martes, 27 de enero de 2015

¿Por qué la mayor parte de la gente que te rodea se muestra tan reacia a pensar que la conspiración sea una práctica habitual del Poder?

“De este modo, el instinto de causalidad está condicionado y es excitado por el sentimiento de miedo. La pregunta relativa a la causa no debe dar como respuesta, en la medida de lo posible, una causa cualquiera, sino un determinado tipo de causa: una causa que tranquilice, que libere y que alivie”. (Friedrich Nietzsche, El ocaso de los ídolos, Los cuatro grandes errores, V)

“Las masas no tienen jamás sed de verdades. Ante las evidencias que las desagradan, se apartan, prefiriendo divinizar el error, si el error las seduce. Quien sabe ilusionarlas se convierte fácilmente en su amo; el que intenta desilusionarlas es siempre su víctima”. (Gustave Le Bon, Psicología de las masas, segunda parte, cap. II, 2)

“Los hombres son tan simples y están sujetos de tal modo a las necesidades del momento, que quien quiera engañar siempre encontrará a alguien que quiera ser engañado”. (Maquiavelo, El príncipe)

“Percatarse de todo esto y abandonar la adulación y el embellecimiento del pueblo es una primera exigencia para cualquier aproximación válida a las cuestiones sociales”. (Wilhelm Reich, El asesinato de Cristo, Cap. 7)

Seguro que más de una vez te habrás preguntado: ¿cómo es posible que después de que hayan aparecido tantas pruebas y evidencias que demuestran la participación de los servicios secretos del Imperio en la planificación y ejecución del 11-S, la mayor parte de las personas que conoces se sigan tragando a pies juntillas la versión oficial de los hechos? ¿Cómo es posible que tengan el sentido común tan atrofiado para no cuestionarse acontecimientos que han llegado a tener consecuencias tan beneficiosas para el propio Poder? ¿Son incapaces de ver, o es que, sencillamente, no quieren ver?

Gracias al triunfo del sistema de valores capitalista, la inmensa mayoría de las personas que te rodean se han corrompido y degradado hasta tal punto, que son incapaces de ver a los otros de otra manera que no sea como objetos de los que poder extraer algún tipo de beneficio personal. Cuestionarse, rechazar o enfrentarse a un sistema que les facilita esta posibilidad, es algo que no entra dentro de sus planes, y mucho menos, tener como aliado a alguien como tú, que les recuerda su miseria y falta de escrúpulos por haber cimentado su proyecto vital (del que tan orgullosos se sienten) sobre un sistema tan depravado y perverso como éste.

Ellos no te creen porque no tengas pruebas suficientes o porque tus argumentos sean inconsistentes, sino porque ignorándote, tranquilizan su conciencia. Creerte supondría para ellos empezar a cuestionarse el castillo de arena que tantos años y esfuerzos les ha costado levantar y en el que tan confortables se sienten, con sus 500 canales de televisión, su internet sin límites y sus smartphones con mensajería instantánea.

Por mucho que te esfuerces, y por más pruebas que les des de la participación del Imperio en la demolición controlada de las torres gemelas, de los intereses de la farmafia en que cuestiones como el SIDA o el Ébola se prolonguen en el tiempo, o de que partidos políticos como Podemos sean una creación del propio sistema de dominación para darse un lavado de imagen, no conseguirás convencerles de nada, lo único que obtendrás será desprecio por su parte (aunque, que personas así te desprecien, es algo que no debería importarte demasiado).

La cosa es muy sencilla: debes empezar a comprender que ellos carecen del valor y de la dignidad que a ti te sobran. En el fondo, no existe tanta diferencia entre la gente que no se cree la versión oficial del 11-S y la que decide no tener conexión a Internet en su casa, no ver la programación televisiva, no participar en botellones o no entregar los mejores años de su vida a trabajos alienantes y embrutecedores; se trata de gente que ha decidido no participar (en la medida de sus posibilidades) en la depravación y corrupción generalizadas.

Por lo que no te desesperes más. Mientras quienes te rodean no decidan dejar de participar tan activamente en el sistema (o al menos reducir su grado de implicación en el mismo) como lo habían venido haciendo hasta ahora, no esperes convencerles de nada. Nunca cuestionarán algo en lo que tan implicados se encuentran.

En cualquier caso, tu labor nunca habrá sido en vano; muy por el contrario, habrá contribuido enormemente a que aún siga brillando la luz en este negro océano de miseria, una luz que a muchos nos dice que no estamos solos. Además, no deja de ser un método tremendamente efectivo de autoprotección, pues te permite saber, de forma rápida y eficaz, que gente te puede interesar y de que gente deberías alejarte como si de la misma peste se tratase.

lunes, 19 de enero de 2015

El atentado contra Charlie Hebdo: el terrorismo al servicio de los intereses atlantistas

“Y de no querer la paz provienen los engaños militares que los jefes urden, para que la guerra dure”. (Maquiavelo, Del arte de la guerra)

El atentado que tuvo lugar en Francia, el pasado 7 de enero, contra la islamófoba y proatlantista publicación Charlie Hebdo, que costó la vida a unas 12 personas, reúne todas las características de las operaciones de bandera falsa perpetradas por los escuadrones Stay-Behind (vinculados a la OTAN) durante los años 70 y 80 del pasado siglo: la matanza de Atocha, la masacre de Brabante o los incidentes de Montejurra.

El atentado de París fue ejecutada por mercenarios de élite que llevaron a cabo su plan con precisión milimétrica, dejando después todo tipo de pruebas incriminatorias con el fin de reforzar la pista islamista: casual olvido del documento de identificación de uno de los supuestos terroristas en el supuesto coche en el que huyeron, hallazgo de una bandera del ISIS (el nuevo grupo terrorista de moda) en ese mismo coche.

El hecho de que esta revista tuviera importantes vínculos con el Estado francés (está demostrado que el ex presidente francés, François Mitterrand, la financió secretamente en el año 1992) no es algo que deba pasar desapercibido para los analistas, pues ello habría facilitado el desarrollo de toda la operación y el posterior montaje mediático. Dicha vinculación hace suponer que la operación habría contado con la colaboración de múltiples cómplices “empotrados” en la redacción de la publicación, que habrían permitido a los ejecutores llevar a cabo su plan sin demasiadas dificultades. Estos cómplices servirían además como útiles testigos (tanto para los medios de comunicación como para los jueces) al plegarse disciplinadamente a la versión oficial de los hechos. Esta complicidad interna permitiría también fabricar sin muchos problemas todo tipo de pruebas falsas con el fin de reforzar la teoría de la autoría islamista (como la grabación de vídeo).

El ISIS, del que supuestamente serían partidarios los terroristas de París, no es otra cosa que un grupo de mercenarios creado y financiado por la propia Alianza Atlántica, que está siendo utilizado por ésta (como en su día lo fue al Qaeda) para justificar su presencia militar (y por ende, el consiguiente gasto militar multimillonario) en oriente medio para cercar y acosar a Siria, importante socio de Rusia en la zona.

Hay que recordar que Francia fue la primera potencia europea que se sumó a la nueva estrategia de la OTAN para desestabilizar el gobierno sirio de Bashar al-Assad y reforzar las posiciones de ésta en Irak (1).

El atentado perpetrado por los Stay-Behind contra la publicación semanal Charlie Hebdo, y del que se ha responsabilizado falsamente al islamismo (ataque de bandera falsa), será de gran utilidad a la coalición atlantista para recabar con mayor eficacia el apoyo de las masas a su proyecto imperialista en oriente medio, así como para justificar en Francia la intervención del Estado francés en dicho proyecto.

Importantes analistas políticos han analizado el atentado de París desde un punto de vista excesivamente local, diciendo que se trataría de una operación desarrollada por el Estado francés destinada a crear un clima de confrontación civil en Francia entre franceses e inmigrantes de origen árabe. Desde mi punto de vista, creo que se trata de un análisis demasiado reduccionista, y que más allá de lo local, la masacre de París pretendía tener también (y sobre todo) consecuencias globales; prueba de ello lo constituye el hecho de que yo esté, ahora mismo, hablando de ello, una persona que reside en Valladolid y que la última vez que estuvo en Francia fue hace diez años, concretamente en Hendaya, donde fui a pasar una única (pero deliciosa) jornada playera con mi encantadora novia de por aquel entonces.

Es innegable que los sucesos de París, y su prolongación en el tiempo, gracias a la labor de los grandes medios de comunicación (2), han tenido y tendrán importantes consecuencias locales (como, por otro lado, también las tuvo el 11M), pero, sobre todo, servirán para arraigar un poco más el mito de la amenaza terrorista islamista en el inconsciente de las inermes y aborregadas masas occidentales; un mito de gran utilidad para que la OTAN pueda continuar con total tranquilidad con su interminable agenda guerrista en oriente medio.

Al menos, los sucesos de París han servido para dejar bastante claro, a aquellas personas con un mínimo de sentido común, el manual que más o menos se sigue en todas estas operaciones de guerra psicológica, llamadas atentados de bandera falsa:

- El atentado se produce, casualmente, en el momento más adecuado para que el gran público sea “lobotomizado” con mayor eficacia: justo cuando acaban de volver de sus alienantes vacaciones navideñas (recordemos que el 11S coincidió con el final de las vacaciones veraniegas).

- La víctima elegida es uno de los pilares del sistema político occidental, la prensa, de tal forma que la mayor parte de la población occidental (profundamente identificada con el sistema) sienta el ataque como un ataque a sus propios intereses personales.

- Lo primero que hacen los medios es conducir el inconsciente del público hacia la pista islamista, diciendo que los testigos afirman haber oído gritos de “Alá es grande”, es decir, se le viene a decir algo así como: “que quede claro que se trata de terroristas islamistas ¿eh?, no empecéis a pensar cosas raras”.

- Después, para dotar de mayor veracidad y realismo a la historia se nos ofrece una oportuna grabación de vídeo en la que uno de los terroristas supuestamente asesina a un policía. Aquí, el objetivo buscado es situar al televidente en persona en el lugar de los hechos, con el fin de que algo que ha ocurrido a miles de kilómetros de distancia (en la mayoría de los casos) se convierta en un acontecimiento cercano para que nos identifiquemos con él.

- A continuación, para que nadie se pierda por el camino, nos van dejando pequeños guijarros: una bandera del ISIS que aparece en el coche utilizado por los terroristas para darse a la fuga; el documento de identidad que uno de los terroristas olvida, también, en el mismo coche; la posterior reivindicación de los atentados por parte del ISIS.

En definitiva, una historia perfectamente mascada para que pueda ser digerida hasta por el mayor de los cretinos, y repetida hasta el hartazgo por todos los grandes medios varias veces al día, durante varios días, para que quede definitivamente asentada en el inconsciente de las masas; algo así a lo que hacían nuestras madres con la historia del hombre del saco.

Desgraciadamente, por muy descarado que haya sido este nuevo montaje mediático, su resultado no ha dejado de ser menos efectivo. Creo que los analistas deberíamos empezar a preocuparnos un poco menos de lo que hace el Poder (al que ya conocemos de sobra), y un poco más de lo que pasa por la mente del sujeto medio para que sea capaz de tragarse sin rechistar estos descarados y burdos embustes, quizás, entonces, seamos capaces de entender un poco mejor las cosas. Cada vez estoy más convencido de que la credulidad de las masas tiene muy poco que ver con la falta de información y sí mucho con una simple cuestión de intereses personales. El hecho de que tú puedas ver lo que ellos no pueden, estaría más relacionado con una cuestión de prioridades. Para ti, lo importante es una cosa; para ellos, otra (decorar toda la casa con muebles escandinavos, comprarse el coche más potente del mercado, poseer la última novedad en cibertecnología...).

Notas:
(1) http://www.clarin.com/mundo/Francia-EEUU-posiciones-ISIS-Irak_0_1215478580.html
(2) Lo más importante en los ataques de falsa bandera, no es el ataque en sí, sino la gestión mediática del mismo, que contribuye a mantener el estado emocional de las masas, durante un buen tiempo, en el punto que a la oligarquía gobernante le interesa para poder ejecutar con éxito sus políticas.

jueves, 8 de enero de 2015

Enfrentamiento entre hinchadas de fútbol y el hombre que estrella su coche contra la sede del PP. Dos nuevos actos de hipnotismo de masas para una mejor gestión de los intereses oligárquicos

“¿Y quién es el primero (el que gobierna al resto)? Yo creo que aquél cuyo ingenio domina al de los demás, y por su carácter y su destreza convierte las fuerzas y las pasiones ajenas en instrumentos de sus deseos.” (J. W. Goethe, Werther, 8 de enero de 1772)


Habitualmente, los conocidos como ataques de falsa bandera (1) tienen como objetivo conseguir que el gran público se identifique con la entidad, país o grupo de individuos atacados y acepte la aprobación de medidas que protejan de futuros ataques a dicha entidad, país o grupo de individuos. El reciente suceso de París, en el que han muerto unas 12 personas, probablemente a manos de miembros de los atlantistas escuadrones stay-behind (a los que se ha hecho pasar por terroristas islámicos), es un buen ejemplo de esta macabra estrategia: El gran público se identificará con la desprestigiadísima prensa capitalista (recibiendo con ello un oportuno balón de oxígeno) y aceptará medidas que sigan justificando el gran negocio de la guerra en oriente medio para los Estados miembros de la OTAN (especialmente en su actual guerra ficticia contra el ISIS, que no es otra cosa que un acoso y cerco militar a Siria).

En el caso de los últimos ataques de falsa bandera ejecutados en España, todo ha sido muy diferente.

La muerte de un miembro de la hinchada ultraizquierdista del Deportivo de la Coruña, Riazor Blues, a manos de miembros de la hinchada ultraderechista del Atlético de Madrid, Frente Atlético, no ha servido para que más gente se identificase con las hinchadas ultraizquierdistas, ni para tomar medidas que protegieran a éstas frente a las hinchadas ultraderechistas. Tampoco el ataque contra los bajos de la sede central del Partido Popular en Madrid, por parte de un supuesto lunático, ha servido para que nadie se identificase más (de lo que ya pudiera estar) con los ideales de tal partido, ni para tomar ningún tipo de medidas especiales en contra de los lunáticos españoles. En cualquier caso, éstas no son razones suficientes como para no considerar ambos sucesos como ataques de falsa bandera, pues ambos han acabado por tener consecuencias positivas para un tercero: la oligarquía gobernante, cuyas huellas son fácilmente identificables en uno y otro.

Para poder comprender los diferentes sucesos mediáticos que acontecen en nuestros días, es necesario, primero, comprender el contexto en el que éstos tienen lugar: la globalización capitalista. Si desconocemos este contexto, o nos limitamos a uno meramente local, el suceso mediático nunca tendrá sentido en nuestras mentes, o tendrá el sentido que las clases dominantes quieran que tenga. Analicemos cada uno de estos sucesos y el contexto global en el que ambos se han desarrollado.

EL ENFRENTAMIENTO ENTRE HINCHADAS DE FÚTBOL

El fútbol es un producto comercial altamente rentable. Pero, como todo producto capitalista, su objetivo es ser más rentable día tras día; es decir, que su consumo se extienda cada vez a un mayor número de personas.

En la era de la globalización capitalista, el mercado para un producto puede llegar a ser el mundo entero, pero para ello es preciso que tal producto se adapte a los prejuicios  y gustos culturales predominantes en los lugares a los que se pretende extender su consumo, o, al menos, que se le despoje de una serie de elementos culturales que no podrían ser entendidos o aceptados en tales lugares (Emiratos Árabes, China, India...).

Sin lugar a dudas, el tema de las hinchadas ultras de los equipos españoles de fútbol era un hándicap que los grandes ejecutivos de este espectáculo de masas debían solventar si deseaban una mejor comercialización a escala global de su producto.

Para el Real Madrid o el F.C. Barcelona, máximos beneficiados de la globalización del fútbol, fue fácil eliminar este problema (cuanto antes lo hicieran, antes obtendrían beneficios), por ello fueron los primeros en expulsar de sus estadios a sus hinchas más ideologizados: Ultra Sur y Boixos Nois respectivamente. Sin embargo, para aquellos clubs que basan más su negocio en lo local que en lo global, las cosas no eran tan sencillas, pues decir adiós a este tipo de hinchas era ir en contra de sus propios intereses. El número de partidos de estos clubs retransmitidos a escala global es sensiblemente inferior y peor remunerado que los del Madrid o Barcelona; así como el número de patrocinadores internacionales interesados en prestarles apoyo económico, considerablemente menor. Por el contrario, los hinchas ultras suponían para los pequeños clubs una importante cantera de publicistas a escala local totalmente gratuita, una especie de Quinta Columna que no podían permitirse perder o, al menos, su eliminación constituiría una dura mortificación para la insaciable codicia de los presidentes de dichos clubs (2).

Pero en el campeonato español de fútbol (la Liga) no participan sólo Madrid y Barcelona, por lo que si los máximos dirigentes de este producto (la Liga) querían que fuera exportado con éxito a todos los rincones del planeta y, lo más importante, si querían que patrocinadores internacionales apoyaran económicamente este producto, era preciso que el resto de equipos expulsaran también de sus campos a sus hinchas más ideologizados.

Tras el enfrentamiento (3) de la hinchada ultra del Deportivo de la Coruña y la del Atlético de Madrid, que se saldó con la muerte de un miembro de la primera y varios heridos de gravedad, la maquinaria mediática se puso inmediatamente en funcionamiento para criminalizar y demonizar a todas las hinchadas de este tipo como nunca antes se había hecho. La unanimidad fue absoluta, y es que hay mucho dinero en juego y nadie quiere quedarse fuera de la foto. Hay que tener en cuenta que los medios de comunicación de masas españoles son uno de los grandes beneficiados de la globalización del fútbol español.

La facilidad con la que este grupo de aficionados (especialmente los ultraderechistas) pueden ser infiltrados y conducidos a enfrentamientos como el que tuvo lugar a orillas del madrileño río Manzanares creo que es algo que no se le escapa a nadie.

Las razones por las que el Atlético de Madrid ha colaborado con tanta docilidad en todo este esperpéntico espectáculo del linchamiento mediático de las hinchadas ultras pueden ser muchas y muy variadas. A mí, personalmente, me llama poderosamente la atención el bombo que los medios de comunicación de masas dieron a unas declaraciones realizadas por un importante ex jugador de Atlético, Paolo Futre, justo unas semanas antes de que tuviera lugar el enfrentamiento entre los hinchas, según las cuales, este club podría haber estado implicado de alguna forma en el escándalo de amaño de partidos (4). Unas declaraciones sobre las que, curiosamente, no se ha vuelto a hablar más después del enfrentamiento y de la decisión del Atlético de Madrid de tomar medidas extraordinarias de vigilancia en su estadio.

El problema para los grandes ejecutivos del fútbol no era la violencia (el fútbol, debido a su propia naturaleza altamente competitiva, es intrínsecamente violento) o que las ideologías de las hinchadas fueran más o menos absurdas y contraproducentes para el desarrollo intelectual de la especie humana. El verdadero problema radicaba, sencillamente, en la necesidad de mejorar la imagen de un producto, con el fin de mejorar su distribución y venta a escala global. Y es que un partido del Real Madrid o del F.C. Barcelona no se vende con la misma facilidad a las cadenas de televisión de los Emiratos Árabes o de China si en las gradas de los estadios aparece determinada simbología o se gritan determinadas consignas, que si nada de todo lo anterior aparece. Y lo más importante, los patrocinadores internacionales no apoyarían económicamente de igual modo este producto si todo hubiera continuado como hasta días antes de los incidentes (5).

El capitalismo no entiende de ética, sólo de rentabilidad económica. Para el capitalismo, la apelación a la ética es sólo un recurso más para manejar las emociones de las masas en aras de una mayor rentabilidad económica (un recurso, todo hay que decirlo, que dejará de ser utilizado en unos pocos años debido a su cada vez menor influencia sobre las masas). Presuponer una mínima intención ética a una persona totalmente dominada por la lógica capitalista es como presuponer pensamiento racional a un sapo.

El deporte es mucho más que mero circo, es uno de los mayores propagandistas ideológicos del capitalismo. La competitividad, la sumisión acrítica a las reglas o la visión y el tratamiento del cuerpo humano como una máquina (taylorismo) son algunas de las perversas enseñanzas que el deporte naturaliza entre sus más acérrimos seguidores. Que haya pasado de ser un aparato ideológico del Estado a un producto comercial demandado voluntariamente por cientos de millones de personas en todo el mundo, nos puede dar una idea aproximada de hasta que punto los seres humanos tienen grabado el capitalismo en sus entrañas.

EL HOMBRE QUE ESTRELLA SU COCHE CONTRA LA SEDE DEL PP

El primer diagnóstico que se puede hacer, tras analizar detenidamente este nuevo grotesco espectáculo de la sociedad de masas, es que los individuos que han sido capaces de digerir y tragarse sin rechistar (la inmensa mayoría de la sociedad española) la versión difundida por los grandes medios, se encuentran en una alarmante situación de encefalograma plano que las autoridades competentes no deberían tomarse tan a la ligera. Por otro lado, todo esto nos revela que el adoctrinamiento (lavado de cerebro) estatal de los individuos ha alcanzado un éxito sin precedentes en la historia de la humanidad. Evidentemente, no es que el Poder cuente en la actualidad con mejores asesores con los que contara la Inquisición, los Borgia o el régimen nazi, sino porque estos últimos no tuvieron la oportunidad de contar con los sofisticados recursos técnicos con los que ahora cuenta la oligarquía gobernante: cientos de canales de televisión y de radio emitiendo las 24 horas del día, Internet en todos los hogares, smartphones para todas las edades, etc., a lo que habría que sumar la baja calidad humana e intelectual del sujeto de nuestros días, al que algunos pensadores contemporáneos han comparado con los zombis de la literatura fantástica.

Por encima de las múltiples evidencias racionales (e incluso científicas) que ponen de manifiesto la inconsistencia argumental de toda la historia oficial que se ha "vendido" al gran público, hay una cosa que debe quedar definitivamente clara si verdaderamente queremos entender éste y otro tipo de sucesos parecidos: un pobre loco desesperado puede hacer muchas cosas, pero nunca diseñar y ejecutar un plan que se convierta en un espectáculo mediático de masas, eso sólo está al alcance de expertos en relaciones públicas vinculados con el Poder. Al cabo del día tienen lugar muchos y muy variados sucesos en las sociedades de masas, pero en los grandes medios sólo aparecen aquéllos que al Poder le interesa que aparezcan para una mejor gestión de las emociones del gran público. Por lo general, este tipo de sucesos son planificados y diseñados con mucha antelación. Las diferentes oligarquías se juegan demasiado hoy en día como para dejar lugar a la improvisación, por lo que pensar que algo de lo que aparece en los grandes medios es debido a la casualidad, es pecar de la más absoluta ingenuidad. Los grandes medios son herramientas del Poder cuya única y exclusiva finalidad es el pastoreo de las masas, pues para eso fueron ideados.

No es la primera vez que el Poder recurre a la figura del loco que actúa en solitario para cometer un atentado de falsa bandera. Esta estrategia tiene el curioso efecto, entre las alienadas mentes de la población, de disculpar al agresor y desacreditar a la víctima.

Detrás del loco no hay ideales, ni organizaciones a las que poder echar la culpa. Ni siquiera él puede ser considerado como responsable de sus actos, pues éstos son consecuencia de una mente perturbada, incapaz de dictar un comportamiento que se adapte medianamente a las convenciones sociales (algo que se han preocupado mucho de dejar bien claro los medios de comunicación de masas, quienes, a las pocas horas, ya disponían de todo tipo de informes médicos sobre el sujeto). Si existe algún culpable –parece insinuársenos–, ésas serían el resto de las personas ("cuerdas") que le rodean, cuyo irresponsable comportamiento ha perturbado aún más la mente del lunático. En este caso en concreto, todo ha sido perfectamente planificado para orientar a las masas a que vieran como culpables a la llamada clase política clásica (PP, PSOE, IU…) y a su irresponsable comportamiento en los últimos años. Con ello se consigue seguir profundizando en su ya irreversible descrédito y demolición controlada, y se crea el consenso necesario entre el gran público para facilitar el ascenso de otras fuerzas (lo que podríamos llamar la nueva clase política) que gestionen más eficazmente el Estado, máximo garante (como siempre lo ha sido) de los intereses de las clases dominantes.

Todo apunta a que este no será el último acto del drama (iniciado con el 15M) destinado a quebrar de forma definitiva el actual modelo político español; con toda probabilidad nos quedarán muchas más cosas por ver hasta que la oligarquía consiga consolidar su nuevo proyecto social en el inconsciente de las masas.

Quien tenga curiosidad por saber cómo el Poder recluta a este peculiar tipo de mercenarios para perpetrar sus planes, no tiene más que investigar quiénes fueron los acusados de los asesinatos (que no los asesinos) de Martin Luther King, John Lennon o los hermanos Kennedy. Suele tratarse de personas (habitualmente, pobres diablos) vinculadas de algún modo con los servicios secretos (policiales o militares), con algún tipo de deuda con éstos, y a los que se les propone saldar tal deuda haciendo de cabeza de turco.

NOTAS:
(1) Ataques planeados y ejecutados por un determinado grupo y atribuidos falsamente a otro contra el que se pretende tomar algún tipo de medida política o bélica por parte del primero. La voladura del acorazado Maine, el incendio de Reichstag, el incidente del golfo de Tonkin o el 11S serían algunos de los más destacados ejemplos de este tipo de estrategia.
(2) Además de otra serie de beneficios que han sido investigados hace tiempo por especialistas en el fenómeno de las hinchadas ultras. Su función se podría equiparar a la de la Quinta Columna falangista durante la guerra civil española.
(3) Todo apunta a que se trató de una encerrona por parte de los hinchas del Atlético de Madrid. La idea repetida hasta la saciedad por los medios de comunicación de masas de que se trató de una quedada por internet es muy poco creíble, pues el Frente Atlético cuenta con casi 6.000 integrantes y los Riazor Blues son apenas unos cientos. Además, el último atestado policial desmiente los primeros que se hicieron (y con los que se construyó la versión oficial) al decir que no existen indicios de un desafío cruzado a través de las redes sociales.
(4) http://www.mundodeportivo.com/20141116/atletico-madrid/atletico-futre-dice-que-gil-le-pidio-dejarse-perder-un-partido-ante-el-espanyol-en-la-90-91_54419359764.html
(5) El día 30 de diciembre el Real Madrid jugó un partido amistoso frente al A.C. Milán en los Emiratos Árabes Unidos por el que percibió, oficialmente, 4 millones de euros.

viernes, 2 de enero de 2015

Breve explicación de cómo funciona el actual sistema de dominación

Los dirigentes del actual sistema de dominación saben muy bien que el ser humano es una criatura sometida a instintos, deseos y temores naturales que necesita resolver satisfactoriamente para alcanzar un cierto nivel de bienestar vital. El hombre, igual que otros seres vivos, está sometido irremediablemente a las leyes de la naturaleza.

Tales dirigentes se han dedicado a sobreexcitar artificialmente de diversas formas (desde los informativos televisivos a la moda en el vestir, pasando por el deporte) dichos instintos, deseos y temores con el fin de conseguir que el individuo sienta una mayor y más urgente necesidad de satisfacerlos. Se trata de una antigua estrategia teorizada y perfeccionada, a lo largo de los siglos, por eminentes pensadores (Maquiavelo o Edward L Bernays entre otros).

Este artificial incremento de la necesidad de resolver sus instintos, deseos y temores naturales hace crecer la angustia en los seres humanos y les hace más fácilmente manipulables, sometiéndoles de forma inconsciente a aquéllos que creen que pueden proporcionarles los medios para resolver tales instintos, deseos y temores sobreexcitados artificialmente, por tener el suficiente poder para ello; es decir, a los dirigentes del sistema.

El ser humano no puede (ni tiene porqué) luchar contra sus instintos, deseos y temores naturales, pero sí contra aquellos medios con los que el sistema pretende amplificarlos para hacerle más dócil, sumiso y manipulable. Conocer o desconocer los medios empleados por el sistema para tal fin, y evitar o no la exposición a las fuentes que utiliza el sistema para reproducir tales medios (unas fuentes que no tienen porque ser exclusivamente tecnológicas), hará al hombre más o menos dependiente del sistema, o más o menos libre.

El Poder ha invertido mucho esfuerzo en el estudio de la naturaleza humana (especialmente en los últimos tiempos) con el fin de descubrir los modos más eficaces de subyugarla a sus intereses. Paradójicamente, esos mismos estudios pueden ser también de gran utilidad a aquéllos que deseen alcanzar la liberación; sólo hace falta saber interpretarlos correctamente y adaptar sus descubrimientos al fin propuesto. Un ensayo sobre marketing empresarial puede convertirse en un improvisado manual de liberación.