lunes, 12 de febrero de 2018

La demonización de Donald Trump y la lógica del mal menor como estrategia para garantizar la supervivencia del sistema

"Es cierto que siempre hay entre nosotros dos partidos que se combaten con la pluma y con intrigas; pero también es cierto que siempre se unen cuando se trata de tomar las armas para defender la patria y la libertad. Se odian, pero aman al Estado: son amantes celosos que sirven a porfía a la misma querida." (Voltaire, La princesa de Babilonia, cap. VIII)


Preguntes a quien preguntes sobre Donald Trump, lo más probable es que la persona interrogada no tenga una opinión muy favorable sobre el magnate norteamericano -ahora convertido en presidente de los Estados Unidos-. Te invito a que hagas una encuesta sobre Trump entre tus amigos y familiares; comprobarás que sólo con mencionar su nombre, las personas sometidas a tus preguntas entrarán casi instantáneamente en un estado alterado de la conducta, su ceño se fruncirá y comenzarán a proferir todo tipo de exabruptos sobre el personaje en cuestión.

Pero, ¿por qué tanta animadversión hacia este individuo, si la mayoría de las personas que tanto le odian ni siquiera entienden el inglés, apenas saben de política y por supuesto no viven en Estados Unidos, por lo que ni sufren ni sufrirán ninguna de las supuestas medidas adoptadas por Trump en los últimos tiempos?

Desde el momento que Trump anunció su candidatura a la presidencia de Estados Unidos, todos los grandes medios de comunicación de masas -sin excepción y a escala internacional- se han dedicado a tratarle como si fuera el mismísimo diablo. La unanimidad ha sido total en este sentido. Machista, racista, loco, payaso han sido los adjetivos más repetidos en los grandes medios para retratar a este personaje.

Es curioso que los medios de comunicación capitalistas hayan tratado de este modo a alguien que siempre ha sido uno de los suyos, un trato que habitualmente se reservaba para satanizar exclusivamente a los líderes de otras ideologías o países rivales (véase Hugo Chávez, Fidel Castro o Vladimir Putin). ¿Es que de repente a las grandes corporaciones mediáticas capitalistas les ha dado un ataque de honestidad e independencia? O ¿es que quizás las nuevas medidas de Trump podrían perjudicar los multimillonarios intereses de dichas corporaciones mediáticas? Pues ni una cosa ni la otra. Trump no es un enemigo, es un aliado disfrazado de enemigo. Es sólo un recurso más del capitalismo para forzar a que la gente acabe entrando por el aro. Se trata de una nueva bandera falsa.

La demonización que los grandes medios han hecho de Trump -y que Trump, como buen actor que es, ha reforzado con su actitud arrogante y sus controvertidas declaraciones públicas- está siendo de gran utilidad para generar miedo y tensión entre la inmensa mayoría de la población mundial, para que ésta acabe por aceptar como buena la solución del mal menor, es decir, para que la gran mayoría se entregue irracionalmente en brazos de aquellos que tienen el poder y los medios para protegerles: los capitalistas "moderados". En definitiva, todo esto no es más que una nueva versión del viejo juego del "poli bueno y poli malo", empleado toda la vida por la policía  para que acabes entregándoles tu voluntad. Trump y Hillary están en el mismo equipo, el pringado eres tú.

Gracias a Trump, el problema ya no es que los mexicanos (u otros inmigrantes de otras nacionalidades) que entran en los Estados Unidos de Norte América sean explotados en trabajos de mierda, el problema ahora es que estos mexicanos no puedan entrar para ser explotados en trabajos de mierda. Gracias a Trump, la opinión pública mundial está reclamando la entrada masiva de inmigrantes en Estados Unidos y en otros países capitalistas aliados (España entre ellos), pero nunca la mejora de sus condiciones salariales, lo cual precarizará aún más las actuales condiciones de la clase obrera nativa ("si tú no quieres trabajar por el salario mínimo, ya lo hará un inmigrante") y, por consiguiente, mejorará sustancialmente los margenes de beneficios de las grandes compañías capitalistas.

Gracias a Trump, el problema no es que la incorporación masiva de la mujer al mundo laboral haya supuesto un aumento de la competitividad entre los trabajadores, el problema es que no haya más mujeres dispuestas a competir por un puesto de trabajo en el mercado laboral "con el fin de demostrarle a ese cerdo machista que se equivoca", beneficiando con ello, como en el caso anterior, los intereses del capitalismo.

Y así con todo lo demás. El objetivo es provocar una reacción emocional en las masas, nunca racional. Se trata de activar nuestros instintos cainitas, nuestro rencor acumulado y ansia de venganza, de tal modo que nos sea imposible pensar de un modo lógico. En el fondo, se trata de algo muy parecido a lo que se ha hecho toda la vida para que los pobres fueran a matarse por los reyes o los emperadores a las guerras. El argumento es el mismo: "es posible que conmigo estés mal, pero con el otro estás peor. Únete a mí, y estarás mal, pero menos mal que con el otro". Como bien saben los sociólogos, las masas son conservadoras por naturaleza y, ante una situación límite (real o artificialmente creada), aceptarán inconscientemente la solución menos mala que se les proponga.

Mientras se siga teniendo como referencia a los intelectuales universitarios, que no saben ni sabrán jamás lo que es dejarse la piel en una cadena de montaje o encima de un andamio y cuyo principal acto revolucionario consiste en votar cada cuatro años a los pijos de Podemos y participar activamente (o pasivamente) en el día del orgullo gay, el sistema tendrá su continuidad garantizada, podrá seguir tranquilamente tomando el pelo como idiotas a la mayoría.

Además de todo lo dicho anteriormente, esta demonización y persecución absolutamente irracional de la figura de Trump brinda al sistema una oportunidad inmejorable para reforzar los argumentos de los neoliberales más recalcitrantes en favor del capitalismo.

Al presentar a Trump, a todo lo que el representa (el capitalismo más descarnado) y a sus defensores como víctimas de un totalitarismo fanático de corte socialista, los liberales ya no necesitan justificar nada mediante argumentos racionales; la explotación del hombre por el hombre y la deshumanización que ello conlleva deja de ser tema de debate, aprovecharse de la estupidez y de las debilidades humanas de tus semejantes para ponerlos a tu servicio pasa ser algo incuestionable, pues al ser ahora los liberales las víctimas de la irracionalidad izquierdista, eso mismo les basta y les sobra para justificarse y autoproclamarse como los nuevos paladines de la razón. Nuevamente nos encontramos ante un razonamiento irracional, aunque igualmente efectivo.

Todo esto no es más que una estrategia habitual de la ideología de la clase dominante para seguir siéndolo: travestirse de disidencia a través de la demagogia (aquí un ejemplo y aquí otro), una estrategia que es muy difícil de ser derrotada debido a su alto grado de inconsciencia. Y es que nunca conocerás a nadie que piense de sí mismo que es una mala persona (o más mala que los demás); la hipocresía es siempre la clave para garantizar la estabilidad emocional de una persona dominada por la avaricia. Se trata del viejo fariseísmo de toda la vida: "los otros son más malos y más tontos que yo, y eso me da derecho a dominarles. Lo que hago lo hago porque si les dejara a ellos, todo seria un caos, no por las ganancias que ello me proporciona, las cuales me las merezco por la gran labor que realizo".

Anexo: Capitalismo explicado para idiotas (lectura especialmente recomendada para jóvenes emprendedores)

El objetivo del capitalismo no es el de crear puestos de trabajo con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas empleadas; el objetivo del capitalismo es el de crear puestos de trabajo con el fin de que las personas empleadas sometan sus vidas a sus empleadores. El capitalismo no persigue fines filantrópicos, sino el sometimiento de la mayoría a los caprichos de una minoría. Esto hace del capitalismo una ideología ideal para la supervivencia de la autoridad del Estado. Igual que antiguamente los reyes eran los representantes de Dios en la tierra, y el Estado el encargado de administrar su voluntad, hoy el capitalismo es de la misma utilidad al Estado que en su día la religión: ordenar el caos. El capitalismo, igual que la religión, es una mera utopía, y los capitalistas (con su plusvalía), igual que los curas (con su diezmo), no habrían sobrevivido a la ira de las masas oprimidas si no fuera por la defensa que el Estado hizo y hace de unos y de otros a través de todos sus aparatos ideológicos (escuela, prensa...) y represivos (policía, ejército...). En las sociedades agnósticas y científicas en las que hoy vivimos, Dios ha sido sustituido por el capital para que el Estado pueda seguir cumpliendo la misma función: esclavizar a la mayoría.

Repito, el capitalismo funciona gracias a la sacralización cultural que nuestra sociedad ha hecho de la explotación del hombre por el hombre y, especialmente, gracias a la defensa armada que el Estado hace de esta nueva forma de religión. Si el capitalismo no hubiera sido de utilidad al Estado como método de esclavización, hace tiempo que habría desaparecido.

martes, 30 de enero de 2018

¿Qué se esconde detrás del proceso independentista de Cataluña?

"Cuando contemplo el espectáculo de tantas repúblicas florecientes hoy en día, las veo como una gran cuadrilla de gentes ricas y aprovechadas que, a la sombra y en nombre de la república, trafican en su propio provecho." (Tomás Moro, Utopía)

Comprender todo lo que está pasando en los últimos tiempos en Cataluña y en España (en relación con Cataluña) es muy sencillo, sólo hace falta plantearse las preguntas adecuadas. En las siguientes líneas te propongo algunas que pondrían serte de gran utilidad en tal propósito.

¿Qué está suponiendo para el ciudadano de a pie toda la información que le llega cada día sobre el llamado proceso independentista de Cataluña? Estaremos de acuerdo en responder a esta pregunta diciendo que la información que le llega al ciudadano de a pie sobre este tema sólo le está proporcionando enormes dosis diarias de encabronamiento y mala leche. Esto es fácil de comprobar teniendo una breve conversación sobre el tema con tus amigos o familiares más cercanos, o, simplemente, analizando los memes que recibes por facebook o whatsapp. Si eres catalanista, estos memes tendrán como finalidad encabronarte con los españolistas; y en el caso de que seas españolista, tales memes servirán para encabronarte con los catalanistas.

La segunda pregunta para comprender lo que verdaderamente se esconde detrás del proceso independentista catalán es la siguiente: ¿Cómo le está llegando al ciudadano de a pie la información sobre este asunto que tanto le está encabronando? Convendrás conmigo en que la principal fuente de información para el ciudadano de a pie sobre este tema están siendo los grandes medios de comunicación de masas, fundamentalmente la televisión, la radio, la prensa escrita y las grandes plataformas corporativas de internet.

Y tercera y última pregunta: ¿por qué los medios de comunicación de masas están tan interesados en llevar hasta el salón de todos los hogares españoles la última hora sobre el asunto catalán? ¿Por qué esos mismos medios que te animan a dilapidar diariamente tu salario en mil y un productos innecesarios, a consumir bebidas y alimentos insanos, esos medios que estupidizan tu mente con concursos, series y programas chabacanos y de mal gusto, que por la noche te animan a apostar tu dinero al rojo-impar-y-pasa o a llamar a un adivino para que te lea el futuro; repito, por qué esos medios están tan interesados en informarnos al detalle sobre este asunto? ¿Lo hacen por nuestro bien? ¿Eso va servir para que nuestro día a día mejore? ¿Para que tu jefe sea menos hijo de puta o tu vecino más amable?


Pero antes de dar una respuesta definitiva a esta pregunta, es necesario comprender qué sentido tiene en nuestros días que un pueblo como el catalán reivindique con tanto empeño el derecho a la autodeterminación -con el fin de constituir un Estado independiente- y que un Estado como el español ponga tantos obstáculos a estas reivindicaciones -con la excusa de defender la unidad y soberanía del Estado.

El derecho de las naciones a la autodeterminación es una reivindicación decimonónica, sin sentido en una sociedad como la nuestra, sumida en la cibernética y la globalización. Reivindicar hoy el derecho a la autodeterminación de los pueblos tiene el mismo sentido que reivindicar el derecho a la tierra. La globalización es ya un hecho que no tiene vuelta atrás, y no encontrarás a nadie dispuesto a renunciar a ella, del mismo modo que tampoco encontrarás a mucha gente dispuesta a volver al campo (derecho a la tierra). De hecho, la inmensa mayoría de los catalanistas y españolistas más representativos son tecnófilos recalcitrantes, incapaces de vivir desconectados más de 15 minutos de las globalizantes redes sociales.

Tanto Cataluña como el resto de España carecen hoy de todo rasgo "identitario". Tanto Cataluña como España se estructuran y se rigen hoy por las mismas leyes que prácticamente la totalidad de las naciones del planeta: las leyes del capitalismo transnacional, al cual están hoy completamente sometidos los medios de comunicación que han dado y están dando tantísimo la lata con el asunto de Cataluña.

Llegados a este punto se hace inevitable una nueva pregunta: ¿por qué los medios de comunicación de masas están organizando el enorme revuelo que están organizando con este tema, si la autodeterminación de un pueblo como el catalán o la defensa de la soberanía nacional de un Estado como el español, absorbidos ambos por la más homogeneizante globalización capitalista desde hace tiempo, es a todas luces algo imposible en nuestros tiempos?

La respuesta es sencilla: por lo mismo que dan tanto bombo a otros temas como el terrorismo, la violencia de género, Venezuela, Irán, Corea o Donald Trump. El objetivo es muy simple: manipular tu mente para que nunca te cuestiones el sistema que te esclaviza.

El sistema de producción capitalista se basa en la explotación del hombre por el hombre y en el desarrollo ilimitado de esta explotación como único medio de supervivencia (la competencia capitalista), lo cual nos ha conducido a la destructiva, delirante e inhumana sociedad del "todos contra todos" en la que, nos guste o no, estamos condenados a vivir. Este insano modo de vida nos está llevando a los individuos al padecimiento de todo tipo de trastornos psíquicos y emocionales, lo que nos ha conducido a la más absoluta neurosis colectiva y a la autodestrucción social. Esta crítica situación de miseria existencial sería fácilmente identificable por la gran mayoría de la población si no fuera por la labor de desinformación y adoctrinamiento que hoy realizan los medios de comunicación de masas.

Los grandes medios de comunicación de masas están hoy, más que nunca, en manos de los grandes grupos oligárquicos como consecuencia inevitable del proceso lógico de concentración o monopolización que caracteriza al capitalismo. Por lo tanto, su labor principal consiste en proteger y en fortalecer la mano que les alimenta. En este sentido, canalizar el malestar de la población hacia "un enemigo exterior", enfrentando a pueblos, etnias e incluso a sexos entre sí, es el método más eficaz para eximir de toda responsabilidad al sistema de producción capitalista, al mismo tiempo que permite una mayor concentración de poder con la excusa de poner solución a tales conflictos. Es decir, la función hoy de los medios de comunicación de masas consiste en alimentar conflictos sociales que desvíen la atención de los ciudadanos del verdadero origen de su malestar (la explotación capitalista) y que, a su vez, sirvan para crear una mayor concentración de poder con la excusa de atajar el problema creado artificialmente, pero cuyo verdadero objetivo será evitar la rebelión (o simplemente la deserción) de los individuos contra un sistema que les está deshumanizando. Concretamente, con todo el tema del conflicto catalán es como si los medios nos dijeran: "vives en el mejor de los mundos posibles, tu malestar se debe únicamente a lo malos que son los catalanes o los españoles. Pero no te preocupes, lo único que tienes que hacer es confiar en el sistema, el resolverá el problema". Así, el ciudadano medio, alarmado por el creciente incremento de la tensión social, entregará su confianza a entidades supra-estatales que, desde una posición supuestamente neutral, puedan resolver mejor el ilusorio conflicto. Una vez los ciudadanos han entregado su confianza a dichas instituciones, ya está todo hecho: éstas, empoderadas como nuevos mandatarios, expondrán la economía de estos territorios a una mayor influencia de las hoy incuestionables y sacrosantas leyes del libre-mercado, profundizando un poco más en el proceso de desnacionalización de las economías y contribuyendo con ello a una mayor monopolización del planeta por el capitalismo transnacional.

La retransmisión a escala planetaria de este ficticio enfrentamiento nacionalista entre catalanistas y españolistas servirá al capitalismo globalista para justificar el surgimiento de otros conflictos parecidos en otros lugares del planeta, igualmente alentados por los medios de comunicación al servicio del capitalismo y con la misma finalidad: dividir y globalizar.

Este comportamiento del sistema de dominación, al no dar solución al malestar social (originado por la explotación), sólo consigue aumentarlo, viéndose obligado cada cierto tiempo a organizar nuevos montajes que permitan una mayor concentración de poder para conseguir contener el creciente descontento, y así ad infinitum, haciendo con ello que la vida social sea cada vez más insufrible. Pero es que lo último que les interesa a aquellos que ostentan el poder es solucionar nuestros problemas; lo único que les importa, tanto ahora como hace miles de años, desde Alejandro Magno a Isabel II de Inglaterra o Felipe VI de España, es seguir llenándose los bolsillos a nuestra costa, utilizando para ello sistemas totalitarios y de corte esclavista.

Si Dios y el cristianismo fueron en su día un recurso muy eficaz para justificar un poder absolutista, hoy, el capital y las leyes del libre mercado cumplen esa misma función. Cuando la mayoría de la gente descubra que el capitalismo es una mera farsa para encubrir un orden totalitario, acabará siendo sustituido por otro sistema de ideas con el mismo propósito: hacernos esclavos sin que seamos conscientes de ello. De hecho, actualmente nos encontramos en una fase de transición, donde la tecnología y la cibernética se acabarán convirtiendo en el nuevo credo dominante y el capitalismo pasará a ocupar un papel subsidiario, tal y como hoy ocupa la religión.

"La sociedad humana se ha sometido por setenta siglos a leyes corruptas, y así llegó a perder la comprensión de las leyes superiores y eternas." (Khalil Gibrán)

jueves, 11 de enero de 2018

Los shows mediáticos de las desapariciones de mujeres. El trauma colectivo como medio de control social

"Toda ficción debería tener una intención moral; y, lo que es más, los críticos han descubierto que no hay ficción que no la tenga." Edgar Allan Poe, Nunca apuestes tu cabeza al diablo


https://www.ivoox.com/shows-mediaticos-desapariciones-audios-mp3_rf_23079900_1.html

Hoy, la base del control social es la sugestión. En la actualidad, el control de las sociedades se realiza mediante el uso de sofisticadísimas técnicas destinadas a movilizar exclusivamente las emociones y el lado más irracional de los individuos. La conversión en un morboso espectáculo mediático de supuestas desapariciones de mujeres jóvenes o de niñas es un ilustrativo ejemplo. ¿Por qué un asunto que debería quedar exclusivamente en manos de la policía es convertido por los medios en un trauma colectivo? Es muy significativo que no se haga lo mismo con las miles de tragedias reales que tienen lugar cada año en los centros de trabajo por culpa del abuso de poder ejercido por muchos superiores hacia sus subordinados.

El objetivo buscado con la retransmisión diaria de estas morbosas historias es la moralización de los individuos, especialmente de los varones, con el fin de inocular en su psique sentimientos de culpa que les hagan ser más fácilmente manipulables por el sistema.

Las ficciones utilizadas en su día por la religión para moralizar a la población -y por lo tanto para someterla- ya no funcionan, por lo que el sistema se ha visto en la necesidad de idear otras.

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Vídeo-musical recomendado:
Type, Living Colour

Artículo recomendado:
La batalla por tu mente. Persuasión y Técnicas de lavado de cerebro utilizadas en el público hoy en día, Dick Sutphen

sábado, 15 de abril de 2017

El capitalismo como sucesor espiritual del cristianismo



El capitalismo no es más que una evolución del cristianismo, la adaptación de un mismo espíritu a unos tiempos nuevos. Probablemente, con el paso del tiempo y con los nuevos avances, el capitalismo irá, poco a poco, perdiendo su influencia social, igual que le ocurrió al cristianismo, para dejar paso a un nuevo sistema de ideas, bajo el que subyacerá el mismo espíritu. De hecho, lo que en su día dio forma a la idea del paraíso celestial, y más tarde a la del Estado del bienestar, es lo mismo que hoy está detrás de internet; no hay tanta diferencia entre la antigua mojigatería, el materialismo burgués y la moderna adicción a las cibernéticas redes sociales.

"Somos seres muertos desde el momento de nacer. Además, hace ya mucho tiempo que no nacemos de padres vivos, lo que nos complace sobremanera. Pronto descubriremos el modo de nacer directamente de las ideas." (Fiódor Dostoyevski, Memorias del subsuelo, Parte II)

http://www.ivoox.com/capitalismo-como-sucesor-espiritual-del-cristianismo-audios-mp3_rf_18041294_1.html

Material adicional incluido en el audio:
Extractos de películas
- La chaqueta metálica (1987), dirigida por Stanley Kubrick
- The game (1997), dirigida por David Fincher, escena interpretada por Michael Douglas y Armin Mueller-Stahl
Tema musical
- El centro de tus ojos, del grupo musical Amaral

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Recomendaciones complementarias

Trainspotting - Prefiero el trapecio



Y para terminar, os invito a meditar con este sugestivo tema musical

lunes, 27 de marzo de 2017

La homosexualidad, un efecto colateral del ginocentrismo (audio)

"¡Ay, ay! ¡Oh altaneras, destructoras de las familias, Erinis de la muerte, que habéis aniquilado de raíz el linaje de Edipo!" (Esquilo, Los siete contra Tebas)



https://www.ivoox.com/homosexualidad-efecto-colateral-del-ginocentrismo-audios-mp3_rf_17763818_1.html

La homosexualidad no es una tendencia sexual natural; si lo fuera, hace tiempo que nos habríamos extinguido como especie. Se trata simplemente de un fenómeno cultural, lógico y comprensible en una sociedad donde la virilidad viene siendo satanizada desde hace siglos. La popularidad de la que hoy goza esta tendencia sexual es consecuencia directa de la radicalización del sistema de ideas imperante (ginocentrismo), expresión, a su vez, del estado de decadencia extrema en el que nos encontramos.

Material adicional incluido en el audio:
Extractos de películas
- Marnie la ladrona (1964), de Alfred Hitchcock, escena interpretada por Sean Connery
- Demolition man (1993), de Marco Brambilla, escena interpretada por Wesley Snipes
Tema musical
- After the flesh, del grupo musical My life with the thrill kill kult

(Para complementar con más detalles lo aquí expuesto, recomiendo la lectura del artículo La homosexualidad, un efecto colateral del ginocentrismo)

miércoles, 8 de marzo de 2017

Saúl Craviotto, la violencia de género y twitter, el Gran Hermano en la era cibernética

"Pero en ese mismo instante, produciendo con ello un hondo suspiro de alivio en todos, apareció el rostro del Gran Hermano, con su negra cabellera y sus grandes bigotes negros, un rostro rebosante de poder y de misteriosa calma y tan grande que llenaba casi la pantalla." (George Orwell, 1984, parte I, capítulo I)


Recientemente, el piragüista olímpico español Saúl Craviotto, miembro a su vez del Cuerpo Nacional de Policía, publicó en su cuenta de twitter un vídeo animando exclusivamente a las mujeres a que denunciaran a sus parejas masculinas en caso de malos tratos. Inmediatamente, todos los grandes medios de comunicación (televisión y radio principalmente) se hicieron eco de las declaraciones de este medallista olímpico y policía nacional, dando así a sus palabras una repercusión mediática mucho mayor que si éstas se hubieran quedado en el ciberespacio.

Estas declaraciones, como tantas otras realizadas en los últimos tiempos por importantes personajes públicos, han contribuido muy eficazmente a aumentar el alarmismo social en torno a algo que no debería ocupar más espacio que la página de sucesos de los periódicos, al tratarse de un fenómeno marginal y bastante minoritario, además de por ser algo que debería considerarse como de la esfera privada de los individuos y no un circo mediático. Crear todo este alarmismo con la excusa de tratar de solucionar algo tan complejo como esto -tan o más complejo que el suicidio-, es un auténtico ejercicio de futilidad. Es como si se tratara de evitar que la gente se volviera loca mediante el uso de propaganda gubernamental, diciéndoles algo así como: "Por favor, amigos, no os volváis locos".

Hace unos años, cuando aún había un cierto respeto por la dignidad de los individuos, todo esto habría sido impensable o considerado propio de una sociedad infrahumana. Ni los curas se metían tanto en la vida privada de las personas. Y si lo hacían, eran mucho más discretos y no armaban el escándalo que arman hoy las feministas y los feministos. Aún así, los curas eran vistos con malos ojos por la mayoría de la población precisamente por eso, por meterse en alcobas ajenas a pontificar.

El objetivo de crear alarma social en torno a la violencia intrafamiliar, hablando sólo de aquellos casos en los que las víctimas son mujeres y pasando por alto todas las causas de lo sucedido (incluso la defensa propia), no es otro que el de moralizar al conjunto de la población masculina a través de la presión social. Al presentarnos la violencia intrafamiliar como un fenómeno causado exclusivamente por los varones, lo que se busca es culpabilizar, avergonzar y, de este modo, convertir al conjunto de la población masculina en sujetos acomplejados y fáciles de manipular. No nos engañemos, el bienestar de las mujeres les importa muy poco a los promotores de este maquiavélico plan; si les importara, no habrían convertido todo este asunto en una paranoia colectiva, pues eso sólo las está neurotizando.

Lo llamativo de este caso es el hecho de que haya sido un policía el elegido como personaje principal para representar toda esta gran farsa mediática.

Que un policía, que además es un personaje público con repercusión mediática, anime tan alegremente a las mujeres (y sólo a las mujeres) a presentar denuncias como si tal cosa, sin pararse si quiera a pensar que éstas podrían actuar, en muchos casos, movidas por otros intereses (conseguir un divorcio express, quedarse con la custodia de los hijos y con parte de los bienes del marido o, sencillamente, por venganza), no es simplemente un inocente y espontáneo acto por parte de un individuo aislado, sino un paso más, perfectamente orquestado por el Estado, en la actual campaña de criminalización e intimidación de la población masculina. La mejor prueba de la existencia de una premeditación gubernamental es que, al tratarse de un miembro de los llamados cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, Saúl Craviotto debería haber sido inmediatamente cesado por su irresponsabilidad, por sembrar alarma social y por lo tanto inseguridad, cosa que no ha sucedido ni sucederá nunca.

La gente no es tonta. No hace falta que salga un madero para decirles que denuncien. Si un madero sale públicamente animando a la gente a que denuncie, concretamente a que las mujeres denuncien a los hombres a la más mínima sospecha, se da a entender que no habrá consecuencias jurídicas para la delatora, con independencia de que las denuncias pudieran ser consideradas verdaderas o falsas, concediendo impunidad a la maldad de muchas mujeres y aumentando así el nivel de intimidación hacia los hombres.

En cualquier caso, no hay mal que por bien no venga, y el vídeo publicado por Craviotto en su cuenta de twitter nos concede una oportunidad única para analizar las técnicas y los mecanismo de control social de los que se vale el poder en las complejas sociedades del siglo XXI, donde no se duda lo más mínimo en utilizar todos los subterfugios legales posibles para alcanzar un control totalitario de la población (especialmente de la masculina).

La policía, como institución, no puede decir abiertamente, a través de un medio de comunicación de masas, que la gente no dude en denunciar a su vecino a la mínima, pues resultaría demasiado obvio que nos encontramos bajo un sistema policial no muy diferente al estalinismo, y eso pondría a casi todo el mundo en su contra, más, cuando desde todos los sitios se nos repite una y otra vez que el capitalismo es una especie de paraíso de las libertades, donde la invisible mano del mercado actúa como si fuera la Divina Providencia. Por eso necesita actuar con una gran discreción. Y ¿qué es lo que hace? Pues un miembro del cuerpo, relativamente famoso y con cuenta en twitter, pone un mensaje en ese sentido y, posteriormente, los medios de comunicación de masas se hacen eco de él. Nadie puede ser acusado de nada porque nadie es culpable de nada, pero el objetivo se ha conseguido: intimidar al conjunto de la población masculina. Cravitto puede alegar en su defensa que su intención no era que los medios masivos recogieran sus palabras, y la policía, que simplemente se trata de la opinión aislada de un miembro del cuerpo que ha hecho uso de su legítimo derecho a la libertad de expresión, y que por lo tanto, nada tiene que ver con un acto de propaganda policial. Sin embargo, todo esto no es más que un tremendo ejercicio de cinismo, pues un miembro de un cuerpo militar como es la policía no puede actuar como un simple civil, y más, tratándose de un tema tan delicado como éste. Es de sobra sabido que, una vez ingresas en la policía, tus intervenciones públicas quedan supeditadas a la policía; si cada uno fuera a su bola, sería un cachondeo. Todo este modo de proceder tan cínico es muy parecido a lo que Orwell llamaba el doblepensar [1], cuyo objetivo consistía en camuflar todo lo posible un modo de proceder absolutamente totalitario. Por último, siempre nos pueden decir que, al tratarse de una campaña virtual, todo fue absolutamente aséptico: "nadie resultó herido porque nadie fue obligado a nada a punta de pistola"; que la culpa no es de quien habla, sino de quien escucha, por querer escuchar pudiendo no hacerlo: "nadie obliga a la gente a ver la tele o a mirar internet, ¡sólo faltaba que el sacrosanto derecho a la libertad de expresión fuera puesto ahora en duda! Lo próximo sería abolir la propiedad privada, y entonces, ya no habría forma legal de amparar este sistema, los amigos del comercio tendrían que inventar otra forma más sutil de seguir esclavizando a la "plebe" sin que se dieran cuenta."

El poder político es por esencia totalitario; necesita someter a los individuos en su totalidad, de un modo integral, desde su nacimiento hasta su muerte, pasando por el resto de las etapas de la vida; y especialmente necesita someter a los hombres, por tratarse del mayor recurso productivo con el que cuenta. Además, al tratarse de un modelo social milenario, que se ha estado retroalimentando a sí mismo durante siglos -de oriente a occidente-, el propio sistema ha entrado en una dinámica totalitaria consigo mismo (en esto consiste la decadencia de la que hablan los historiadores), autorregulándose y perfeccionándose por sí solo. En este sentido, la ideología de género sería sólo una evolución de los antiguos totalitarismos, destinada a sustituir a las religiones antiguas y a las ideologías decimonónicas, que ya estaban muy desgastadas y habían perdido prácticamente toda su influencia.

En el fondo, la ideología de género no es más que una adaptación del viejo sistema moral judeocristiano a los nuevos tiempos. El hecho de que su principal objetivo sea el disciplinamiento de los hombres mediante la satanización de la virilidad y la neurotización de las mujeres en su contra, es la mejor prueba de ello. Igual que el judeocristianismo, busca un control total e integral de los individuos a través de su debilitamiento psíquico (complejos de culpa, represión sexoafectiva, adoctrinamiento, etc.). La actual virulencia de este nuevo sistema moral se debe a que nos encontramos en el período culminante de la transición entre la desaparición definitiva de uno y la implantación del otro. Muchas personas han visto en esta naciente religión una forma de escalar posiciones en la pirámide social, y la competencia es feroz: todo el mundo quiere hacer méritos con el fin de ocupar los mejores puestos, todos quieren ser reconocidos como los mejores representantes de la nueva casta sacerdotal.

Este tipo de voluntad de poder, por ser una voluntad de poder que se afirma en la negación de la vida, acabará por conducir al "generismo" y a todos sus representantes al mismo lugar que a sus predecesores: al vertedero de la historia. Tarde o temprano, la gente, agotada por esta nueva forma de nihilismo [2], acabará igual de harta que lo acabó del cristianismo, y entonces su influencia comenzará a descender, y volverán a rodar cabezas... para dar paso a una nueva forma de totalitarismo... aún más perfecto. 

"Lo torcido no puede enderezarse" (Eclisiastés 1, 15)



Notas:
[1] George Orwell, debido a su condición de corresponsal de la BBC y de colaborador habitual de los servicios secretos británicos, era un gran conocedor de las entrañas del sistema que derrotó primero al nazismo y posteriormente al comunismo, y en su obra "1984" dejó plasmadas algunas de las claves de la superioridad de dicho sistema. El doblepensar sería una de ellas. "Doblepensar significa el poder, la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente, dos creencias contrarias albergadas a la vez en la mente. (...) El doblepensar está arraigado en el corazón mismo del Ingsoc, ya que el acto esencial del Partido es el empleo del engaño consciente, conservando a la vez la firmeza de propósito que caracteriza a la honradez. Decir mentiras a la vez que se cree firmemente en ellas. (...) El gran éxito del Partido es haber logrado un sistema de pensamiento en que tanto la conciencia como la inconsciencia puedan existir simultáneamente. (...) Si uno ha de gobernar, y seguir gobernando siempre, es imprescindible que desquicie el sentido de la realidad. (...) En nuestra sociedad, aquellos que saben mejor lo que está ocurriendo son a la vez los que están más lejos de ver al mundo como realmente es. En general, a mayor comprensión, mayor autoengaño: los más inteligentes en esto son los menos cuerdos. (...) Estas contradicciones no son accidentales, no resultan de la hipocresía corriente. Son ejercicios de doblepensar. Porque sólo mediante la reconciliación de las contradicciones es posible retener el mando indefinidamente. (...) Si los Altos, como los hemos llamado, han de conservar sus puestos de un modo permanente, será imprescindible que el estado mental predominante sea la locura controlada." (1984, parte II, capítulo IX). En el fondo, George Orwell, con el término doblepensar, sólo estaría describiendo el milenario fariseísmo de las castas sacerdotales judeocristianas, algo identificado por Nietzsche de forma mucho más precisa varias décadas antes: "Ese disimulo de sí mismo, ocultándose detrás de una santidad; ese disimulo, monstruosamente genial, que no se ha alcanzado nunca en otro lugar, ni en los libros ni en los hombres; esa falsificación de palabras y de hechos convertida en arte, no son producto de un don individual, de un temperamento de excepción. Eso es debido a la raza. El arte de mentir santamente, que es tan propio del judaísmo y cuyo aprendizaje es uno de los más difíciles y exige un perfeccionamiento técnico de muchos siglos de duración, ha alcanzado el grado más elevado de perfección en el cristianismo." (El Anticristo, 44). Sería asunto para otra reflexión, pero es muy probable que la propia novela de Orwell fuera también un ejercicio de doblepensar, donde, utilizando el recurso literario de la ciencia-ficción, se tratara de hacer pasar como algo totalmente ajeno a este mundo un sistema que sus contemporáneos tenían justo delante de las narices, igual que hacen hoy quienes utilizan el género de la conspiranoia, cuyas bases sentó en los 70 Robert Anton Wilson (otro colaborador habitual de los servicios secretos anglofilos y apóstol del transhumanismo) en su obra Illuminatus!
[2] Tanto el cristiano como el capitalista o el socialista son expresión de esta voluntad nihilista, de esta voluntad de fin, pues necesitan negar la vida para imponerse; en lugar de dejarse arrastrar por ella, necesitan dominarla. El poeta inglés William Blake llegó a la conclusión de que los que están en la cima del poder son los individuos más débiles y enfermos, los más reprimidos, porque poseen una capacidad de la que no dispone la mayoría: la de negarse a la vida, la de no dejarse arrastrar por las energías vitales. "Los gigantes que dieron a este mundo existencia sensible, y que ahora parecen vivir en él encadenados, son, en verdad, la causa de su vida y la fuente de toda actividad. Mas las cadenas son la astucia de mentes débiles y sumisas que tienen poder suficiente como para resistir la energía. De acuerdo con el proverbio, el débil en coraje es fuerte en astucia." (El matrimonio del cielo y el infierno)

martes, 28 de febrero de 2017

La homosexualidad, un efecto colateral del ginocentrismo

"Yo siempre he creído que son muy pocos los que sobreviven a una madre. (...) Mi libro trata sobre los valores en decadencia, ¿comprendes? Verás, resulta que hace años escribí un cuento sobre mi madre, titulado "La sionista castradora", y quiero convertirlo en una novela." (Woody Allen, Manhattan)

Las teorías oficiales sobre la homosexualidad, las llamadas teorías de género, parecen más próximas a la religión que a la ciencia. Y es que, según lo que sostienen estas teorías, parecería que los homosexuales fueran homosexuales debido a una especie de intervención sobrenatural. La homosexualidad aparecería en determinadas personas de repente, sin más, como por arte de magia; a unos les tocaría ser homosexuales y a otros no, y ya está, no hay más que hablar, se trata de una simple cuestión de azar. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas.

Hasta la fecha, todas las civilizaciones han sido esencialmente ginocentristas, es decir, se han venido estructurando poniendo en el centro a la mujer, o mejor dicho, su vagina. Esta adoración y sobrevaloración de todo lo femenino, en los períodos de decadencia, acaba degenerando en misandria (odio al hombre), ante lo cual, muchas personas acaban optando por la homosexualidad como una vía de escape a las tensiones sociales, como una forma de adaptarse a una sociedad en la que todo lo masculino es visto cada vez con mayor repulsión. Muchos niños, desde muy pequeños, debido a este clima de misandria, inconscientemente castrarán sus tendencias sexuales naturales con el fin de ganarse algo tan importante para ellos como es el afecto y el amor de una madre, de una hermana o de cualquier otra mujer con la que se críen.

El creciente auge de la homosexualidad en nuestros tiempos no es sino una consecuencia lógica de una sociedad ginocentrista que se hunde en su decadencia debido a la continuada y progresiva condescendencia con todos los caprichos de las mujeres.

El sistema sabe que no puede combatir la decadencia. No puede decirles a las mujeres que se han vuelto unas misándricas insoportables y que ellas son las culpables de la homosexualidad de sus hijos o hijas (hermanos o hermanas), porque perdería su apoyo; por eso prefiere nadar a favor de corriente. Esta sería la razón por la que hoy la homosexualidad es vista con tan buenos ojos. No es que la homosexualidad se esté promocionando con el propósito de convertirnos a todos en maricas, esto es algo que no se puede conseguir a través de la propaganda; lo que se pretende es ganarse el favor de unas masas hiperginocentristas que, inconscientemente, perciben la homosexualidad como el ideal de doma masculina o de liberación femenina.

Además, esta promoción de la homosexualidad es muy útil al sistema para avergonzar a los individuos sexualmente sanos y convertirles en siervos aún más dóciles y productivos. Al poner al mismo nivel algo normal y algo que no lo es y lanzarse con furia inquisitorial contra todo aquel que se niega a aceptar semejante estado de cosas, se consigue generar un profundo sentimiento de inseguridad entre los individuos, haciéndoles así mucho más vulnerables a la manipulación sistémica [1]. Todo muy parecido a lo que lleva haciendo la religión durante siglos, ensalzando, como un ideal, la castidad de curas y monjas y asociando las pulsiones sexuales naturales con lo demoníaco.

A pesar de que hoy muchos ven la homosexualidad como algo liberador, ésta no es más que una consecuencia de la represión sexual ejercida por una civilización radicalmente ginocentrista y misándrica [2]; y, como toda represión, ésta sólo puede acabar teniendo consecuencias devastadoras sobre la psique humana, tanto sobre la de quienes la practican como sobre la de aquellos a los que se les obliga a aceptarla como una tendencia sana.

Una cosa es que haya que respetar a los homosexuales por tratarse de personas cuya tendencia sexual obedece a un trauma infantil irreparable ya a cierta edad (un respeto que no implica ignorar el enorme resentimiento del que están cargados estas personas, fácilmente apreciable en las campañas inquisitoriales lanzadas por el lobby gay contra todo aquel que osa cuestionar pacíficamente sus teorías de "género"), y otra muy distinta es tomarnos a todos por idiotas y hacernos comulgar con ruedas de molino, obligándonos a aceptar como algo natural y propio de personas sanas y equilibradas aquello que no lo es.

"Hay demasiada gente con miedo a hablar contra los maricas, intelectualmente. Lo mismo que hay demasiada gente que tiene miedo a hablar contra la izquierda, intelectualmente. No me preocupa el rumbo que tome el asunto, sólo sé que hay demasiada gente con miedo." (Charles Bukowski, Escritos de un viejo indecente)

Notas:
[1] Algo parecido ocurre con todo el tema de la llamada violencia de género. Al convertir en alarma social algo que no deja de ser un mero suceso (al año mueren más personas durante el coito, por deficiencias cardíacas, que por violencia intrafamiliar), y al hablar sólo de los casos en los que la víctima es una mujer, lo que se busca es criminalizar y avergonzar al conjunto de la población masculina; el objetivo es moralizar a los hombres para que, por miedo a ser considerados machistas o maltratadores, ni siquiera se les pase por la cabeza la idea de llevar la contraria a sus "doñas" y se sometan por completo al carácter femenino, convirtiéndoles así en sujetos débiles y pusilánimes, fáciles de manipular.
[2] En el fondo, los hombres homosexuales son individuos tremendamente atemorizados con el sexo femenino y necesitados, para todo, de su continua aprobación y validación. No es casualidad que las asociaciones de homosexuales trabajen codo con codo con las asociaciones feministas, o que los presentadores o colaboradores de los programas para "marujas" sean mayoritariamente homosexuales.

martes, 14 de febrero de 2017

La mediocratización sexual como condición necesaria para el desarrollo del capitalismo

"Yo sabía muy bien que los grandes amantes son siempre hombres ociosos. Yo follaba mejor cuando era vagabundo que cuando tenía que fichar todos los días." (Charles Bukowski, Factótum)

Hoy en día, para el ciudadano medio es bastante complicado identificar el terrible clima de miseria y frustración sexual en el que vivimos inmersos. Y es que, debido al avanzado estado de decadencia -casi de putrefacción- en el que se encuentra nuestra civilización, se han terminado por normalizar tantas aberraciones [1], que se hace imposible reconocer hasta lo más obvio.

En nuestros días, y a pesar de que se predique todo lo contrario, existe una enorme represión y frustración sexual. La razón de ello es muy sencilla: hoy (como ha ocurrido prácticamente siempre) el sexo se encuentra supeditado a otras cosas que no son el sexo.

Según dicen algunos, hoy el sexo se ha democratizado (o liberalizado) y ello permite que muchas más personas tengan muchas más posibilidades de desarrollar su sexualidad que en el pasado. ¿Es esto cierto? ¿Supone la democratización del sexo un aumento del grado de la salud sexual de una sociedad? En mi opinión, no; precisamente conduce a todo lo contrario.

La democracia (ya sea política o, como en este caso, sexual) no es más que un recurso utilizado históricamente por los plutócratas para homogeneizar a las masas, de tal forma que sean más fáciles de controlar [2]. La sexualidad, como tantas otras cosas en la naturaleza, no puede ser democrática; si la sexualidad se somete al juego democrático, automáticamente pierde su esencia y deja de ser sexualidad.

Sólo se podría hablar de una verdadera liberación sexual cuando los individuos aceptaran ser realistas y asumieran de forma natural su mayor o menor capacidad para desarrollar su sexualidad; cuando reconocieran sencillamente, sin sentimientos de orgullo o de rencor, sus auténticas potencialidades o limitaciones. Que tienen capacidad y posibilidades, pues adelante, sin problemas; que no, pues a otra cosa mariposa, no pasa nada. Más o menos como hacen los jóvenes o el resto de especies del mundo animal, para quienes follar o no follar no constituye, ni mucho menos, un drama existencial, pues unos y otros tienen muchas otras cosas interesantes de las que preocuparse.

El problema de nuestra sociedad es que, si esto ocurriera, descendería considerablemente la producción y el consumo. Nuestra sociedad necesita tener altamente motivados al mayor número posible de individuos durante el mayor tiempo de sus vidas; de ahí, la sobrevaloración cultural que se hace del sexo (por ejemplo, con la narrativa cultural que etiqueta a unos como "ganadores" y a otros como "perdedores" en función de su mayor o menor actividad sexual) y la democratización o liberalización del mismo (el espíritu burgués y el feminismo ha fomentado de tal modo la avaricia entre las mujeres y ha satanizado de tal forma la virilidad, que el poder adquisitivo de un hombre se ha convertido, prácticamente, en la única llave que da acceso al coño de forma regular). Al convertir el sexo en una especie de ideal social, y al facilitar a todos el acceso al mismo, se ha conseguido que haya siempre una mayoría de individuos permanentemente dispuestos a entregar sus vidas al trabajo, condicionados por el temor a quedarse sin follar durante más de una semana; dando así cuerda a la "maquinaria" como si de burros de noria se tratase, produciendo y consumiendo incansablemente hasta prácticamente el final de sus días.

En el fondo, esto no es más que una adulteración del sexo, pues, al final, lo que tenemos es a muchos hombres deseando tener relaciones con mujeres con el fin de conseguir estatus social (prestigio) y a muchas mujeres follando por dinero (seguridad); es decir, unos y otras dejan de ver el sexo como un fin en sí mismo, para, consciente o inconscientemente, supeditarlo a otra cosa bien distinta (gregarismo o confort). Esta supeditación de la sexualidad tiene un nombre, se llama represión sexual.

La democratización o liberalización de la sexualidad puede que permita el acceso al sexo a un mayor número de hombres, pero eso no significa que sea un sexo sano, pues, al manipularlo y no dejarlo fluir libremente, al pretender aplicar al sexo ese sueño liberal de la igualdad de oportunidades, lo que se consigue es una mediocratización general.

No somos iguales (aunque el sistema, con el fin de conseguir la mayor homogeneidad posible, se empeñe en hacernos creer lo contrario), y es una auténtico absurdo pensar que todo el mundo puede experimentar el mismo tipo de vida sexual o que ésta puede durar eternamente. Esto sólo despierta falsas esperanzas en la mayor parte de los individuos, lo cual acaba generando, inevitablemente, frustración sexual.

Puede parecer contradictorio que, a pesar de todo lo que hoy se predica en favor de la libertad sexual, pueda existir algún tipo represión sexual en nuestra sociedad; sin embargo, no lo es, pues esta prédica no es más que pura demagogia. Es como si, en medio de un desierto, tratáramos de convencer a un numeroso grupo de personas de que pueden beber agua hasta hartarse. No se puede hablar de liberación sexual en un sistema que, por su propia naturaleza, la reprime de raíz, al convertirla en un medio para alcanzar un fin, y no en un fin en sí mismo.

Al convertir la sexualidad en un medio, ésta, inevitablemente, pierde toda su esencia, pues el resultado conseguido es el de un gran número de individuos aspirando a mantener relaciones sexuales por otras razones bien distintas al sexo, algo que en circunstancias más naturales, y menos artificiales, no harían. Todo esto imposibilita un desarrollo libre y espontáneo de la sexualidad.

Ni aunque todos los hombres fueran de putas a diario, o todas las mujeres se convirtieran en prostitutas, no se podría hablar de liberación sexual mientras los individuos no dejaran de considerar al sexo como un medio para "puntuar" socialmente: ya fuera para adquirir prestigio en su comunidad (en el caso de los hombres) o para ganar dinero (en el caso de las mujeres).

Muchos dirán que la civilización no es algo natural, y que es preciso llevar a cabo este tipo de medidas con el fin de asegurar su supervivencia. No seamos hipócritas. El objetivo de engañar a las masas diciéndolas que hoy son libres sexualmente cuando no lo son, no es evitar que la civilización colapse, sino tratar de hacer pasar lo más desapercibido posible un mecanismo de manipulación social milenario, al que nos vemos sometidos prácticamente desde que nacemos, basado en la manipulación sistemática de nuestros instintos con el fin de convertirnos en dóciles esclavos de un puñado de lunáticos [3].

Se podría concluir diciendo que, llegar a entender que hoy es prácticamente imposible alcanzar un nivel medianamente óptimo de salud sexual, debido al elevado número de zombies reprimidos que te rodean, es, en cierto modo, una forma de liberación.

Una sociedad en la que todo está supeditado a la producción y al lucro económico, sólo puede engendrar individuos sexualmente frustrados, algo parecido a lo que ocurría bajo el cristianismo, donde todo estaba enfocado a la búsqueda del perdón de dios y a la salvación. Y es que, en el fondo, en ambos casos subyace el mismo resentimiento contra la vida y el mismo espíritu decadente. La diferencia entre uno y otro es que, mientras que para el cristianismo, el sacrificio y la renuncia a la vida eran medios para alcanzar un fin, el capitalismo ha convertido estos medios en fines en sí mismos. La humanidad ha alcanzado tal grado de enajenación, que ya no necesita un fin para justificar su propia autodestrucción. El transhumanismo tecnológico en el que hoy vivimos inmersos (nunca mejor dicho) no es más que el continuador de esa misma renuncia a la vida hecha por el cristiano y por el capitalista, un nuevo estadio de nuestra decadencia, un paso firme y decisivo de la humanidad hacia su extinción...

Notas:
[1] En nuestros días se ha llegado a elevar a la categoría de ideales colectivos lo que no son otra cosa que pulsiones puramente masoquistas. Esto se aprecia muy claramente al ver como el 99% de la población considera como un privilegio el ser elegido por un empresario para ser explotado durante el mayor período de tiempo posible durante los mejores años de la vida.
[2] Un ejemplo paradigmático es la Unión Soviética, donde, gracias a los ideales igualitaristas y democráticos, se consiguió que la población rusa pasara del medievo a la era atómica en menos de cuarenta años. Bajo el comunismo y el fascismo subyace el mismo propósito homogeneizador que bajo la democracia liberal; la razón de que esta última se haya terminado por imponer a los dos primeros se debe a su mayor nivel de eficacia; es decir, su capacidad para homogeneizar a las masas es aún más totalitaria que la del comunismo o el fascismo.
[3] Esta función, de la que antes se encargaban  exclusivamente los curas, hoy les está encomendada principalmente a los expertos en Relaciones Públicas o profesionales del marketing. Edward L Bernays, considerado como el padre de esta profesión y asesor de importantes empresarios y políticos (como los magnates Ford y Rockefeller o los presidentes de los Estados Unidos Eisenhower y Roosevelt), dice en su obra "Cristalizando la opinión pública": "Los elementos básicos de la naturaleza humana están fijados en lo relativo a deseos, instintos y tendencias innatas. Sin embargo, las direcciones hacia las que estos elementos básicos pueden orientarse con las influencias apropiadas son infinitas. La naturaleza humana es fácilmente modificable". Esta hábil manipulación de nuestro ego es lo que hace que el actual sistema de dominación sea tan poderoso: porque se trata de una Conspiración Abierta, es decir, realizada a plena luz del día y con un alto grado de complicidad por parte de los sometidos.

martes, 31 de enero de 2017

La represión sexual de la juventud, una muestra del carácter psicopático de la civilización

"Mostradle que sólo una vez pasa la juventud, y que después no vuelve nunca" (Lord Byron, Don Juan, tercera parte, IV)



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La humanidad parece estar condenada a repetir eternamente los mismos errores. La represión de los jóvenes, que se ha venido produciendo en todas las épocas hasta la fecha, es uno de ellos. Generación tras generación, y a pesar de los esfuerzos por evitar cometer los mismos abusos que sus padres, las nuevas generaciones acaban desarrollando actitudes inquisitoriales muy similares a las de sus predecesores. Cambian los métodos, cambian los  discursos, pero finalmente el resultado es siempre el mismo: la represión de nuestros instintos más primarios, especialmente en los jóvenes. Parece que la civilización, para poder sobrevivir como tal, necesitara, como Saturno, devorar el alma de sus hijos.

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Lectura recomendada para entender el carácter inquisitorial de nuestros tiempos: Las charos: definición de ciertas generalidades y acotación del término

Recomendación musical de la semana: Not for you - Pearl Jam

Otra recomendación: La tormenta de arena - Dorian

lunes, 9 de enero de 2017

La libertad de expresión: un mito al servicio de los demagogos

"Quien desea tener razón, de fijo la tendrá con sólo tener lengua" (Goethe, Fausto, primera parte)



http://www.ivoox.com/libertad-expresion-mito-al-servicio-audios-mp3_rf_15971581_1.html

En este podcast expongo alguna de las razones por las que considero que el derecho a la libertad de expresión está sobrevalorado en nuestras sociedades, las capitalistas, donde el secreto del éxito consiste en destruir al oponente usando todos los medios al alcance. En muchas ocasiones, tal derecho constituye una garantía de éxito para aquellos que no dudan en usar la demagogia como un medio para alcanzar sus objetivos. Esta demagogia es fácilmente apreciable en nuestros días en temas como el feminismo, el ecologismo, el discurso antiterrorista o la más reciente paranoia en torno al tema de la pedofilia, cuyos resultados han acabado siendo bastante parecidos a los obtenidos antiguamente por la Inquisición.

La operación "MindFuck", enmarcada en el programa COINTELPRO del FBI, es un buen ejemplo de cómo el lenguaje puede ser utilizado como un arma para destruir psicológicamente a oponentes o sumir a poblaciones enteras en estados alterados de conciencia -de angustia, desesperación o paranoia extrema- con el fin de que sean más fáciles de manipular.

El audio inicial pertenece a la película "En el nombre del padre" (1994), de Jim Sheridan, y el tema musical final, "Los periódicos de mañana", es del grupo M clan.

"Todas las naciones vendidas por mentirosos y cobardes. Mentirosos que quieren tiempo para revelar negativos futuros os calman con más falsas ofertas mientras que calientes hombres-cangrejo realizan una guerra de exterminio con la película de Roma. Estos informes apestan a nova, traición, mierda de nacimiento y muerte. Vuestro planeta ha sido invadido. Sois perros en todas las cintas. El planeta entero está siendo dirigido hacia la identidad terminal y la capitulación definitiva." (William Burroughs, Nova Express)

lunes, 19 de diciembre de 2016

Sobre las diferencias hombre-mujer y cómo el sistema las explota en beneficio propio



http://www.ivoox.com/sobre-diferencias-hombre-mujer-como-el-audios-mp3_rf_15107916_1.html

"Ella (la iglesia) ha sido la madre y educadora de innumerables generaciones; su experiencias es única y, si se me permite decirlo, infalible." (Leonid Andréiev, El diario de Satanás, primera parte)

El sistema, a pesar de su permanente retórica feminista, es el último interesado en la consecución de una igualdad total entre hombres y mujeres, básicamente porque si esto ocurriera, se le acabaría el chollo.

Actualmente el sistema, a través del feminismo, explota de un modo demagógico y victimista las diferencias naturales (tanto físicas como psicológicas) entre hombres y mujeres con el fin de ganarse el apoyo incondicional de éstas; de tal modo que, al ganarse a las mujeres, todos aquellos hombres que aspiran a tener algún tipo de relación con ellas, no tengan más remedio que someterse al sistema. Si tales diferencias se borraran, el sistema de producción perdería un recurso tremendamente efectivo para someter la masculinidad a sus intereses.

El objetivo del sistema al utilizar el discurso feminista, no es el de separar totalmente a un sexo del otro (el sistema sabe que esto es igual de imposible que evitar que el ser humano sienta hambre), sino dificultar a los hombres el acceso a las mujeres. Al empoderar a éstas, aquéllos no tendrán más remedio que someterse al sistema de producción y aumentar su rendimiento si quieren estar a la altura de las expectativas de las mujeres, quienes, debido a este empoderamiento por decreto ley y a su natural hipergamia, ya no se conformarán con alguien con un estatus socioeconómico igual o más bajo que el de ellas. ¡Pura biopolítica aplicada a la producción capitalista!

A la larga, esta brutal estrategia de explotación podría provocar que muchos hombres acabaran perdiendo el interés hacia unas mujeres cada vez más exigentes e insoportables. Para evitar este inconveniente y poder seguir utilizando a su favor la sexualidad humana, el sistema promueve masivamente el erotismo (moda femenina cada vez más sugerente) y la pornografía (totalmente gratuita en internet), manteniendo así a los hombres constantemente excitados.

La promoción de la homosexualidad (usando la misma retórica victimista que el feminismo) no es una estrategia del sistema para convertirnos a todos en maricas, como sostienen algunos analistas, sino un medio para recuperar productivamente (reciclar) a aquellos que, por distintos motivos, no sienten atracción por el sexo opuesto (antiguamente este problema se resolvía promocionando la vida monacal). Además, gracias a la retórica victimista del homosexualismo, el sistema consigue ganarse el apoyo de los homosexuales para acomplejar aún más a los hombres heterosexuales, aumentar su sentimiento de culpa y, así,  conseguir esclavos amedrentados y dóciles. Como ya he dicho al principio, el sistema no está interesado en que hombres y mujeres pierdan el interés por el sexo opuesto, o en convertirnos a todos en seres andróginos, pues si lo hiciera, perdería la oportunidad de seguir manipulando a su favor algo que, hasta ahora, le ha venido dando excelentes resultados. Si las relaciones homosexuales fueran masivas, la productividad descendería considerablemente: ya no habría más hombres bravucones dispuestos a lo que fuera por complacer los estúpidos antojos de damitas caprichosas.

Algo parecido pasa con el matrimonio y la familia. A pesar de la aparente crisis de ambas instituciones, el sistema es el mayor interesado en que las dos perduren lo máximo posible en el tiempo. No es casualidad que, en su día, se pusiera tanto empeño en la promoción del matrimonio también entre los homosexuales. Nada mejor que la familia (ya sea coparental o monoparental) para programar a los hijos en los valores del sistema, pues el mayor interés del 99 % de los padres (sobre todo si se trata de padres biológicos) será siempre la supervivencia de sus vástagos, y harán todo cuanto esté en su mano por "adaptarlos", para que no se conviertan en rebeldes antisistema o en anacoretas vagabundos. Por otra parte, los hijos suelen ser el saco en el que los padres "descargan" (consciente o inconscientemente) una buena parte de sus frustraciones existenciales, lo cual termina siempre traumatizando de un modo u otro a aquéllos. Estos traumas infantiles, que resultan de gran utilidad al sistema para manipularnos a su antojo, sólo pueden ser introducidos en los individuos a través de la institución familiar (por ejemplo, el complejo de Edipo). Además, un hombre casado, con una mujer a la que satisfacer y unos hijos a los que alimentar, es un hombre cogido por los cojones, dispuesto a sacrificar lo que sea (incluida su dignidad personal) por el bienestar de su familia; se podría decir que es casi tan fácil de manipular como un yonqui.

Cambiar algo que lleva funcionando tan maravillosamente bien durante siglos, sería de estúpidos; lo único que hay que hacer es adaptar las cosas a los inevitables cambios que se van produciendo. Y si lo que se quiere es aumentar la producción, se hará siempre de tal modo que no se altere la esencia de esta milenaria y efectiva mecánica.

Antiguamente, la religión era un método muy eficaz para canalizar la sexualidad masculina en favor del sistema, pero en nuestros días, y debido a diferentes razones (principalmente debido a que el misticismo religioso no encaja demasiado bien con el espíritu práctico del capitalismo o del socialismo), ha perdido completamente su utilidad, por lo que era necesario inventar otro método que se adaptara a los nuevos tiempos y cumpliera la misma función represiva... así surgió el feminismo. Como ya he dicho al principio, el sistema, a través del feminismo, no pretende borrar totalmente las diferencias entre hombres y mujeres, entre otras cosas, porque no le interesa, se le acabaría el chollo, algo parecido a lo que le hubiera pasado a la iglesia si no hubiera podido recurrir al "comodín" del demonio. La verdadera finalidad del feminismo es la misma que la de la religión: contener los impulsos sexuales masculinos -sin anularlos del todo- y canalizarlos según los intereses del sistema.

La victoria de Trump en las últimas elecciones estadounidenses viene a confirmar todo esto. El sistema tenía una oportunidad única de dar un paso más en la feminización de la sociedad poniendo a Hillary como presidenta de EEUU, sin embargo, finalmente optó por el candidato masculino, pues ello le permitirá seguir explotando durante otros cuatro años más la efectiva estrategia del victimismo feminista.

La finalidad de hacernos creer que las relaciones heterosexuales o la familia están en crisis no es otra que la de hacer creer a los hombres que el coño se encuentra en peligro de extinción, generando con ello ansiedad entre éstos y haciendo que sean ellos mismos los que voluntariamente se pongan las cadenas (o las esposas). Nunca antes el nivel de baboseo de los hombres hacia las mujeres había sido tan vergonzoso como lo es en la actualidad, tal y como se puede apreciar echando un vistazo a las redes sociales o saliendo un sábado por la noche por los garitos de moda; esto permite al sistema contar, en todo momento, con una legión de fanáticos huelebragas dispuestos a lo que sea con tal de catar coño, convirtiéndose así en prácticamente indestructible.

El capitalismo, como buen sucesor que es del calvinismo judeocristiano [1], concibe la existencia humana como una deuda, y hará todo cuanto esté en su mano por hacértela pagar con sangre, sudor y lágrimas, hasta el final de tus días. Las mujeres, las comodidades materiales o el anhelo de reconocimiento social son algunos de los cebos preferidos por el sistema para cobrarse esta deuda.

Notas:
[1] Max Weber "La ética protestante y el espíritu del capitalismo"