jueves, 11 de agosto de 2016

El enfrentamiento Hillary vs Trump: una nueva artimaña para aumentar el grado de influencia social del feminismo y el sometimiento de los hombres al sistema


"Las mujeres representan el triunfo de la materia sobre la mente, igual que los hombres representan el triunfo de la mente sobre la moral." (Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray, cap. IV)

Más allá del resultado que nos deparen las próximas elecciones a la presidencia de los Estados Unidos de América, el principal objetivo que se buscaba ya está prácticamente conseguido, esto es: que las masas, de forma definitiva, superen psicológicamente el viejo modelo feminista con el que se las venía disciplinando desde poco después de la Segunda Guerra Mundial, y acepten otro nuevo, aún más ginocentrista. En este sentido, la campaña electoral realizada por ambos candidatos, que ha pretendido llegar diariamente hasta los más recónditos lugares del planeta, está siendo perfecta para lograr dicho objetivo. A través de esta campaña se ha tratado de escenificar un enfrentamiento entre el viejo paradigma feminista (Donald Trump) y el nuevo (Hillary Clinton) con el fin de conseguir que los valores de este último modelo arraiguen definitivamente en la psique colectiva mundial. Dichos valores ya están prácticamente instaurados en nuestra sociedad, como podemos comprobar observando los actuales roles sociales desempeñados por hombres y mujeres (por un lado, el depresivo marido cornudo empujacarritos y, por el otro, la arrogante empoderada hipergámica adicta a las redes sociales), lo único que faltaba era la dramatización de una especie de acto ritual, a escala global, para grabarlos a fuego en el imaginario colectivo mundial. La victoria de Hillary Clinton y su posterior coronación como primera emperatriz de los Estados Unidos de América sería un perfecto colofón a todo este show mediático de carácter adoctrinador. La única razón por la que se permitiría a Trump ganar las elecciones sería para provocar una crisis política y social de tal magnitud, que su ascenso al Poder terminara por justificar la implantación de un régimen absolutamente ginocrático y radicalmente misándrico; una crisis que podría ser usada también como excusa para eliminar lo poco que queda de participación (influencia) popular en los Estados: gobiernos que aún tienen que justificarse mínimamente ante sus supuestos electores y ante las bases sociales de los partidos políticos gobernantes y opositores. Este último escenario sería muy parecido al planteado en España tras las últimas elecciones, y con el que se pretende justificar la futura implantación de ese sueño neoliberal conocido como Gobierno Abierto. Personalmente, veo más probable el primer supuesto que el segundo, es decir, la victoria de Hillary, pues ello terminaría por consolidar definitivamente el modelo ginocentrista por el que se lleva tanto tiempo trabajando, conceder la victoria a Trump sería dar un paso atrás; y en cuanto a la crisis de gobernabilidad que facilitaría la llegada de un Gobierno Abierto, también se podría provocar estando la Clinton en el Poder sin que ello tuviera ningún tipo de repercusión negativa sobre el nuevo sistema que se pretende instaurar, de hecho, en Alemania o en otros países latinoamericanos donde gobiernan o han gobernado mujeres, a pesar de las fuertes convulsiones políticas sufridas, jamás se ha puesto en duda, ni por un sólo momento, la ideología feminista que llevó a estas mujeres al Poder.

En cualquier caso, y para entender mejor todo este particular juego de ilusionismo político, es fundamental tener muy clara una cosa, y es que Donald Trump está muy lejos de ser un político antifeminista, a pesar de que muchos sostengan lo contrario. No sólo es que las propuestas políticas de Trump y del Partido Republicano corroboren el ideario feminista de principio a fin, sino que se podría afirmar con absoluta rotundidad que la base ideológica de las mismas (como la de las de todos los partidos políticos actuales) es fundamentalmente feminista; sólo la demagogia ha podido conseguir que Trump apareciera ante los ojos de los electores estadounidense, y ante el resto de telespectadores del planeta, como un político antifeminista o machista. Una demagogia muy parecida a la que se ha venido utilizando en España con los críticos de la Ley Integral contra la Violencia de Género (LIVG), a los que se ha presentado como retrógrados machistas, ignorando y silenciando sistemáticamente sus argumentos (en este punto convendría recordar que la LIVG fue prologada y firmada por el monarca Juan Carlos I de Borbón, nombrado por el dictador fascista Francisco Franco Bahamonde como su legítimo sucesor). Esta estrategia demagógica coincide milimétricamente con la que los regímenes totalitarios han venido utilizando históricamente para estigmatizar a sus críticos y opositores; en estos regímenes, todo aquel que se alejaba lo más mínimo del discurso oficial era catalogado inmediatamente como un peligroso enemigo de la nación, merecedor de ser castigado con la horca, la cárcel o con el ostracismo social. En nuestros días, la percepción que la sociedad tiene de un crítico del feminismo, o de alguien que no asume el discurso feminista, no es muy diferente a la que la sociedad de la Edad Media tenía de un hereje; y, actualmente, no arrodillarse ante las mujeres o no adorarlas como si de seres numinosos se tratase, independientemente de que muchas sean unas inútiles o unas malnacidas, es, prácticamente, sinónimo de alguien que es crítico con el feminismo o que reniega de éste. Por todo ello, es fácil comprender porque Trump, empeñado en disputarle las elecciones a una mujer, es considerado por muchos como un político antifeminista o incluso machista [1]. Pero no nos engañemos, Trump y el Partido Republicano son tan feministas como el que más, basta con echar un vistazo a Melania Trump, la esposa del magnate estadounidense, para comprender que el tipo de mujer que le gusta a éste no es precisamente el modelo tradicionalmente asociado al llamado patriarcado, es decir, el de abnegada ama de casa y mujer recatada y discreta entregada en cuerpo y alma al servicio exclusivo de su marido [2].


Como vemos, en la actual campaña electoral estadounidense no se está representando un enfrentamiento entre antifeministas y feministas, sino entre feministas y "superfeministas", de tal modo que, gane quien gane, el resultado acabe siendo siempre favorable para los intereses del feminismo, pues, con la excusa de buscar un término medio que satisfaga a ambas partes, el resultado final será siempre un aumento del grado de influencia social del feminismo respecto a la situación anterior. Algo parecido ya sucedió en España tras la victoria electoral de Mariano Rajoy y el PP en el año 2011. Tras ganar las elecciones, los conservadores españoles, en lugar de derogar la LIVG aprobada por el anterior gobierno socialista, continuaron profundizando en las políticas antihombres debido a la poderosa influencia que el feminismo había alcanzado en nuestra sociedad gracias a las medidas adoptadas por la anterior administración. Básicamente, la estrategia seguida por el feminismo para alcanzar sus exitosos resultados es la misma que utilizan los niños caprichosos con sus pataletas o rabietas: éstos saben que sus padres jamás le darán menos de lo necesario, por lo que si para conseguir un capricho tienen que armar un cristo, lo armarán, pues no tienen nada que perder y sí mucho que ganar; unas ganancias que utilizarán como punto de partida en la siguiente negociación. Tanto en un caso como en el otro, la culpa es siempre del que consiente, pues está visto que los que piden no tienen límites.

En todo este proceso, los medios de comunicación de masas (TV, radio, prensa, internet, etc.) están siendo decisivos para conseguir adoctrinar a la población mundial en los nuevos valores feministas. Hoy en día, cualquier parecido que pueda existir entre los contenidos de los grandes medios de comunicación corporativos y la realidad es pura coincidencia. Dichos medios, en colaboración con el Estado y las diferentes iglesias, tienen como único objetivo poblar nuestro imaginario colectivo con historias de carácter pseudomitológico destinadas a moralizar al gran público y conseguir así orientar los esfuerzos de las masas en la dirección deseada, todo ello muy al estilo de los antiguos autos sacramentales. Por ejemplo, la mejor forma de conseguir que un hombre dilapide su vida en algo tan contrario a sus intereses como es el matrimonio (o cualquier otro tipo de unión sentimental con una mujer que le obligue a desperdiciar la mayor parte de su tiempo aguantando sus neurosis y le impida divertirse en compañía de sus amigos), es escenificando un drama de tal dimensión, que le haga pensar que las mujeres, al haberse empoderado y, supuestamente, no necesitar al hombre, son un bien escaso; para ello, nada mejor que alimentar desde diferentes frentes el fantasma del feminismo. Gracias a todo esto, se ha conseguido generar en los hombres tal estado de ansiedad sexual, que ha llevado a la mayoría a someterse voluntariamente a las mujeres y a sus caprichos por temor a quedarse privados del acceso a sus vaginas. Paradójicamente, esta actitud de sumisión de los hombres es algo que las mujeres desprecian desde lo más profundo de su psique, lo cual, a su vez, es de gran utilidad para retroalimentar todo este perverso juego, pues, gracias a tal desprecio, se consigue incrementar entre los hombres la sensación de escasez, convenciéndoles definitivamente de que la única alternativa para tener garantizada una cierta cuota de bienestar sexual es encadenarse de por vida a una mujer y a los hijos que pueda llegar a tener con ella. Lo cierto es que esta estrategia parece estar teniendo tanto o más éxito que las doctrinas religiosas que antiguamente se utilizaban para alcanzar un fin parecido (el matrimonio y la familia). Y es que, en el fondo, detrás de todo esto se esconde la vieja alianza de siempre entre las mujeres y las clases decadentes (generalmente formadas por hombres castrados psicológicamente) para domesticar la masculinidad y ponerla al servicio del sistema (y de las mujeres).

Resumiendo: el enfrentamiento político entre Trump y Hillary no es más que un moderno auto sacramental destinado a alcanzar un punto intermedio entre el viejo feminismo y el nuevo "superfeminismo", una síntesis, que siempre será superior en grado de intensidad a lo que había antes. Realmente, lo de menos es quién gane, lo importante es que el show electoral cree la suficiente tensión dramática para que la síntesis resultante tenga la mayor aceptación social posible, condicionando así la vida política durante los próximos años, al ser imposible rebajar ya el grado de ginocentrismo alcanzado. Probablemente, en un futuro no muy lejano veamos un nuevo enfrentamiento entre el feminismo que hoy representa Hillary Clinton y un nuevo modelo de feminismo aún más agresivo, uno que considerará como actitudes machistas el tener una voz muy grave o un pene demasiado grande; todo esto siempre que no se invente un método diferente, capaz de controlar y orientar la masculinidad en beneficio del sistema de un modo parecido a como hoy lo hace el feminismo o a como ayer lo hizo la religión. Su estrategia es fácil de predecir, pues, al basarse en el lema "cuanto peor, mejor" [3], basta con pensar mal (lo peor posible) para acertar.

A pesar de todo lo dicho, yo no me emparanoiaría demasiado con todo esto del feminismo, pues, en cierto modo, ése es otro de los objetivos que se busca, es decir, acojonarnos. La situación a la que hoy nos enfrentamos los hombres no es muy diferente a otras situaciones a las que se enfrentó el hombre en siglos pasados; se podría decir que lo único que ha cambiado son los medios que se usan contra nosotros, los fines siguen siendo exactamente los mismos. Los hombres somos absolutamente necesarios para el sostenimiento y desarrollo del nuevo orden, del mismo modo que lo fuimos para el sostenimiento y desarrollo del antiguo, el feminismo es sólo un método para meternos miedo haciéndonos creer lo contrario, es decir, que somos prescindibles, consiguiendo así siervos amedrentados, timoratos y, por lo tanto, fácilmente manipulables, como los que antiguamente consiguió la religión gracias a su narrativa catastrofista  (iras divinas, castigos infernales, etc.). Igual que la religión, el feminismo pretende crear tal situación de tensión entre los hombres, que impida que éstos lleguen a desarrollar plenamente sus capacidades, consiguiendo así supeditar sus voluntades a la voluntad de los gestores del sistema [4].

Con feminismo o sin él, los hombres y las mujeres seguirán siendo los mismos que hace 100, 200 ó 2000 años; con feminismo o sin él, el sistema (dirigido por los espíritus más decadentes en cada época) seguirá haciendo todo lo posible por reprimir la masculinidad para sobrevivir; por eso, con feminismo o sin él, siempre tendrás, más o menos, las mismas dificultades (o facilidades) para copular satisfactoriamente que las que tuvieron tus antepasados, sólo hay que relajarse, saberse adaptar a los tiempos y, sobre todo, no hacer demasiado caso a estos nuevos métodos ideados por los viejos sacerdotes de siempre. Por más ropajes que utilicen para camuflarse, su despreciable estrategia moralista acaba despidiendo el mismo tufo a sotana y sacristía que la usada por sus predecesores, esto está haciendo que, poco a poco, el feminismo sea cada vez más repudiado. Y es que, "aunque el cura se vista de seda, cura se queda".

Notas:
[1] Basta con hacer una sencilla búsqueda en Google con las palabras "Trump" y "feminismo" para comprobar que existe toda una campaña mundial contra Trump, para presentarlo como un "machista retrógrado".
[2] La promoción del modelo de mujer sexualmente liberada no es más que otra estrategia feminista (igual que la difusión gratuita del porno) para conseguir que los hombres tengamos todo el día el coño en la cabeza y podernos así manipular con mayor facilidad. Como ya he dicho en otra ocasión, las necesidades sexuales de los hombres son, y han sido siempre, infinitamente superiores a las de las mujeres, el discurso de la liberación sexual femenina es una auténtica falacia, pues las mujeres no han tenido nunca que enfrentarse a ningún tipo de opresión o escasez sexual: ¿es posible imaginar a una mujer gritando la famosa frase atribuida a Pablo de Tarso: "¿quién me librará de este cuerpo de muerte?" Noporque una mujer no está condicionada por el sexo del mismo modo en que lo está el hombre. La lucha por su liberación sólo ha sido una excusa para conseguir un mayor poder sobre los varones a través del chantaje sexual. Y es que, entre las mujeres, la "codicia" tiene mucha mayor fuerza que la "lujuria".
[3] En nuestros días, para conseguir que los súbditos deseen hacer lo que al sistema le interesa que hagan, se emplea básicamente lo que podríamos denominar como la estrategia de la sensación de escasez o del perpetuo estado de crisis. Si se quiere que los súbditos trabajen más que nunca, se crearán las condiciones (ficticias y reales) necesarias para hacerles pensar que tener trabajo es una especie de bendición; si se quiere que los súbditos vean como un paraíso las horribles junglas de asfalto y hormigón en las que viven, se crearán las condiciones (ficticias y reales) necesarias para hacerles creer que son tremendamente afortunados por poder vivir en el cuchitril en el que viven (todo el tema de los desahucios ha sido muy útil para esto); si se quiere que los súbditos defiendan a sus país, a pesar de lo poco o nada que éste puede ofrecerles (básicamente por haberse convertido en propiedad privada de una minoría), se crearán las condiciones (ficticias y reales) necesarias para hacerles creer que nos encontramos al borde de una invasión extranjera; si se quiere que los súbditos varones se entreguen en cuerpo y alma al cuidado y protección de sus vástagos, se crearán las condiciones (ficticias y reales) que les hagan creer que la paternidad es hoy algo perseguido, y que poder cuidar personalmente de sus propios hijos o los de otro individuo (los de su segunda pareja) es una especie de gracia divina; si se quiere que estos mismos varones dilapiden sus vidas como maridos y amantes entregados, se crearán las condiciones (ficticias y reales) para hacerles creer que las mujeres se han convertido en un especie de seres de luz prácticamente inalcanzables, y que el único modo de acceder a ellas es mediante la sumisión y el sacrificio constante; y así con todo lo demás. El objetivo es conseguir grabar a fuego en nuestras mentes la máxima: "cualquier situación es susceptible de empeorar".
Esta estrategia se está revelando de gran utilidad para conseguir un cierto nivel de moralidad (disciplina) en las actuales sociedades laicas, cuyos miembros, mayoritariamente, han dejado de creer en castigos divinos y otros historias semejantes, gracias a las cuales, antiguamente se alcanzaba dicho propósito moralizador.
[4] Conseguir que los hombres pasen demasiado tiempo con mujeres es también de gran utilidad para mermar las potencialidades de los varones. Pasar demasiado tiempo con una mujer acaba haciendo que un hombre termine viendo a ésta como su igual, perdiendo así la conciencia de todas las potencialidades que la naturaleza le ha otorgado por el mero hecho de ser hombre. Para conseguir todo lo anterior, el feminismo no ha dudado lo más mínimo en estigmatizar y, en muchas ocasiones, perseguir la amistad masculina, demonizando o parasitando espacios antiguamente exclusivos de hombres. Es muy probable que el próximo reto del feminismo sea conseguir que el deporte profesional acabe siendo completamente mixto, tal y como ya se consiguió con la educación; sin duda, este es un tema demasiado complejo e interesante, que merece ser explicado con mayor profundidad en un próximo artículo.

martes, 12 de julio de 2016

El regreso del Show de las Panteras Negras. Un nuevo episodio de la globalista estrategia de la tensión

"Si no estamos alerta, la gente nos obliga de un modo u otro a hacer lo que ellos creen que deberíamos hacer, o bien a ponernos tercos y hacer exactamente lo contrario, por puro despecho." (Ken Kesey, Alguien voló sobre el nido del cuco, Tercera parte)

El primer error de un analista que aspire a ser medianamente independiente, es el de dar credibilidad a un suceso que no ha visto con sus propios ojos; el segundo, dar credibilidad a un suceso que sólo conoce a través de los grandes medios de comunicación corporativos; y el tercero, perder demasiado tiempo en analizar un supuesto suceso que ha tenido lugar a miles de kilómetros de distancia, y que, en teoría, no debería de afectar en lo más mínimo a su vida cotidiana. En definitiva, el error consistiría en prestar mucha más atención al mensaje que al medio por el que nos llega, cayendo así en una trampa parecida a la que usan los ilusionistas para engañar a su público.

Los supuestos incidentes raciales acaecidos recientemente en Estados Unidos, aireados a bombo y platillo por todas las grandes corporaciones mediáticas, han vuelto a poner de manifiesto, de forma ejemplar, los errores cometidos habitualmente por los analistas independientes (o que dicen ser independientes). Unos errores que son de gran utilidad al sistema para amplificar los efectos psicológicos de las noticias sobre el público al que van dirigidas, pues, al presentarnos los supuestos hechos desde una posición independiente, e incluso a veces disidente, se consigue que la noticia adquiera una apariencia de verosimilitud aún mayor.

Lo que menos le importa al sistema en todo este asunto de los conflictos raciales, o en otros de similares características, es quién gane o quién pierda; lo que realmente le importa al sistema es que el asunto consiga movilizar al gran público, y llevar a las masas a una situación de tensión tal, que cualquier solución que se les ofrezca para resolver el problema resulte deseable para todos, independientemente de que sientan más afinidad por un bando que por otro y por muy contraria a sus intereses que dicha solución pueda acabar siendo. Para ello, nada mejor que agitar viejos prejuicios arraigados en nuestro subconsciente, en este caso, los de tipo racial.

Es muy probable que tanto el primer incidente que desencadenó el conflicto, el tiroteo de un inocente padre de familia negro por parte de un policía blanco, como las posteriores reacciones por parte de grupos de supremacía negra, el supuesto asesinato de policías por parte de un simpatizante de los Panteras Negras, no sean más que meros montajes televisivos destinados a crear la tensión dramática necesaria para que las masas, independientemente de su color, terminen por aceptar la mediación del Estado en el conflicto.

Enfrentar a negros contra blancos, a moros contra cristianos, a hombres contra mujeres, o a viejos contra jóvenes, es decir, poner en marcha el viejo juego de tesis Vs antítesis, continúa siendo la fórmula favorita para alcanzar el objetivo deseado: la sumisión del ciudadano medio al sistema, ya sea blanco o negro, moro o cristiano, hombre o mujer, multimillonario o mendigo.

Concretamente, en el caso de los llamados conflictos raciales, lo que se busca es generar un conflicto de tal magnitud, que a la comunidad negra, una comunidad que suele moverse bastante en los márgenes del sistema, no le quede más remedio que integrarse definitivamente en el mismo para solucionar el problema [1].

Todo esto es muy parecido al conflicto que durante años vivió España con el tema vasco, y cuya síntesis final ha sido la integración definitiva de la disidencia vasca en las instituciones del Estado. De igual modo, todo el conflicto prefabricado en torno a la llegada masiva de inmigrantes a Europa, unido a la vieja farsa del terrorismo islamista, busca una síntesis muy parecida: generar un conflicto interétnico que termine por integrar a árabes y africanos en los valores occidentales [2], y, finalmente, al conjunto de los europeos en los valores anglosajones; algo muy parecido a lo que se buscó con la Segunda Guerra Mundial y el posterior Plan Marshall [3].

Es posible que todo el tema de los conflictos raciales en Estados Unidos forme parte de una estrategia que busca un objetivo muy parecido al que se busca en la Europa continental: una nueva reconfiguración política de los Estados Unidos de Norteamérica con el fin de supeditarlo a otra potencia extranjera. Quizás lo que hasta ahora nos han venido contando los libros de historia sobre lo que pasó en el año 1776, no tenga mucho que ver con la realidad. Confiar demasiado en la historiografía oficial, posiblemente sea el mayor de los errores de todo analista que aspire a ser independiente.

La estrategia es siempre la misma: polarizar al máximo a la población y, al mismo tiempo, crear y promocionar dos bandos aparentemente opuestos e irreconciliables (comunistas y capitalistas, moros y cristianos) pero que coincidan en lo esencial (la defensa del Estado, de las instituciones o de la actual aldea global tecnotrónica), de tal forma que la gente se sienta obligada a alistarse en uno de los dos bandos, y así, gane quien gane, se alcance el resultado deseado: la integración de unos y otros en el sistema.

Básicamente, todo esto no es más que la aplicación práctica de la vieja estrategia anglosajona del Choque de Civilizaciones [4], y, en el caso de los conflictos raciales en Estados Unidos, se trataría de una aplicación de la misma a la política interior. Y es que la globalización es un proceso bidireccional, es decir, una especie de revolución de carácter integral dirigida tanto hacia el interior como hacia el exterior del imperio; una revolución guiada por la idea, teorizada hace tiempo por Cecil Rhodes y la Pilgrim Society, de que debe ser la raza anglosajona quien ostente la posición dominante en todo el proceso. El día en que empecemos a ver a los moros empujando del puto carrito de los niños, será un síntoma inequívoco de que su Nuevo Orden Mundial está muy cerca de consumarse, o de que se ha consumado ya.

La verdad es que todos estos engaños son tan burdos y descarados, que quien aún se los siga tragando, es porque quiere. La política no es más que un sucio y perverso juego en el que sólo se puede ganar a costa de convertirse en un miserable (y ni aún así la victoria está garantizada).

Notas:
[1] El ascenso de Obama a la presidencia de los Estados Unidos tuvo un objetivo muy similar: aumentar los vínculos mentales de la población negra con el sistema. La mejor forma de vencer a un enemigo es convirtiéndose en su mejor amigo; de este modo, el individuo es fagocitado, queda integrado en el sistema y pasa de ser una amenaza a convertirse en un aliado.
[2] Más o menos, el tema de los "refugees" seguiría el siguiente esquema: por un lado tenemos a los sectores más posmodernos de nuestra sociedad, es decir, progresistas y newagers declarándoles amor incondicional; y por el otro, a los sectores más tradicionales y conservadores agitando constantemente el espantajo del terrorismo islamista y mostrándoles odio irracional. De esta manera, los inmigrantes árabes y africanos, una comunidad esencialmente tradicional, inconscientemente se ve impulsada a rechazar a los segundos y a entregarse en brazos de los primeros, no quedándole otra alternativa que asumir los valores de la posmodernidad occidental en detrimento de los suyos.
[3] Además, la Segunda Guerra Mundial y el Plan Marshall terminaron de dar forma al "Primo de Zumosol" con el que los británicos llevaban tanto tiempo soñando: un matón gigante dispuesto, en todo momento, a partirse la cara por servir a los ideales globalistas anglosajones; algo parecido a la función de Israel en Oriente Medio.
[4] Recomiendo la lectura del sensacional artículo de Thierry Meyssan "La «guerra de civilizaciones»" http://www.voltairenet.org/article123077.html

domingo, 3 de julio de 2016

El Brexit: o cómo conseguir que los súbditos imploren a Su Majestad seguir siendo súbditos

"(Los utopianos) lamentan y se avergüenzan de una victoria ganada con sangre, ya que juzgan absurda comprar una mercancía, por valiosa que sea, a precio tan excesivo. Para ellos, el mayor timbre de gloria es vencer al enemigo con habilidad y engaño." (Tomás Moro, Utopía, Libro II, El arte de la guerra)

Las reacciones de estupor y pesadumbre de la inmensa mayoría de los ciudadanos de Europa Occidental ante el reciente referéndum celebrado en el Reino Unido sobre su permanencia o no en la UE, referéndum en el que venció la opción rupturista (el Brexit), sólo puede ser comprensible si somos capaces de percibir el alarmante nivel de degradación alcanzado por el ciudadano medio europeo, el cual parece haber perdido hasta el último ápice de la poca dignidad que le quedaba, así como todo rastro de las facultades racionales e intelectivas que, en un pasado no muy lejano, le diferenciaban del resto de las especies animales.

Después de la imposición del bilingüismo en las escuelas, el Brexit sólo ha sido una nueva maniobra de Ingeniería Social destinada a supeditar aún más las mentes y los corazones de los europeos al imperio anglosajón [1], y un método muy eficaz para camuflar a los verdaderos promotores de este proyecto globalista llamado UE: el propio Reino Unido.

El Brexit, la disciplina marcial de los medios de comunicación de masas y la miserable actitud del telespectador promedio de Europa occidental, al que sólo le ha faltado arrodillarse ante la Pérfida Albión pidiendo que no le abandonara, serán de gran ayuda para que este proyecto globalista se consolide de forma definitiva y sin la necesidad de hacer uso de la fuerza, al conseguir que sean los propios siervos quienes reclamen sus cadenas. Se trata de la vieja estrategia de vencer a través del engaño empleada históricamente por los descendientes ideológicos de la isla de Utopía para ampliar sus fronteras. Parece que, después de casi 500 años de que el sheriff de Londres, Tomás Moro, redactara su magna obra, no han sido capaces de idear nada mejor; pero ¿para qué molestarse? si los viejos métodos siguen dando los mismos resultados.

Implorar al Reino Unido que continúe en la UE es como si un cerdo le pidiera al matarife que no se marchara del matadero. Un pueblo que suplica ser encadenado sólo puede tener un destino: obedecer. Habrá que esperar tiempos mejores.

Respecto al atentado que supuestamente le costó la vida a la parlamentaria que se oponía al Brexit [2], es posible que éste se orquestara como una maniobra con la intención de beneficiar a los partidarios del Brexit. Por paradójico que esto pueda parecer, debemos de tener en cuenta que nos encontramos en un momento histórico en el que la población es más consciente que nunca de cómo puede ser manipulada a través de la estrategia de los ataques de bandera falsa, por lo que es muy probable que el Poder haya decidido empezar a cometer atentados de bandera falsa en sentido inverso (o falsos atentados de bandera falsa) para conseguir sus propósitos; de hecho, tras el atentado contra la parlamentaria anti-Brexit, importantes líderes de opinión y políticos pro Brexit no tuvieron el menor reparo en insinuar la posibilidad de que este atentado fuera una bandera falsa cometida con la intención de frenar la victoria del Brexit. Esta estrategia victimista habría servido, en este caso, para dotar de mayor fuerza a la opción separatista. Como decía Edward Bernays, el padre de la manipulación psicológica de las masas: "cuanto más cínicos se vuelvan los gobernados, más cínicos se deben volver los gobernantes".

Por todo esto, no es nada descabellado pensar que se haya decidido dar una nueva vuelta de tuerca a la estrategia de los ataques de bandera falsa con el fin de que puedan ser utilizados con una doble función: victimizar o desacreditar; al mismo tiempo que se consigue aumentar el secretismo de toda esta estrategia gracias a un aumento de la confusión. Por ejemplo, el reciente intento de asesinato de Donald Trump podría beneficiar mucho más a su rival, Hillary Clinton, que a él mismo, pues dicho suceso ha empezado a ser presentado masivamente como una maniobra organizada por el propio Trump con el fin de victimizarse y conseguir un mayor apoyo popular. Todo esto es algo muy parecido a lo del famoso croché a Rajoy en las elecciones españolas de diciembre de 2015, y que sirvió para restarle popularidad más que para dársela. Como en el caso de Rajoy, el supuesto atacante de Trump no ha sido más que un pobre diablo, que ha inspirado al ciudadano medio más compasión que otra cosa.

Lo cierto es que no es nada difícil interpretar los movimientos de esta gente: basta con pensar como si fuéramos una máquina que pretende manipular a otras máquinas. Su objetivo es mantener esclavizado a su propio pueblo y saquear a otros, para ello no existe nada mejor que adular a los primeros (hacer creer al pueblo que es muy listo, y que sus dirigentes son muy tontos), de tal modo que, lo que hagan, lo hagan porque crean que eso es realmente lo que quieren hacer, y no porque alguien se lo haya mandado. En pocas palabras, se trata de una vieja estrategia empleada por la iglesia durante siglos: "si no puedes con ellos, úneteles". Hasta la fecha, esto les ha venido dando un gran resultado como método para parasitarnos. Lo cierto es que, de momento, es prácticamente imposible librarse de esta plaga, pues los parasitados no parecen ser muy diferentes a los parasitadores.

En todo este proceso, ha sido siempre muy importante hacer creer a los propios ciudadanos británicos que la UE era perjudicial para sus intereses, de tal forma que mostraran una actitud de desdén real y creíble hacia el resto de los europeos; lo cual, como hemos visto, ha conseguido activar de un modo automático el alma femenina que (según afirma Gustave Le Bon) subyace siempre en toda multitud, haciendo que las masas desdeñadas corrieran desesperadas detrás del macho alfa inglés suplicando su atención. Una elemental técnica de seducción aplicada a la geopolítica.

Finalmente, si todo esto no resultara, siempre les queda su plan B: una guerra que siembre el caos en Europa para, después, reconstruirla a su medida desde las cenizas. Básicamente, la operación Gladio B, que se inició con los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, y que en los últimos tiempos parece haber aumentado su nivel de intensidad (atentados de París, Bruselas, Turquía...), tendría esa finalidad. Seguramente, la agitación del odio interracial o interétnico que algunos blogs supuestamente alternativos y disidentes llevan tiempo promoviendo desde internet, tenga como objetivo dar mayor realismo y credibilidad a todo este asunto, aumentando con ello el efecto psicológico sobre los individuos (estrategia de la tensión); y es que, ¿qué mejor forma de que las masas se entreguen a los intereses de la oligarquía que dirigiéndolas desde una supuesta disidencia? No lo olvides: ellos controlan a la izquierda y controlan a la derecha; controlan a los moros y controlan a los cristianos; controlan a los de PODEMOS, pero también a muchos de quienes más y mejor les han venido criticando; lo que no consigan de un modo, tratarán de conseguirlo del otro, pues nada mejor que controlar todos los bandos para asegurarse la victoria en una batalla, aunque ésta sea imaginaria (guerra de cuarta generación). Todo esto no es más que el viejo juego de "tesis-antítesis-síntesis" [3]. A estas alturas de la película, y después de todo lo que ya sabemos, quien aún siga dando credibilidad y promocionando todo el cuento del yihadismo islámico (u otras amenazas ficticias como el cambio climático), sólo puede ser un miserable y un farsante integral al servicio de la actual REVOLUCIÓN global (ecuménica), dirigida a instaurar definitivamente el Nuevo Orden Mundial en nuestras mentes, para lo cual, el viejo discurso del miedo, tan del gusto de los sacerdotes y demás artistas de la prudencia [4], parece estar siendo el método más recurrente.

Notas:
[1] La miserable actitud de servilismo del europeo occidental medio hacia la corona británica se puso de manifiesto en los recientes altercados entre aficionados ingleses y rusos que se produjeron antes del partido de la Eurocopa que enfrentaba a sus respectivas selecciones, al posicionarse incondicionalmente con los ocupantes del peñón de Gibraltar y otros muchos territorios geoestratégicos a lo largo y ancho de planeta. Si Don Benito Pérez Galdós, gran conocedor del juego sucio de los británicos, levantara la cabeza y viera el servilismo de sus compatriotas hacia aquéllos, probablemente se moriría del asco, ¡y eso que a él ya le tocó vivir una época jodida! Por cierto, Galdós es un buen ejemplo de cómo el sistema fagocita a sus opositores, para lo cual, nada mejor que la vieja fórmula. Independientemente de que Galdós fuera manipulado a través de su ego, no creo que, de ser consciente de ello, tuviera porque arrepentirse de nada; precisamente, el ego es la peculiaridad que nos define como seres humanos; avergonzarse de ello, o tratar de avergonzar a los demás por ello, sólo puede ser una actitud propia de sujetos decadentes y de resentidos que odian la vida, los cuales hace mucho tiempo que perdieron esta partida.
[2] Y digo supuestamente porque dicho atentado reúne todas las características de haber sido un nuevo simulacro (hoax)
[3] En este sentido os recomiendo la lectura de un artículo que publiqué hace unos meses, El victimismo: un recurso habitual del mesianismo. Un ejemplo actual: la teoría de la conspiración yihadista contra occidente
[4] Cada vez estoy más convencido de que lo que impulsa a estos artistas de la prudencia a comportarse como se comportan, no es más que un Complejo de Edipo no resuelto. Sin duda alguna, el resentimiento y el rencor que sienten por no ser amados por los demás tan tiernamente como les amaron sus mamás o abuelas (a ellos), o sus papás o abuelos (a ellas), es el principal motor que impulsa sus actos y su odio hacia la humanidad.

martes, 28 de junio de 2016

Elecciones españolas 2016: Un nuevo paso hacia el Open Gobernment

"Porque las ciudades, sobre todo las que están acostumbradas a vivir libres o a ser gobernadas por sus propios ciudadanos, están más contentas y tranquilas bajo un dominio que no ven, aunque sea gravoso en algunos aspectos, que bajo otro al que ven todos los días, pues entonces les parece que cada día se les echa en cara su servidumbre." (Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Libro II, 21)

El único y verdadero propósito de las últimas elecciones celebradas en España (26 de junio de 2016) ha sido el de terminar por instalar en la mente colectiva de la sociedad española la idea de que los antiguos gobiernos de mayorías absolutas ya no son posibles y que, por lo tanto, es necesario establecer un nuevo modelo: una especie de gobierno abierto. Un modelo que coincidiría milimétricamente con el proyecto Open Gobernment teorizado por George Soros y su Open Society, cuyo objetivo es facilitar aún más la penetración de los grandes grupos oligárquicos extranjeros en la vida política y económica de los Estados [1].

La verdadera finalidad de Podemos y Ciudadanos ha sido la de fragmentar a los votantes españoles de izquierdas y de derechas para conseguir que la idea de un gobierno "plural" y abierto sea más fácilmente asumible por el conjunto de la sociedad española. Por otro lado, el paripé montado con la repetición de las elecciones sólo ha tenido como objeto dotar a todo este show de una mayor tensión dramática, pues, al reafirmar los resultados de diciembre de 2015, se ha terminado por hacer sentir al público la necesidad de dar la alternativa a un nuevo modelo político; además, de paso, ha servido para quitarse de en medio algún viejo estorbo como IU.

Como ya analicé en un artículo anterior (El puñetazo a Rajoy: una operación psicológica de manual para movilizar al electorado en la dirección deseada), lo que se busca con el actual modelo de parlamento abierto, sin mayorías  absolutas, es conseguir una mayor flexibilidad a la hora de aprobar determinadas leyes o medidas. Antiguamente, para conseguir aprobar medidas típicamente asociadas a la derecha, había que esperar a que el PP estuviera en el poder; igualmente, si se querían aprobar medidas generalmente asociadas a la izquierda política, había que esperar a la llegada del PSOE. Gracias al nuevo modelo parlamentario, y a los diferentes pactos que se podrán realizar a partir de ahora, todo se desarrollará de forma mucho más ágil y rápida para los intereses de los diferentes grupos oligárquicos hasta la llegada del definitivo Gobierno Abierto. Curiosamente, todo esto me recuerda bastante a esa especie de gobierno de concentración nacional que se pretendió alcanzar con el 23-F, y cuya finalidad era la de ejercer de gobierno de transición hasta la consolidación del nuevo sistema bipartidista.

Además, estar en la oposición permitirá a Podemos (buque insignia de Soros, la CIA y el Pentágono en España) librarse de la presión y de las críticas asociadas al partido gobernante, pudiendo así desarrollar su agenda con mayor fluidez y consenso social (nacional e internacional): todo un auténtico gobierno en la sombra.

Pero, sin duda alguna, el principal objetivo buscado al permitir la victoria del PP es el de tratar de desgastar todo lo posible a la derecha sociológica española y al actual sistema parlamentario en general (sembrar el caos), para que, de cara al año 2020 o incluso antes, Pablo Iglesias acceda a la presidencia del gobierno casi por aclamación popular, y, una vez logrado este objetivo, pueda dar fácilmente el paso definitivo para la instauración del Gobierno Abierto: liquidar el actual sistema parlamentario y, con la excusa de lograr por fin la soñada democracia directa y participa, entregar la vida política y económica de España al oscuro mundo de internet y sus criaturas; un mundo controlado por el Pentágono y las grandes transnacionales anglonorteaméricanas.

La estrategia seguida es la misma que en tantas otras ocasiones: conseguir que sean los propios siervos quienes reclamen sus cadenas. Algo parecido a lo ocurrido recientemente tras el referéndum sobre la continuidad o no del Reino Unido en la Unión Europea. Esta maniobra de Ingeniería Social, no sólo sirvió para que la mayoría de los ciudadanos europeos se postraran de rodillas ante uno de los principales creadores e impulsores de este proyecto globalista (el Reino Unido) rogándole que no les abandonara, sino que, sobre todo, ha sido de gran utilidad para que dichos individuos reafirmaran sus vínculos psicológicos con la UE.

Todo el revuelo que están armando (y armarán) diversos blogs supuestamente alternativos en torno a un posible amaño de las elecciones, no tiene otro objetivo que el de seguir profundizando en la crisis del actual sistema parlamentario; lo cual constituye una nueva prueba de la verdadera labor que desde hace tiempo vienen realizando dichos blogs: puros mercenarios al servicio de la guerra de cuarta generación.

¡Pues claro que las elecciones están amañadas!, pero han estado amañadas ahora y siempre. Decir a estas alturas que todo esto del parlamentarismo es un timo, es como si alguien saliera a la calle gritando que ha descubierto que el agua moja. Lo que realmente se busca con todo lo que está pasando, y que estos blogueros nunca denunciaran, es conseguir darle una nueva vuelta de tuerca a este timo, hacerlo más perfecto, y, en lugar de que sean unos seres humanos imperfectos los que se encarguen de ejecutarlo, dejarlo todo en manos de la cibernética. Una forma de pensar y de actuar típica de sujetos decadentes y resentidos que odian la vida. Si por ellos fuera, instalarían interruptores en los seres humanos para apagarlos y encenderlos a voluntad.

La facilidad con la que Soros y compañía están desarrollando sus planes en España, y la total complicidad de los principales actores del panorama político, social, mediático y militar español en todo ello, viene a confirmar una vez más, con total claridad, nuestro estatus de mera colonia y, lo más importante, el colosal nivel de miseria humana de dichos actores. De igual modo, la pasividad, la sumisión y el espíritu acrítico con el que las masas están asistiendo a todo este proceso, pone de manifiesto la irremediable condición de rebaño del actual pueblo español, que, como bien ha apuntado algún lúcido analista, hoy habría devenido en simple piara.

Notas:
[1] En el sensacional ensayo de Andréi Kononov "Infiltrados 2.0: El verdadero origen del 15-M y el complot de Podemos" (que podréis encontrar buscándolo en internet), encontraréis una amplia y clara explicación de todo este proyecto globalista anglosajón denominado Open Gobernment.

sábado, 25 de junio de 2016

La inauguración del túnel de San Gotardo: un ejemplo de cómo se manipula a las masas a través del imaginario colectivo

"Los poetas de la antigüedad animaron todos los objetos sensibles con Dioses y Genios, nombrándolos y adorándolos con las propiedades de bosques, ríos, montañas, lagos, ciudades, naciones y todo lo que sus dilatados y numerosos sentidos podían percibir. 
Y particularmente estudiaron el genio de cada ciudad y pueblo, colocándolo bajo su deidad mental.
Hasta que un sistema estableciose, del cual algunos sacaron provecho y al vulgo esclavizaron con el intento de dar realidad o abstraer las deidades mentales de sus objetos: entonces comenzó el Sacerdocio."
(William Blake, El Matrimonio del Cielo y el Infierno)

"Magia: arte de convertir la superstición en moneda contante y sonante." (Ambrose Bierce, El diccionario del diablo)

Pocos días antes del espectáculo televisivo que se hizo pasar por un atentado terrorista en Orlando, Florida, destinado a dar legitimidad a la próxima coronación de Hillary Clinton como emperatriz del Imperio, se celebró en San Gotardo, Suiza, la inauguración del túnel ferroviario más largo del mundo. A esta inauguración acudieron varios de los principales mandatarios de la Unión Europea, importantes hombres de negocios y representantes del Vaticano. El acto principal de la misma fue una especie de representación teatral en la que, entre otras cosas, se escenificó una confrontación entre Satán (el macho cabrío) y la homosexualidad. El combate terminó con la victoria de los homosexuales gracias a la ayuda de Lucifer (el Ángel Caído). A los pocos días, muchas personas en internet empezaron a decir que lo sucedido en San Gotardo no fue más que una nueva prueba de las creencias satánicas que guían la agenda de las elites gobernantes desde hace largo tiempo; algo que muchos de ellos llevan años analizando en artículos y vídeos en internet, alguno, como el multimillonario David Icke, con millones de seguidores.

Sin embargo, nada de esto es cierto. Se trata de un análisis bastante pobre e ingenuo, probablemente guiado por la ignorancia en la mayoría de los casos, prejuicios de carácter religioso en otros, o, en el caso de David Icke, por las órdenes de sus superiores. A los poderosos lo único que les interesa es el Poder. La religión o el esoterismo sólo les importa en tanto en cuanto les sirva para manipular el inconsciente colectivo de las masas.

Esta pseudorepresentación teatral no fue más que un acto de propaganda, en el que, jugando con el imaginario colectivo de occidente, se trató de asociar la homosexualidad y la mujer con una figura que posee una enorme carga simbólica de herejía y de rebelión: Lucifer (precisamente fue una mujer la encargada de interpretar el papel del Ángel Caído), y a satán, o al macho cabrío, con el hombre en general y, al mismo tiempo, con el estereotipo del terrorista islámico (moreno, con barba) en particular, otro símbolo utilizado en los últimos tiempos para justificar el saqueo sistemático de otros pueblos; un modo de proceder, este último, que tiene muy poco que ver con un modelo imperialista integrador y ascendente como el practicado por Alejandro Magno, y sí mucho con uno destructor y decadente como el del imperio romano de los últimos tiempos, convertido ya al cristianismo.

Antes de la ilustración, la figura de Lucifer tenía una carga simbólica bastante negativa, al haber sido asociada al mal por la iglesia romana durante muchos siglos. Esto empezaría a cambiar a partir, especialmente, del siglo de las luces, pues, al ser presentado por muchos poetas y pintores de la época como la representación por excelencia de la victoria del nuevo orden sobre el antiguo régimen, Lucifer empezó a cargarse de un contenido simbólico positivo. En nuestros días, aunque aún sigue teniendo una pequeña carga simbólica negativa, tiene mucho más de positivo que otra cosa. Esto es así porque los símbolos no poseen una carga estática, sino que está va mutando en función de las dinámicas sociales.


Por el contrario, la figura del macho cabrío, otra de las representaciones del diablo para los cristianos, y que no es otra cosa que el antiguo dios griego Pan, representación de la sexualidad masculina, aún sigue teniendo en nuestros días una carga simbólica bastante negativa debido a los miles de años que la iglesia lo lleva utilizando como método para reprimir la sexualidad del varón; labor que parece estar siendo continuada hoy, consciente o inconscientemente, por muchos blogueros y youtubers.

Por todo lo anteriormente expuesto, mientras el Poder consiga revestir el feminismo, la ideología de género o cualquiera de sus políticas con un alto grado de contenido simbólico de carácter luciferino, dotándoles así de un cierto aura de herejía y rebelión, dichas políticas estarán a salvo y serán aceptadas por las masas de un modo totalmente acrítico y sumiso, al ser percibidas como una promesa de liberación, en lugar de lo que realmente son: políticas de manipulación y de control social.

De igual modo, mientras este tipo de ceremonias sigan siendo calificadas por afamados blogueros y youtubers como una clara muestra de la personalidad satánica de las élites, esto, además de impedir que las masas vean cómo se las manipula a través del símbolo (satanizando su sexualidad), servirá para revestir a aquéllas con una apariencia de "poder sobrehumano" muy útil para intimidar a sus opositores. Básicamente, la función de David Icke, la del jesuita Salvador Freixedo y la de muchos de sus discípulos consiste en eso: no sólo en desviar la atención, sino también en mantener viva la poderosa carga simbólica de la figura de Satán (mantener viva la satanización de lo masculino) y en sembrar, gracias a su vinculación con las élites, el miedo hacia éstas entre las multitudes. Las elites nunca han tenido el menor problema en quedar como "los malos de la película" si ello les servía para alcanzar sus objetivos.

El éxito de las élites para mantenerse en el Poder depende de su capacidad para manipular el imaginario colectivo de las masas, lo cual, a su vez, depende de su capacidad para interpretar los símbolos y la evolución de los mismos a lo largo del tiempo, pues, como ya dije antes, éstos no son estáticos, sino que van mutando según cambian las dinámicas sociales.

La prueba más evidente de la total indiferencia de las élites hacia la religión, las ideologías políticas o lo esotérico, y de que su único interés hacia ello radica en lo mucho o en lo poco que esto pueda ayudarles a alcanzar sus objetivos, es viendo cómo lo que hoy pretenden alcanzar con la izquierda política, el Estado y el feminismo, es lo mismo que antes trataban de alcanzar con los curas, la iglesia y la religión: la represión de la sexualidad natural de los individuos, en especial la del varón.

El principal objetivo buscado por las élites, especialmente por las élites de las civilizaciones decadentes, ha sido siempre el de conseguir que los individuos se sintieran avergonzados de sus impulsos sexuales naturales, transformándoles así en sujetos acomplejados, timoratos y, por lo tanto, fácilmente manipulables. Lo cierto es que no existen prácticamente diferencias entre el puritanismo de la Inglaterra victoriana y la ideología de género (feminismo y homosexualismo) de la sociedad posmoderna. Probablemente, cuando esto ya no sirva, se inventarán otra cosa, o ¿quizás ya se la hayan inventado? El movimiento de origen anglosajón MGTOW (Men Going Their Own Way), a pesar de su apariencia antisistémica, busca un objetivo muy parecido: conseguir que el varón reniegue voluntariamente de sus impulsos sexuales con la excusa de un supuesto bienestar emocional. De este modo, cambiando algo para que nada cambie, se mantiene intacta la esencia del sistema de dominación.

No sólo las imágenes son símbolos útiles, las mismas palabras, en ocasiones, pueden representar símbolos mucho más poderosos que aquéllas. Pensemos en términos como homófobo, terrorista, maltratador, etc., que, usados adecuadamente, en el contexto apropiado, pueden constituir un arma terriblemente destructiva. El miedo y el temor a ser señalados con este tipo de modernos estigmas inquisitoriales, crea individuos completamente amedrentados y, por lo tanto, fácilmente manipulables; a la vez que son de enorme utilidad para conseguir la ruina social del enemigo. Un ejemplo llamativo de estigmatización de la sexualidad masculina a través de la carga simbólica de las palabras, es la sutil forma con la que, desde hace tiempo, se  está tratando de que el gran público haga una asociación de ideas automática entre pederastia y homosexualidad masculina: recordemos todo el espectáculo mediático que se montó en torno a los juicios contra el cantante Michael Jackson por supuestos abusos sexuales a dos niños varones; algo muy parecido a lo que la Inglaterra victoriana hizo hace ya más de un siglo con Oscar Wilde, y que terminó llevándole a la cárcel. Esta misma estrategia es la que se está empleando actualmente contra los clientes de la prostitución femenina, tal y como hemos podido observar recientemente en el caso Torbe (Muniain-De Gea) [1]. Todo esto es así porque el objetivo no es únicamente intimidar al hombre heterosexual (aunque éste es su prioridad), sino al hombre en general, ya sea heterosexual u homosexual, con el fin de domar sus particularidades instintivas, mucho más peligrosas para la estabilidad del actual sistema que las de la mujer.

El antropólogo francés, Gustave Le Bon, señaló en su obra "La Psicología de las Masas", que el individuo, cuando vive entre multitudes, se idiotiza, pierde el dominio de su voluntad y se convierte en siervo de los deseos de la mayoría, la cual no está compuesta precisamente por los más inteligentes; todo esto facilita mucho su manipulación a través del símbolo.

Esta forma de actuar de las élites puede resultarnos a primera vista perversa y terrible, pero eso no significa que sea producto de mentes no humanas o sobrenaturales, precisamente se trata de un comportamiento muy humano, demasiado humano. Seguramente, en el colegio o en el trabajo te haya tocado sufrir al típico compañero (hombre o mujer) que te odiaba y no sabías por qué. Pues bien, la mayor parte de los individuos que ocupan posiciones de Poder en nuestra sociedad son de ese tipo. Wilhelm Reich explicó muy bien el carácter de estas personas a través de sus conceptos de Coraza Caracterológica y Plaga Emocional; aunque, desde mi punto de vista, fue Nietzsche quien empleó el adjetivo que mejor las define: los Resentidos. Dice Nietzsche: "el lema «hay que luchar contra los instintos» representa la fórmula de la decadencia. Cuando la vida es ascendente, la felicidad se identifica con el instinto." (El ocaso de los ídolos, El problema de Sócrates, 11)

La incapacidad de dejarse llevar y el miedo a sentir la vida en toda su plenitud, debido probablemente a traumas infantiles relacionados con una sobreprotección maternal [2], lleva a estas personas a una actitud de odio y de desprecio inconsciente hacia la vida, que se acaba transformando en una necesidad de hacerse con el control de la misma (para que no les dañe) o incluso de destruirla. Así, con el fin de conseguir un mundo controlado y previsible, no dudan en intimidar y someter a todo aquel cuyo modo de vida constituya una amenaza para sus objetivos. Para ellos no existen medias tintas; su única posibilidad de triunfo es la anulación del enemigo, es decir, la anulación de la propia naturaleza; esa es la causa de que necesiten estar en un estado de guerra permanente. Ellos lo tienen muy claro: "quien no está con ellos, está contra ellos"; quienes no parecen tenerlo tan claro son sus adversarios.

Muchos prestigiosos filósofos, como el chileno José Ingenieros, han venido utilizando el calificativo de mediocracias para definir a las élites de hoy. Las élites dejan de ser aristocracias y se convierten en mediocracias cuando a esta posición ascienden espíritus mediocres, más preocupados por su supervivencia que por la heroicidad, más por lo cuantitativo que por lo cualitativo. Todo esto suele ocurrir cuando aquellos que deberían ser las verdaderas élites renuncian a desempeñar su papel de élites, lo cual, a su vez, se retroalimenta por la incapacidad de las masas para valorar los méritos de quienes realmente deberían convertirse en sus élites.

El triunfo de los espíritus resentidos y el sometimiento de las multitudes a su voluntad suelen ser los síntomas más inequívocos del inminente ocaso de una civilización. A una civilización que odia la vida, no le puede esperar otro destino que el suicidio.

"¡Y es la historia del hombre y su locura 

Una estrecha y hendionda sepultura!" 
(Espronceda, El Diablo Mundo, canto I)

Notas:
[1] Para entender un poco mejor el motivo por el que se está fomentando entre las masas la paranoia en torno al tema de la pedofilia, os recomiendo la lectura del sensacional ensayo: "SEXUALIDAD INFANTIL Y CONTROL SOCIAL: EL DISCURSO DE LOS ABUSOS COMO MÉTODO DISCIPLINARIO" de Layla Martínez (Politóloga y sexóloga). Este artículo lo podréis encontrar en la sección Artículos de interés de este blog, o buscándolo en internet.
[2] El que los niños varones estén siendo criados por madres solteras o por mujeres empoderadas que desprecian a sus maridos, está favoreciendo el desarrollo de unas relaciones edípicas y enfermizas entre madres e hijos, cuyo resultado está siendo una generación de individuos con personalidades enfermizas y psicopáticas. El caso del político español de moda, Pablo Iglesias, sería un ejemplo paradigmático en este sentido; aunque, probablemente, todos tengáis a más de un familiar o conocido que, debido a la sobreprotección materna o a un enfermizo amor edípico hacia su madre (consecuencia de lo primero), haya desarrollado un carácter parecido. La solución propuesta por el movimiento MGTOW, de arrebatar el control sobre la natalidad y el cuidado de los hijos a las madres (vientres de alquiler y otras propuestas relacionadas con la ingeniería genética), no es más que una huida hacia adelante para mantener vivo el actual sistema de dominación, y una nueva negación de nuestros instintos.

domingo, 12 de junio de 2016

Atentado de bandera falsa en Orlando: un empujoncito más en la carrera de Hillary Clinton hacia la presidencia de los Estados Unidos

Más allá de que lo ocurrido este domingo 12 de junio en una popular discoteca de ambiente gay en Orlando, Florida, haya sido un autoatentado con víctimas reales o se trate de un simple simulacro (hoax) interpretado por actores de crisis (como lo sucedido en París en la sala Bataclan), sin duda alguna, gracias al particular tratamiento informativo que le darán a este suceso en los próximos días (y probablemente meses) los medios de comunicación de masas, la candidata del Partido Demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, Hillary Clinton, saldrá enormemente reforzada de cara a las próximas elecciones estadounidenses.

Hillary Clinton no es sólo conocida por sus ardientes soflamas feministas, absolutamente misándricas, en las que, sin ningún rubor, achaca constantemente a la condición sexual masculina todos los males sufridos por la especie humana hasta la fecha; también, en los últimos años, ha manifestado todo su apoyo a las reivindicaciones del movimiento gay, muy al contrario que su rival del Partido Republicano, el multimillonario y excéntrico Donald Trump, quien, en repetidas ocasiones, ha expresado públicamente su oposición a las proclamas del movimiento homosexual. Por lo tanto, este atentado de bandera falsa [1], dirigido específicamente contra la comunidad gay, no sólo servirá para realzar la figura de Hillary ante los electores estadounidenses y la opinión pública internacional, sino que también servirá para perjudicar los intereses de Trump. Además, si tenemos en cuenta que el discurso de Trump sobre la inmigración bordea el odio racial, especialmente al referirse a los inmigrantes latinos, y que la mayor parte de las personas que frecuentaban este local (y por lo tanto, casi la totalidad de las supuestas víctimas del supuesto tiroteo) eran de origen latino, este suceso afectaría de una forma doblemente negativa a las aspiraciones de Trump.


Si alguien tenía alguna duda de que Hillary Clinton iba a convertirse "sí o sí" en la primera mujer que ocupase la presidencia de la mayor potencia militar que el mundo haya conocido jamás, y que nada podía ya revertir este proceso, lo acontecido este domingo en Orlando terminará por convencer a los más escépticos. Desde hace tiempo, se buscaba que una mujer ocupara la jefatura de la presidencia de los EEUU con el fin dar una nueva vuelta de tuerca a las políticas feministas de explotación del varón, basadas últimamente en una estrategia de humillación y avergonzamiento de la condición masculina muy parecida a la que utilizara en su día el Ku Klux Klan con la población de raza negra. Gracias a la llegada de esta ferviente militante feminista a la Casa Blanca, ese deseo se hará por fin realidad.

Lo cierto es que el plan diseñado por los cerebros de Washington para convertir a Hillary en presidenta estaba trazado con precisión milimétrica y no podía fallar: presentar como candidata a la mujer de un popular expresidente de los Estados Unidos (Bill Clinton); poner como rival a un payaso ególatra y presuntuoso (Donald Trump), despreciable para el ciudadano medio; y, como seguro de garantía, cometer (o escenificar) un atentado terrorista con la suficiente carga emocional y simbólica, que permitiera hacerla aparecer como un mártir ante los ojos de la opinión pública. Un suceso como el de Orlando es perfecto para conseguir este último objetivo, al ser cometido (en apariencia) por el enemigo por antonomasia de los Estados Unidos, el Islam, y al haberse convertido el Partido Demócrata desde hace tiempo en el abanderado del movimiento gay estadounidense. No hay que olvidar tampoco que el Partido Demócrata es mucho más partidario de una mayor restricción en torno al tema de las armas de fuego que el Republicano [2]. Si el supuesto terrorista, en lugar de armas de fuego, hubiera utilizado bombas o artefactos explosivos, los demócratas no habrían podido sacar el mismo beneficio de este asunto.

Como ya he comentado en algún artículo anterior, no creo que los votos de los electores sirvan ya para decidir algo, hoy en día los resultados están completamente amañados, el sistema actual no puede dejar lugar a la improvisación, hay muchos millones en juego; este tipo de operaciones psicológicas se desarrollan con el único objetivo de hacer más o menos creíbles ante el gran público los posteriores resultados que el stablishment decida hacer pasar por buenos.

El tiroteo de Orlando y las próximas manifestaciones en homenaje a los supuestos fallecidos, además de llevar a Hillary Clinton en volandas hacia la presidencia, servirá para cerrar en falso todo tipo de debates en torno a las próximas políticas feministas y homosexualistas [3], pues todo aquel que se atreva a cuestionarlas podrá ser presentado ante el gran público como un aliado del integrismo y un enemigo de la posmoderna civilización occidental, sin tener así la necesidad de presentar ningún tipo de argumentación racional para desmontar sus críticas; una práctica inquisitorial totalmente necesaria para la supervivencia de unas creencias acientíficas y pseudoreligiosas como son el feminismo y la ideología de género. Así mismo, servirá también para seguir justificando las aventuras guerristas de la OTAN en oriente medio durante unos cuantos meses más.

Es importante señalar lo revelado recientemente por la prestigiosa publicación digital Red Voltaire, según la cual, Hillary Clinton debería haber sido arrestada esta misma semana por los litigios legales que mantenía con el Departamento de Estado. Sólo un problema legal de estas características podía haber truncado el plan diseñado por Washington para convertir a Hillary en la primera presidenta del imperio yanqui, sin embargo, tras los recientes acontecimientos, seguramente todo acabará en agua de borrajas y, con la excusa de la Seguridad Nacional, se terminará corriendo un tupido velo en torno al tema. Los Clinton son especialistas en crear cortinas de humo, recordemos como el marido de Hillary, Bill Clinton, ordenó bombardear Irak con el fin de retrasar el impeachment en el que el senado tenía que decidir su destitución (el segundo que se realizaba en toda la historia de los Estados Unidos contra un presidente). Gracias a la popularidad que le proporcionó bombardear el país árabe pocos días antes de las navidades de 1998, Bill Clinton salió absuelto del impeachment.

Probablemente, lo sucedido en Orlando será utilizado también por otros países aliados como excusa para aumentar el grado de agresividad de sus políticas feministas o para justificar las ya existentes. Sin ir más lejos, Alberto Garzón, el encargado de liquidar la organización izquiesdista española IU, y ahora en la filas de PODEMOS, no ha tardado en hacer unas declaraciones en las que relaciona el tiroteo de Orlando con ese fantasmagórico ente del heteropatriarcado con el que el fascio-feminismo internacional viene justificando en los últimos tiempos sus políticas de acoso al hombre heterosexual.

Post Scríptum

Otra de las bazas a favor de Hillary Clinton es el rumor que se lleva escuchando, desde prácticamente principios de la campaña electoral, en relación a una posible comunidad de intereses entre Donald Trump y Vladímir Putin. Evidentemente, no hace falta ser un experto analista en geopolítica para suponer de qué modo puede afectar a Trump, de cara a las próximas elecciones, el hecho de que se le haya estado relacionando tan estrechamente con el mandatario de una potencia militar y económica rival emergente, hoy principal aspirante a desbancar a EEUU de su privilegiada posición de amo del mundo. El propio Trump, que no es más que un monigote en toda esta farsa, se ha dedicado a mantener una posición ambigua en torno al tema, alimentando con ello el mito de la cercanía entre el candidato republicano a la Casa Blanca y el antiguo director de la comunista KGB.

Recientemente, en Lituania, un famoso grafitero local pintó un enorme mural en el que Trump y Putin aparecen besándose. El mural, inspirado en la famosa fotografía del beso entre el líder soviético, Leonid Brezhnev, y su aliado de la República Democrática Alemana, Erich Honecker, ha sido portada de los más importantes periódicos digitales internacionales, los cuales no han dejado de repetir hasta el hartazgo que esta imagen ilustra a las mil maravillas la buena relación existente entre el americano y el ruso, recordando a sus millones de lectores que este beso era un saludo típico y fraternal entre los líderes socialistas durante la época de la Guerra Fría. Hasta hace no mucho, en EEUU, insinuaciones como esta eran suficiente para llevar a una persona ante los tribunales (independiente de que tuviera o no algún tipo de responsabilidad política) acusado como sospechoso, como mínimo, de delito de alta traición; por lo tanto, podéis haceros una pequeña idea del modo en que esto debe estar influyendo sobre la intención de voto del clásico republicano  anticomunista.

Post Scriptum II

El hecho de insinuar veladamente la posibilidad de que el supuesto terrorista fuera homosexual, forma parte de la misma campaña con la que se está tratando de demonizar a los hombres heterosexuales en los últimos tiempos. Para los perpetradores de todo este montaje, el varón, independientemente de su orientación sexual, debe ser siempre percibido como una amenaza potencial, debe ser siempre demonizado, de tal forma que, su mera condición de varón (ya sea heterosexual u homosexual), le haga sentirse culpable y, de este modo, pueda ser más fácilmente manipulado.

Lo que se busca también con todo esto de Orlando, es enfrentar a los varones heterosexuales y homosexuales entre sí con el fin de que les resulte más complicado, tanto a unos como a otros, percibir quién es su verdadero enemigo. Si Oscar Wilde viviera, podría explicarnos muchas cosas sobre la reina Victoria de Inglaterra que nos ayudarían a comprender un  poco mejor todo esto.

Notas:
[1] El hecho de que el Estado Islámico, organización creada y financiada por el Departamento de Defensa de los EEUU (como demuestran las pruebas aportadas por diferentes potencias internacionales como Rusia: Rusia acusa a EEUU y el Reino Unido de suministrar a Daesh los Toyota), haya reivindicado el tiroteo de Orlando, es la prueba más evidente de que se trata de un autoatentado o atentado de bandera falsa. Por no hablar de la absurda versión oficial del asesino solitario: un tirador que, sin experiencia previa, es capaz de acabar con la vida de 50 personas en apenas unos segundos; un guión repetido una y mil veces en todas las operaciones negras de la CIA.
[2] La masacre de Waco, Texas, en el año 1993, fue una de las primeras bazas jugadas por los demócratas, al frente de los cuales se encontraba en ese momento precisamente Bill Clinton, para justificar una mayor restricción en las leyes sobre posesión de armas de fuego. Conviene recordar que los norteamericanos consideran un derecho constitucional la posesión de armas de fuego, pues eso les daría una posibilidad de defenderse frente a un gobierno tiránico o una invasión extranjera.
[3] Estas políticas feministas y homosexualistas, al atacar con tanta vehemencia la masculinidad y la heterosexualidad, tienen como objetivo conseguir que los varones, fundamentalmente, crezcan acomplejados por sentir lo que sienten, convirtiéndoles así, desde su más tierna infancia, en sujetos timoratos y sumisos, fácilmente manipulables. Muchas personas creen que el fin de estas políticas es la reducción de la natalidad; podría ser, pero no creo que sea el objetivo principal; de hecho, el sistema lleva ya algún tiempo promocionando a través de deportistas, actores y otros personajes públicos, las más variadas formas de reproducción artificial de la especie humana: vientres de alquiler (para hombres) o la reproducción asistida (para mujeres).

martes, 31 de mayo de 2016

Las coñocracias, los huelebragas y el despotismo originado por la revolución sexual

"Merced a nuestra organización social, supremamente absurda, comparten el título y la posición del hombre. Esto excita encarnizadamente sus ambiciones. Su dominio y el tono impuesto por ellas corrompen a la sociedad." (A. Schopenhauer, Los dolores del mundo, La mujer)

"(...) porque lo que se dice de aquellas antiguas magas, que convertían los hombres en bestias, dicen los que más saben que no era otra cosa sino que ellas, con su mucha hermosura y con sus halagos, atraían los hombres de manera a que las quisiesen bien, y los sujetaban de suerte, sirviéndose dellos en todo cuanto querían, que parecían bestias." (Miguel de Cervantes, El coloquio de los perros)

Si algo nos enseña la historia es que toda revolución contra un determinado orden acaba invariablemente dando origen a un nuevo orden tan o más despótico que el anterior. Y es que toda revolución, en el fondo, no es más que una renovación del viejo sistema de dominación, y por lo tanto, una especie de involución social. La revolución sexual de los 60 no podía ser una excepción, y el feminismo misándrico que hoy sufrimos es la prueba más evidente de la transformación de aquella revolución en una nueva forma de despotismo.

Del mismo modo, el sujeto revolucionario acaba, invariablemente también, convirtiéndose en un fanático defensor del nuevo sistema originado por la revolución correspondiente; un sujeto que parece no tener ni voluntad ni ideas propias, y cuyo comportamiento se asemeja más al de un autómata que al de un ser humano de carne y hueso. El sujeto revolucionario, para tratar de conservar las conquistas alcanzadas (las cuales no dejan de ser sino vanas esperanzas, que nunca terminan por concretarse), justifica cualquier medio, cayendo así en una nueva forma de esclavitud tan o más opresiva que de la que trató de librarse [1].

En el caso de la revolución sexual, el sujeto revolucionario no habría tenido un destino diferente, deviniendo en un fiero defensor del orden social al que dio origen esta revolución: las "coñocracias". Por muy buenas intenciones que tenga toda revolución, el problema es que acaba creando legiones de fanáticos dispuestos a servir al ideal revolucionario hasta sus últimas consecuencias, aunque ello signifique perder hasta el último gramo de dignidad personal. La rastrera y servil actitud ante las mujeres del sujeto revolucionario al que dio origen la revolución sexual es un buen ejemplo de esto. Un sujeto revolucionario que se habría ganado, por méritos propios, el sobrenombre de "huelebragas".

Supuestamente, el objetivo principal de la revolución sexual fue el de la lucha contra la represión sexual; especialmente se buscaba la liberación sexual de la mujer. Se esperaba que ello iría en beneficio tanto de hombres como de mujeres. Pues bien, más de medio siglo después, la consecuencia de esta liberación ha sido únicamente el que las mujeres, con sólo chascar los dedos, puedan tener a legiones de hombres al olor de sus bragas, dispuestos a lo que sea, tal y como se puede apreciar cualquier sábado por la noche en cualquiera de los antros más concurridos de casi cualquier ciudad del planeta.

Hasta que no seamos capaces de comprender que hombres y mujeres no percibimos ni percibiremos jamás el sexo del mismo modo, el despotismo feminista seguirá aprovechándose de este desconocimiento para pisotear nuestras cabezas y nuestras pelotas con sus afilados tacones, exigiendo cada vez más y más privilegios.

Y ¿por qué hombres y mujeres no percibimos ni percibiremos jamás el sexo del mismo modo? Básicamente, un hombre sabe que, tras el coito, no corre ningún riesgo de quedarse embarazado, sin embargo, una mujer sí. Tras millones de años de evolución, las mujeres desarrollaron, como estrategia defensiva, una mayor capacidad de control sobre sus impulsos sexuales con el fin de evitar quedarse embarazadas de individuos que, tras aliviar su tensión sexual, pudieran dejarlas abandonadas a su suerte. Este mayor control sobre sus impulsos sexuales les sería de gran utilidad para chantajear al varón, gracias a una inteligente gestión del acceso a sus vaginas [2]. Por todo esto, la liberación sexual no liberó a las mujeres de absolutamente nada, pues no tenían nada de lo que liberarse [3]; la revolución sexual sólo sirvió para poner a los hombres de rodillas a los pies de las mujeres, o mejor dicho: para poner a los hombres de rodillas ante los coños de las mujeres, convirtiéndonos a todos en miserables "huelebragas" y en siervos de un sistema que se había ganado previamente el apoyo incondicional de las mujeres gracias a un puñado de absurdas promesas quiméricas [4].

Es decir, la falacia predicada por la revolución sexual de que, una vez lograda la liberación sexual, todo hombre podría tener tanto sexo como quisiera, con tantas mujeres como deseara (una idea que no deja de tener un curioso parecido con ese paraíso de cien vírgenes que los islamófobos dicen que Allah promete a todos sus mártires), sirvió, y sigue sirviendo, para poner a legiones de hombres al servicio del nuevo sistema. Se trata de un método muy útil, pues, como ya expliqué más arriba, una mujer jamás percibirá el sexo como lo percibe un hombre, por lo que la excusa de la lucha por la liberación sexual de la mujer se podría seguir esgrimiendo casi ad infinitum; un truco muy parecido al del jinete que pone una zanahoria colgada de un palo delante de su caballo, de tal forma que, tratando de alcanzar lo inalcanzable, éste no pare de correr. La revolución sexual, en lugar de una zanahoria, utilizó bragas y sujetadores, que se dedicó a agitar delante de los ojos de los hombres con el fin de motivarles y orientar así sus esfuerzos en la dirección deseada.

Notas:
[1] Wilfredo Pareto explicó muy bien esta paradoja a través de dos conceptos: "el instinto de las combinaciones" y "la persistencia de los conglomerados". Según Pareto, uno y otro estarían siempre detrás de la caída y el ascenso de las élites a lo largo de la historia.
[2] El conocimiento de esta faceta de la naturaleza femenina fue de gran utilidad a la iglesia para establecer una alianza con las mujeres que duró miles de años. Convertir al dios griego Pan, representación de la sexualidad masculina, en la imagen del demonio, fue sólo una de las muchas ayudas que la iglesia prestó a la causa de las mujeres. Hoy, el feminismo, igual que hizo la iglesia en el pasado, se dedica a satanizar la sexualidad masculina (y, por lo tanto, a reprimirla) para ganarse el apoyo de las mujeres.
[3] Schopenhauer explica del siguiente modo la distinta percepción que hombres y mujeres tienen respecto del sexo "Lo que también prueba que el amor es un instinto dirigido hacia la reproducción de la especie es que, por su misma naturaleza, el hombre es un ser inconstante, mientras que la mujer es más fiel. El hombre es polígamo. (...) Con comodidad el hombre puede engendrar cincuenta o cien hijos, si tiene a su disposición la cantidad de mujeres necesarias." (Schopenhauer, Los dolores del mundo, El querer)
[4] Unas quimeras imposibles de concretarse por ir en contra de la propia naturaleza femenina, y que, desde mi punto de vista, serían la verdadera causa de los trastornos psicológicos (neuróticos) que hoy sufren muchas mujeres. Sería algo así como una envidia fálica artificialmente inducida por el sistema con el fin de hacer que la mujer desee ser lo que nunca podrá ser. La mujer sólo llegará a ser feliz cuando realmente aspire a ser una mujer, y no un hombre sin pene; una aspiración imposible en la sociedad actual debido a la criminalización de la feminidad, abanderada paradógicamente por organizaciones que se dicen defensoras de la mujer.

martes, 10 de mayo de 2016

Una reflexión sobre el Poder y la inevitable decadencia de nuestra civilización a partir del moderno y muy mediático concepto de bullying escolar

"En ciertas ocasiones, la blandura es una auténtica fuente de graves problemas" (Mario Puzo, El Padrino, cap. 11)

Cada vez tengo más dudas de que el modo de actuar de las élites gobernantes obedezca, como sostienen algunos afamados analistas, a una especie de plan maestro muy antiguo, elaborado y diseñado con precisión milimétrica desde hace mucho tiempo. Por el contrario, creo que su forma de dominar a las masas se basa más en la improvisación que en otra cosa. Su mérito, básicamente, se reduciría a leer e interpretar adecuadamente los deseos de las masas en cada momento y, a partir de ahí, a aplicar una serie de estrategias de pastoreo humano que les permitiesen mantenerse en el Poder con un alto grado de apoyo popular.

La lectura de Wilhelm Reich me fue de gran ayuda para empezar a comprender este particular modus operandi de las élites. En su obra "El asesinato de Cristo", Reich dice: "Son los gobernados los que determinan las normas que les dan sus líderes, y nunca al revés. No hay nada en este mundo social nuestro, ni puede haber nada, que no esté primaria y básicamente determinado por el carácter y la conducta del pueblo" (cap. 6). Recordemos que, según la leyenda, el verdadero responsable de la muerte de Cristo fue el pueblo, que prefirió salvar a Barrabás antes que al Nazareno, Pilatos tan sólo se limitó a satisfacer al populacho. Algo muy similar le ocurrió a Sócrates, que sería ejecutado por aclamación popular. Es decir, los gobernantes ocupan la posición que ocupan, sencillamente, porque han sabido interpretar antes y mejor que nadie la verdadera voluntad del pueblo y complacerla con todos los medios a su alcance, lo cual es agradecido por las masas, de un modo semi-inconsciente, sometiéndose dócilmente a la autoridad de aquéllos.

Por otro lado, siempre me ha llamado la atención la permanente presencia de destacados miembros de la aristocracia y del ejército en los más diferentes círculos esotéricos: desde la Trinosofía de Saint Germain o la Teosofía de Madame Blavtsky, a la Iglesia de Satán de Anton La Vey [1]. Estas personalidades no acudían a estos lugares precisamente con el propósito de alcanzar un determinado grado de desarrollo personal o espiritual, sino para conseguir información que pudiera serles de una utilidad más mundana, en otras palabras: buscaban conocimiento que les permitiera dominar a grandes multitudes humanas con mayor facilidad.

Dichos círculos esotéricos estaban inspirados en ideas mayoritariamente orientales, principalmente, hinduistas, budistas y taoístas. Sin lugar a dudas, el principio del wu wei o dejar fluir fue una de las enseñanzas que más impactó a los aristócratas y militares asistentes. Es probable que esta idea influyera de algún modo en el surgimiento de la teoría del laissez faire capitalista a finales del siglo XVIII.

Según un proverbio oriental, en navegación, siempre es más efectivo dejarse llevar por el viento que remar. Básicamente, en esto consistiría la aplicación del wu wei a la gobernanza política: ganarse el favor de las multitudes cediendo a sus caprichos y halagando sus egos. Que los súbditos quieren más comodidades, pues se invaden y saquean otros países ricos en recursos energéticos y materias primas, pero para que éstos puedan dormir con la conciencia tranquila, se perpetran atentados terroristas (reales o simulados) contra la propia población y se acusa falsamente de los mismos a los países que se pretende invadir. Que las mujeres exigen más privilegios de los que ya tenían, pues se inventa el feminismo, se crea el mito de la opresión masculina (patriarcado) y se obliga a los hombres a que tengan que entregar a las mujeres una buena parte de los recursos que éstos producen con su esfuerzo, sudor y sangre; un trasvase de recursos que, para que no sea demasiado descarado, se camuflará bajo el pretexto de destinar una buena parte de los impuestos públicos a sufragar pagas a madres solteras y mujeres maltratadas (o supuestamente maltratadas), subvenciones para mujeres emprendedoras, nuevos puestos funcionariales exclusivos para ellas y otro tipo de medidas destinadas exclusivamente al bienestar femenino [2]. Que una generación de padres hedonistas y  pusilánimes cree que el colegio puede traumatizar a sus hijos, pues se le quita toda autoridad a los maestros, se rebajan los planes de estudio y, si surgen problemas conductuales, se inventa un concepto nuevo (bullying escolar) que sirva para enmascarar y ocultar la verdadera causa del problema (la brutal degradación social) y que, además, exima a los padres de cualquier tipo de responsabilidad.

Esta estrategia podría compararse a la técnica de utilizar parches para reparar un neumático. Evidentemente, no se puede estar parcheando un neumático toda la eternidad, pues, además de perder calidad, tarde o temprano terminará reventando.

Este posibilismo de las élites gobernantes puede ser de gran utilidad para mantenerse en el Poder circunstancialmente, pero, con toda probabilidad, se trata también de la causa de la progresiva decadencia y consecuente extinción de multitud de sociedades hasta nuestros días. Hace ya miles de siglos que nuestras pulsiones instintivas dejaron de desarrollarse en armonía con el orden natural del mundo, por lo que dejarlas fluir libremente, sin freno alguno, es el camino más seguro hacia nuestra autodestrucción, tanto personal como colectiva. Es importante comprender que a las élites gobernantes no les importa lo más mínimo el destino de la especie humana, lo único que les preocupa es conservar su posición privilegiada mientras vivan. Si esta forma de gobernar va degradando progresivamente a las masas, esto no es ni siquiera un problema a medio-largo plazo, pues tal degradación permitirá a las siguientes generaciones de mandatarios seguir gobernando mediante esta misma fórmula con mayor facilidad aún, al encontrarse éstos al frente de individuos que tienen más de bestias que de humanos, ansiosas por saciar sus pulsiones más zoológicas. Así, hasta que llegue el día en que las masas, debido a su brutal degradación, hayan dejado de tener alguna utilidad. De cualquier forma, tampoco esto es un problema, pues, cuando ello suceda, las nuevas élites, siguiendo el principio del wu wei, se habrán ido adaptando a la nueva situación, probablemente, mediante una progresiva y lenta sustitución de los grupos decadentes por otros más aptos; en el fondo, los propios siervos se lo habrán buscado; pudieron elegir, y eligieron ser unos mierdas.

En este contexto habría que situar la actual campaña contra el conocido como bullying o acoso escolar.

Pasando por alto el debate sobre la naturaleza atroz de una institución cuartelera y alienante como la escuela, cuya función social consiste básicamente en lavar el cerebro a los individuos desde su más tierna infancia hasta bien entrada la pubertad, ocasionando con ello una degradación prácticamente irreparable, analizaré el problema desde la inevitabilidad de esta monstruosa institución en nuestros tiempos, basándome para ello en mi propia experiencia vital.

Cuando yo iba al colegio, era uno de los muchos que, de vez en cuando, recibía alguna que otra colleja por parte de alguno de los dos o tres malotes que siempre había en todo curso escolar. En mi época en el colegio (años 80), la autoridad de estos malotes (y, en general, el comportamiento de cualquier niño) estaba limitada por la gran autoridad que, en aquel tiempo, tenían los maestros, la cual se cimentaba en la confianza que los padres de los alumnos depositaban en ellos. Así, estos malotes se cuidaban mucho de sus acciones, pues, de ser descubiertos por el maestro, podían meterse en serios problemas, no sólo por el castigo que éste pudiera infligirles, sino que, si tal castigo llegaba a oídos de sus padres, lo más probable es que éstos le propinasen un par de buenas bofetadas a mayores.

En cualquier caso, estos malotes siempre aprovechaban el menor resquicio para imponer su ley y marcar el territorio de tal modo que el maestro no pudiera enterarse. Curiosamente, este comportamiento se acentuó (casi un 500%) con la entrada de las chicas en el colegio a partir de 1° de BUP (lo que hoy sería 3° de la ESO). Unas chicas a las que nunca escuché denunciar o censurar esta actitud, más bien, todo lo contrario; no en vano, muchas veces, eran las primeras beneficiarias de este comportamiento gansteril: si un malote te robaba un cigarro, solía ser para fumárselo a medias con una de ellas. Me atrevería a decir que tan sólo un año antes de la entrada de las chicas, en 8° de EGB (hoy, 2° de la ESO), reinaba casi una total camaradería entre los compañeros.

La causa de que hoy sea completamente impensable la vuelta a la educación diferenciada obedece, precisamente, a esta estrategia de las élites de ser condescendientes con las masas (o, al menos, con las grandes mayorías). Siempre será mucho más sencillo ganarse a las masas diciéndoles que sus hijos son una especie de seres de luz, no sometidos a las mismas pulsiones instintivas que los animales irracionales, y que, por mucho que sus hijos estén rodeados constantemente por espécimenes del otro sexo, eso no influirá para nada en sus conductas, aún estando en plena pubertad. Más o menos, es como si se les estuviera diciendo algo así: "Sus hijos son seres angelicales". Por el mismo motivo, hoy tampoco es posible conceder una mayor autoridad a los maestros, pues eso sería como decirle a las masas que sus idolatradas criaturas pueden ser susceptibles de mal comportamiento [3], lo cual, además, podría ser interpretado por muchos como una forma de cuestionar su dedicación y sus cuidados paternos. Reducir la autoridad de los maestros, equivaldría a decirle a las masas algo así como: "Su trabajo como padres ha sido intachable. Son ustedes ejemplares".

Sin duda alguna, la pérdida de autoridad de los maestros y la incuestionabilidad de la educación mixta son algunas de las causas de que hoy nos encontremos con el problema que nos encontramos. Si a todo esto le sumamos el entorno social de absoluta degradación moral en el que nos movemos, consecuencia de la aceptación acrítica y sumisa de un sistema esclavista como el estatocapitalismo, el resultado no podía ser otro. La pregunta que la gente debería hacerse no es: "¿por qué sucede esto del bullying?", sino: "¿por qué no sucede más a menudo teniendo en cuenta que el principio rector de nuestra sociedad se basa en la explotación de nuestros semejantes?"

Resumiendo: el Poder nunca va a decir a los padres que hay que conceder más autoridad a los maestros o que hay que volver a la educación diferenciada, pues eso sería como insultarles, tal y cómo expliqué un poco más arriba. Por los mismos motivos, tampoco dirá a los padres que sus hijos deberían aprender a defenderse por sí mismos o tener un  poco más de aguante y afrontar con valentía lo que a otros nos tocó afrontar sin que nadie nos defendiera (lo cual no dejó de ser una útil experiencia iniciática para aprender a afrontar mejor la vida; esto nos enseñó a muchos a asociarnos con otros compañeros para hacer frente al peligro, lo cual, a su vez, sería la base de muchas grandes amistades de la infancia); en el fondo, decirles estas cosas también sería como insultarles, al hacerles comprender su inoperancia como padres y su infantil visión de la vida. Al Poder siempre le resultará mucho más rentable, y menos problemático, seguir la corriente y contentar a sus siervos (al menos, a los que más se quejan y más jaleo arman) tratando de solucionar el problema de tal modo que no hiera sus egos.

Igualmente, si un niño o un adolescente sufren trastornos psíquicos, o incluso llegan al extremo de suicidarse, siempre será más rentable para el sistema recurrir a la excusa del bullying que reconocer que el entorno familiar y social en el que le ha tocado vivir al niño era un entorno de mierda.

Quedaría por analizar la más que probable posibilidad de que este delirio buenista por eliminar el bullying de las aulas diera lugar, a su vez, a otra clase de bullying en forma de denuncias falsas; y si no, que aquel que, en el colegio, nunca fue acusado por otro compañero de algo que no había hecho, que tire la primera piedra. Acordaos de cuando alguien se tiraba un pedo en clase, si el profesor hubiera tenido que dictar sentencia en base a las acusaciones de los alumnos, tendría que haber condenado a media clase por una misma ventosidad.

Esta estrategia dirigida a satisfacer el ego de los siervos, adulándoles y eximiéndoles de toda responsabilidad social, unido al discurso alarmista y demagógico (neurótico) que se está utilizando para su difusión (muy similar al utilizado por el feminismo o por el más contemporáneo  animalismo), podría ser la causa de que el fenómeno conocido como bullying o acoso escolar esté teniendo tanto eco mediático. Tampoco hay que pasar por alto el interés de muchos en que todo esto tenga la suficiente repercusión social, debido a la gran oportunidad que supondría poder vivir a costa de suculentas subvenciones estatales, supuestamente, destinadas a atajar el problema [4].

Todo esto podría ser así o podría tratarse, simplemente, de una estrategia de Ingeniería Social perfectamente planificada con el fin de convertir a las próximas generaciones de hombres en individuos totalmente incapaces de afrontar por sí mismos los retos que les presente la vida, volviéndoles, desde muy temprana edad, seres absolutamente dependientes del Estado. Es posible, incluso, que pudiera tratarse de ambas cosas a la vez, pues en el actual mundo de las super-máquinas, las variables que éstas pueden manejar para garantizar la servidumbre de las  masas son ilimitadas. Un hombre al que, desde muy pequeño, se le obliga a renunciar a su virilidad para defenderse, no quedándole otra alternativa que recurrir al Estado, es un hombre completamente domado, con su masculinidad castrada y, por consiguiente, inofensivo para el sistema [5]. Y es que, en una época en que para la reproducción de la especie ya no es necesario el coito, el hecho de que los hombres estén castrados no constituiría realmente un problema.

¿Significa esto que los hombres y su masculinidad son prescindibles para el sistema? Ni mucho menos, somos absolutamente necesarios, especialmente para la producción industrial y para la guerra; de ahí que, con el fin de contrarrestar los bajos índices de masculinidad, y poder sobrevivir, el sistema tenga que fomentar la inmigración masiva, pero controlada, de hombres procedentes de África o de Latinoamérica hacia Europa y Estados Unidos respectivamente [6], al conservar éstos aún una buena parte de sus pulsiones masculinas.

Probablemente, esta bolsa de virilidad inmigrante termine también por quebrar debido a la globalización del feminismo, pero esto tampoco será un problema, las super-máquinas habrán previsto una solución para superar este contratiempo. A mí se me ocurren dos o tres, pero no pienso decir nada al respecto, ¡que inventen ellos!

De todos modos, como ya dije más arriba, el secreto del Poder reside en saber adaptarse a las circunstancias, en dejarse llevar por el viento y el oleaje en lugar de desgastar fuerzas remando. Luchar contra la estupidez del vulgo sería un auténtico suicidio para los poderosos, por eso prefieren cabalgarla.

Por último, considero muy significativo el que nuestra sociedad haya desarrollado la misma preocupación obsesiva y enfermiza por el confort y la seguridad de los niños y adolescentes que la que desarrollaron en su día tanto el nazismo como el estalinismo. Esto puede darnos una buena pista de hacia dónde nos dirigimos (o a dónde hemos llegado ya).

Y para terminar con un final feliz, os invito a disfrutar de unos minutos musicales.



Notas:
[1] El sucesor de Anton La Vey en la Iglesia de Satán, Michel A Aquino, fue jefe de la inteligencia militar norteamericana especializado en guerra psicológica.
[2] Fiedrich Nietzsche explicaba esta alianza entre las mujeres y las clases gobernantes del siguiente modo: "¡La mujer! Una de las dos mitades de la humanidad es débil, típicamente enferma, cambiante, inconstante -la mujer tiene necesidad de fuerza para sujetarse, así como de una religión de la debilidad, que transfigura en tanto que divino el hecho de ser débil, de amar, de ser humilde. O mejor todavía, ella debilita a los fuertes -domina, cuando consigue subyugarlos... La mujer siempre conspiró con los tipos de la decadencia, los sacerdotes, y concertada con ellos contra los poderosos, los fuertes, los hombres" (textos inéditos de F. Nietzsche recopilados por P. Klossowski). La película "Alguien voló sobre el nido del cuco", de Milos Forman (basada en la novela homónima de Ken Kesey), ilustra de forma magistral este impulso femenina de castrar y domar al varón.
[3] En este mismo sentido, devaluar el nivel de la enseñanza ha servido para contentar a unos siervos que estaban convencidos de que el fracaso de sus hijos era debido a unos planes de estudio inadecuados, y no a su incompetencia como padres o a la necedad de sus hijos.
[4] Si se consigue crear el suficiente alarmismo social en torno a este tema, el Estado tendrá una nueva excusa para aumentar las cargas impositivas a los contribuyentes; algo similar a lo que ya ocurrió con el tema de la conocida como violencia de género, gracias a lo cual, hoy viven de forma muy confortable millones de funcionarios en todo el planeta.
[5] Del mismo modo, conseguir que el varón someta su voluntad a los caprichos de mujeres, niños y de todas sus mascotas al mismo tiempo, es un método muy sutil de castrarle. Si un varón es capaz de tolerar eso, será capaz de tolerar cualquier cosa. Por otro lado, cada vez estoy más convencido de que la normativa que obliga a los dueños de los perros a recoger las cacas de sus mascotas, tiene más que ver con una estrategia de control social que con una medida de salud pública. No hace falta ser muy listo para prever los perniciosos efectos que el hábito de agacharse a recoger del suelo los excrementos de un perro, cada día durante varios años, puede acabar teniendo a la larga sobre la psique de un individuo.
[6] En el caso de la India, China o Rusia, este abastecimiento de masculinidad provendría de los países limítrofes.