, su chalet a las afueras o todos esos viajes organizados a exóticos lugares), y, entonces, ¿cómo podría seguir durmiendo por las noches?

Estas dos sencillas evidencias de las que hablo son dos simples razonamientos lógicos, fácilmente comprensibles hasta para la más obtusa de las mentes.

En primer lugar, ¿por qué si el terrorismo es supuestamente tan perjudicial para el sistema como nos dicen que es, tras cada acción de este tipo, los medios de comunicación, los políticos y todo tipo de autoridades sistémicas se pasan (como se pasan) días, semanas y meses enteros hablando durante horas y horas de él? ¿Por qué estas mismas autoridades, que dicen combatir al terrorismo con todos los medios a su alcance, no tienen el más mínimo reparo en amplificar los efectos (de pánico y miedo) que estas acciones provocan entre su propia población a través de una campaña propagandística totalmente gratuita y perfectamente diseñada para los intereses de los terroristas? ¿Es que dichas autoridades son imbéciles? Dudo mucho que así sea, pues, si realmente lo fueran, sería imposible que hubieran podido llegar hasta donde han llegado.

En segundo lugar, ¿por qué si las consecuencias finales de los actos terroristas acaban yendo siempre en contra de las personas que los terroristas pretenden defender (al proporcionar una excusa ideal para justificar invasiones imperialistas o para incrementar el control y la represión policial sobre la población), por qué si después de tantos años de experiencia que demuestran sobradamente que los más beneficiados por las acciones perpetradas por los terroristas terminan siendo aquellos que éstos dicen combatir (más teniendo en cuenta cómo el 11-S fue utilizado por el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica para justificar su política imperialista), por qué, pregunto, los terroristas se empeñan en seguir usando una estrategia tan nefasta para sus objetivos? No me puedo creer que sean tan listos para unas cosas y tan tontos para otras.

Es decir, por un lado tenemos unos gobiernos que facilitan la labor de los terroristas y, por otro, unos terroristas que facilitan la labor de los gobiernos. Sólo puede haber una explicación para este absurdo: que unos y otros sean la misma cosa. Pura lógica aristotélica.

Hace unos días, empleé estos dos mismos razonamientos con un viejo amigo para demostrarle la implicación del propio sistema en el fenómeno terrorista. Después de un intenso debate, mi amigo me acabó diciendo: - Lo siento mucho, pero no puedo creer que esto pueda ser como tú dices-. Aquí choqué con un muro infranqueable, el de sus creencias irracionales. Mi amigo (igual que otras muchas personas) no podía rebatir mis argumentos con otros argumentos racionales, tan sólo podía enfrentarse a ellos mediante un acto de fe.

Hoy en día, resulta casi más difícil que el votante típico acepte la perversidad de la naturaleza del Estado que una persona profundamente religiosa acepte la perversidad de la idea de Dios o de una vida ultraterrena. La mayor parte de la gente no está dispuesta a admitir ningún tipo de evidencia en este sentido, pues ello constituiría, para aquel que lo hiciera, toparse de frente con un profundo conflicto existencial que le impediría (o dificultaría) funcionar socialmente como hasta ahora lo había venido haciendo. Un riesgo que muy pocos están dispuestos a correr por todo lo que ello puede implicar a corto plazo. En cualquier caso, tampoco creo que sea bueno para nadie a la larga, volverse idiota de forma voluntaria.

viernes, 13 de marzo de 2015

11-M: 11 años después (Las huellas del Imperio). Entrevista en el programa Nada es lo que parece

El miércoles 11 de marzo de 2015, y con motivo de la reciente publicación de mi nuevo documental sobre el 11-M, participé en el programa nada es lo que parece.radio, realizado por Frank G Rubio, Pilar Baselga y Antonio. Desde diferentes puntos de vista, y durante casi tres horas, estuvimos analizando la tragedia que tuvo lugar en Madrid hace ahora 11 años (el 11-M). Además de este trágico acontecimiento, tratamos otros temas muy interesantes, fundamentales para comprender lo sucedido en Madrid el 11 de marzo de 2004: El 23-F, la supeditación total de la política española a los intereses de Washington por ser España miembro de la OTAN, la operación Gladio, la infiltración policial en los grupos terroristas (ETA, Brigadas Rojas...), el asesinato de John Fitzgerald Kennedy, el 11-S, las guerras imperialistas, las operaciones de guerra psicológica desarrolladas por los Estados para controlar (domesticar) a las masas...
En el siguiente vídeo podréis escuchar el programa.


El documental "Madrid 11-M: 911 días después. Las huellas del Imperio" ha sido publicado en la página web Ángulo Muerto, y podéis acceder a él a través del siguiente enlace.

http://www.angulomuerto.com/con/index.php/indice_micronumero_2_3/911-dias-despues.

Este documental es una reedición ampliada (44 minutos) del que hice hace cosa de seis años para el blog Antimperialista. En este nuevo vídeo aporto más datos y argumentos con el fin de desmontar la versión oficial (autoría islamista) y la pseudo-oficial (autoría de ETA), así como para demostrar la responsabilidad primera del Imperio (OTAN) en los atentados.

jueves, 5 de marzo de 2015

Podemos es Keynes, y Keynes es capitalismo de guerra

 
“La construcción de pirámides, los terremotos y hasta las guerras pueden servir para aumentar la riqueza, si la educación de nuestros estadistas en los principios de la economía clásica les impiden pensar en cosas mejores.” (John Maynard Keynes, Teoría general del empleo, el interés y el dinero)

Pepa Bueno.- ¿Y a su juicio, Pablo Iglesias, de esta crisis cómo se sale?
Pablo Iglesias.- Yo creo que Keynes sirve bastante
(Entrevista de Pepa Bueno a Pablo Iglesias en la cadena SER)

“- Podemos asume así las legítimas reivindicaciones de las asociaciones militares y se compromete a defenderlas-, ha asegurado la AUME (Asociación Unificada de Militares Españoles)". (EUROPA PRESS 22 de noviembre de 2014) 

Es posible que muchas personas no terminen de estar de acuerdo con los múltiples indicios (cada vez más claros y evidentes) que vinculan a Podemos y a muchos de sus miembros con los servicios secretos occidentales (estadounidenses, británicos o israelíes principalmente); como se suele decir: cada uno tiene derecho a engañarse a sí mismo de la forma que mejor le parezca. Lo que estas personas no pueden negar (entre otras cosas, porque está plasmado en su propio programa económico) es la apuesta decidida de Podemos por el capitalismo de Estado o capitalismo keynesiano, al que algunos prefieren llamar capitalismo de guerra, modelo económico imperante en los Estados Unidos de Norteamérica desde poco antes de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días.

Todos los miembros del equipo económico de Podemos son declarados partidarios de las ideas de Keynes y de la más contemporánea corriente neokeynesiana que abanderan los premios nobeles de economía Joseph Stiglitz y Paul Krugman (1). El propio Vincenç Navarro, uno de los autores del programa económico de Podemos, no es sólo un ferviente admirador de Keynes (2), sino también de Franklin Delano Roosvelt, quien, bajo la influencia de John Maynard Keynes, jugó un papel decisivo en la promoción y desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.

Para entender el keynesianismo (y el neokeynesianismo) y hacernos una pequeña idea del modo en el que éste puede influir perjudicial o beneficiosamente en el desarrollo de nuestra existencia sobre el planeta tierra, es necesario, primero, saber quién fue Keynes. Tal conocimiento puede darnos algunas pistas sobre la concepción que este personaje tenía de la vida en general y del género humano en particular.

Keynes (Barón de Tilton) no era un sencillo hombre del pueblo. Nació en el seno de una acomodada familia británica y recibió una educación elitista y privilegiada: se educó en Eton y en el King´s College de la Universidad de Cambridge. Desde muy joven ejerció importantes labores administrativas para la corona británica en la gestión de sus intereses económicos en la India y en el diseño de los contratos crediticios entre Gran Bretaña y sus aliados continentales durante la Primera Guerra Mundial. Tuvo también gran éxito con las inversiones y logró hacerse con una gran fortuna. Entre los cargos más importantes que ostentó destacan los de Consejero financiero de la corona y gobernador del Banco de Inglaterra. La participación de Keynes en la conferencia de Bretton Woods, en el año 1944, fue decisiva para sentar las bases de lo que acabarían siendo los dos entes supra-estatales que más han contribuido al proceso de globalización en el que hoy nos encontramos (el imperialismo de siempre): el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Es comprensible que una persona así no tuviera como principal leit motiv, a la hora de elaborar sus teorías económicas, el bienestar de los más desfavorecidos, sino, más bien, el de defender sus privilegios de clase con todos los medios a su alcance, incluido el de sumir a la humanidad en terribles guerras fratricidas.

Básicamente, las teorías de Keynes proponen una mayor intervención del Estado en la economía y, principalmente, un mayor aumento del gasto público. ¿Y qué mejor forma de aumentar el gasto público que con la guerra? Precisamente, el militarista Franklin Delano Roosvelt, siguiendo los consejos de Keynes, embarcó a su país (y a la mayor parte de la humanidad) en una espiral de guerra sin fin que aún persiste y que, entre otras cosas, ha servido a los Estados Unidos para convertirse en la potencia hegemónica que es hoy en día.

¿Cómo encaja Podemos en el proyecto keynesiano y belicista de los Estados Unidos?

La capacidad de Estados Unidos en España para hacer y deshacer a su antojo es prácticamente total, casi como si de una colonia se tratase. La supeditación de políticos, empresarios, militares, intelectuales y medios de comunicación hacia Washington es, desde hace mucho tiempo, absoluta. Ésa es la razón de que el nuevo proyecto neokeynesiano que Estados Unidos pretende implantar (y que con toda seguridad implantará) en España, Podemos, se esté desarrollando con tanta rapidez y facilidad.

El proyecto Podemos es un proyecto que Estados Unidos, usando como punta de lanza a los países más cercanos a sus intereses, pretende exportar a toda Europa occidental con el fin de supeditar la economía de la eurozona a un modelo económico claramente keynesiano (capitalismo de guerra) bajo control estadounidense, y poder competir así con mayor eficacia con los llamados países emergentes en la lucha por hacerse con un mayor control del mundo y de sus recursos. Si observamos fríamente las consecuencias que está teniendo la operación Falciani (la lista Falciani y, especialmente, las declaraciones vertidas por este personaje en diferentes medios de comunicación de masas) veremos que ésta forma parte también de un plan perfectamente orquestado para la futura implantación del modelo económico keynesiano en Europa occidental (propuestas de la OCDE a petición del G20) y, por lo tanto, del capitalismo de guerra.

El modelo keynesiano choca frontalmente con los intereses de las pequeñas, medianas y algunas grandes fortunas europeas, que verían en el aumento del gasto público (un gasto público destinado esencialmente a la guerra y al fortalecimiento del ejército) una merma de sus intereses privados; de ahí el motivo de lanzar un proyecto populista como Podemos, en España, o Syriza, en Grecia, que, con la excusa de luchar contra los intereses privados (determinados intereses privados, no todos), se ganaría el favor de las masas para implantar un modelo económico (el keynesiano) que supeditaría todo el devenir económico del viejo continente a las necesidades de la maquinaria bélica (3). Para que nos entendamos, Podemos es un proyecto de gran utilidad a los más poderosos para poner al pueblo de su parte y presionar a los menos poderosos para que acepten las nuevas condiciones del juego.

El ascenso de Podemos o Syriza no tiene nada que ver con el pueblo, se trata simplemente de un episodio más en las cruentas y milenarias luchas de poder entre poderosos. Gracias a los formidables medios de manipulación de que dispone el sistema, las grandes masas poblacionales a penas pintan nada, sólo son el apoyo del que se sirven los poderosos en sus disputas, del mismo modo que podrían servirse de una manada de bueyes mandándoles embestir en una u otra dirección. En la lucha de poder vale todo: la mentira, la manipulación, la fuerza bruta. Quien no esté dispuesto a utilizar ninguno de estos medios, es mejor que se aparte lo más lejos posible (opción que, por otra parte, considero la más sabia), pues en el juego político (que no es más que lucha por el poder) no tendrá nada que hacer, excepto desempeñar el papel de un mero títere.

Cada vez estoy más convencido que el capitalismo es sólo una ficción creada con la intención de ocultar que el verdadero poder está en manos (como siempre ha estado) de aquellos que tienen la capacidad y la fuerza para conquistarlo, es decir, los ejércitos. Una ficción de gran utilidad para ejercer el poder desde la sombra. Hace varios miles de años, los sabios orientales ya dijeron que el mejor gobierno es aquel en el que el pueblo no advierte estar gobernado, que cree hacer su propia voluntad (4). El capitalismo y sus dogmas de la libre concurrencia o de la iniciativa privada han sido de gran utilidad para hacer creer a los individuos que las sociedades modernas se desarrollaban según una especie de mecanismos naturales, ocultando con ello la verdadera realidad: que el poder está en las armas y no en el capital. Estos dogmas, grabados a fuego en la mente del individuo moderno, han venido sirviendo al verdadero poder para conseguir un cierto grado de organización y disciplina en las complejas sociedades de masas actuales, algo muy parecido al modo en el que los dogmas religiosos fueron utilizados en las sociedades antiguas para mantener un cierto nivel de orden (5). Igual que el dominio ideológico de la iglesia no habría sido posible sin el apoyo de las armas, el del capitalismo (incluido el de corte marxista) no sería posible sin la defensa armada del ejército y de la policía.

En este contexto de mentiras y falsedades, el keynesianismo sería una simple excusa para ajustar (reformar) dicha ficción según los intereses y necesidades de los verdaderos detentadores del poder, al mismo tiempo que la mantienen viva. Es decir, con la excusa de intervenir en la economía para corregir ciertos “desequilibrios”, el Estado tendría una oportunidad de reforzar su maquinaria militar sin despertar demasiadas sospechas de su absoluta omnipotencia. Por todo esto, no es de extrañar, como más de una vez ha señalado públicamente el propio Pablo Iglesias, que haya muchos militares españoles interesados en que el proyecto Podemos triunfe. Y es que los militares siempre lo han tenido bastante claro: “La política es sólo la continuación de la guerra por otros medios” (Carl von Clausewitz).

Todo me hace pensar que, de llegar Podemos al gobierno de España (solo o en coalición), no sólo tendremos más capitalismo, sino también más guerra.

Resulta bastante complicado descifrar las verdaderas intenciones que se ocultan detrás de los planes de las élites mandantes, entre otras cosas, porque estos planes suelen ser altamente secretos; probablemente, ni siquiera los actores utilizados conozcan del todo sus intenciones finales; en la mayoría de los casos, tendrán que pasar muchos años hasta que se pueda saber con exactitud lo qué realmente pretendían las élites. Muchas veces, a la hora de analizar todo esto, puede darnos la sensación de estar dando palos de ciego, en cualquier caso, siempre estaremos mucho más cerca de la verdad que si decidiéramos seguir a otro ciego o si nos dejáramos guiar por un lazarillo oportunista. Sólo mediante un sincero esfuerzo por aceptar la realidad tal y como es, sin falsas ilusiones, y la lucha por evitar la constante tentación del autoengaño, tendremos alguna posibilidad de entrever la verdad.

Notas:
(1) En agosto de 2011, en un programa de una importante cadena de televisión de los Estados Unidos, el premio nobel de economía, Paul Krugman, con una falta de escrúpulos y de empatía propia de un psicópata, llegó a recomendar a los gobiernos la idea de hacer que el mundo se sintiera amenazado por un falsa amenaza, en concreto, por una ficticia invasión alienígena, pues, sólo atemorizando a la población mediante un fraude masivo de estas dimensiones, se podría conseguir movilizar a todas las fuerzas productivas en una sola dirección y reactivar así la economía mundial http://www.publico.es/actualidad/amenaza-alienigena-terminaria-recesion-economica.html
(2) Aunque Vincenç Navarro en muchos de sus escritos habla de keynesianismo social, esta idea es absurda, pues Keynes no inventó sus teorías con el propósito de defender los intereses de las masas trabajadoras, sino con la intención de consolidar los privilegios de las minorías dirigentes de las que él formaba parte. Decir que el keynesianismo puede ser utilizado con fines sociales (en beneficio del bienestar de las grandes mayorías) es un disparate similar a decir que el Mein Kampf de Hitler puede ser utilizado con fines humanitarios. Navarro no es tonto, y utiliza intencionadamente el término keynesianismo social con el fin de vender mejor su producto al gran público.
(3) Una labor imposible de desarrollar por el PSOE en estos momentos, no sólo por su falta de credibilidad entre las masas populares, sino, especialmente, por sus fuertes vínculos con determinados sectores del poder contrarios al keynesianismo.
(4) En el Tao Te Ching podemos leer: “Del emperador conocían antiguamente sus súbditos sólo su existencia” (c. 17). El interés de muchos militares en el pensamiento esotérico oriental debe de entenderse como parte de la milenaria búsqueda de las clases dirigentes por encontrar un remedio al declinar natural de los estados una vez alcanzado sus cotas más altas de poderío y esplendor.
(5) Erich Fromm, en su ensayo Psicoanálisis y budismo zen, da una magnífica explicación de esta necesidad social de las ficciones: “La mayor parte de la historia de la humanidad (con la excepción de algunas sociedades primitivas) se caracteriza por el hecho de que una pequeña minoría ha dominado y explotado a la mayoría de sus semejantes. Para hacerlo, la minoría ha utilizado, por lo general, la fuerza; pero la fuerza no es suficiente. A la larga, la mayoría ha tenido que aceptar su explotación voluntariamente, y esto sólo es posible si su mente se ha llenado de toda clase de mentiras y ficciones, que justifican y explican su aceptación del dominio de la minoría” (E. Fromm, Psicoanálisis y budismo zen, Cap. IV)